Ecos del Evangelio

9 mayo, 2020 / Carmelitas
DOMINGO V DE PASCUA CICLO A 2020

 

 

Son muchos los que afirmaban hasta la llegada de la pandemia, que Dios no existía, o que Dios había muerto, y por tanto el final de la Iglesia. Parece que ahora, lo ponen en duda, aunque solo sea por agarrarse a algo o a alguien que les eche un cable en esta situación. Pero no nos engañemos, a esta afirmación de la negación de Dios ha contribuido también y en no poco un % de clero y cristianos con su forma de vivir la fe.

 

Quizás cristianos de nuestras propias familias, han abandonado la fe, convencidos de que con los niveles técnicos y de desarrollo de la sociedad no necesitan a Dios para nada. Pero- mira por donde- tanto desarrollo, ha quedado mudo y contra la pared, por un simple virus que solo se ve a través de microscopio y que nos ha encarcelado a todos.

 

¿Qué puede decirle Dios al hombre de hoy, lanzado a un progreso de tanta magnitud que parece arrasar con todo? No es lo que nos pueda decir, es que nos dice. Pero estamos sordos y ciegos .Hemos pasado de no tener tiempo para nada, a que nos sobre el tiempo. No estaría mal que utilizáramos un poco el cerebro y pensásemos a donde nos ha llevado tanto supuesto desarrollo y vida desenfrenada: a unos a la tumba, a otros hospitalizados, y a la gran mayoría a recluirnos, porque nunca habíamos visto la muerte tan cerca.

 

Es que parece mentira, que todavía,-nosotros que nos las damos de saberlo todo- no queramos reconocer, que eliminando la dimensión trascendental del hombre, la espiritualidad, vamos al desastre, y a la actualidad me remito.

 

Pero es que gran mayoría de cristianos, todavía no nos hemos enterado tampoco, que cristiano es el que sigue el camino de vida y verdad marcado por Jesús de Nazaret. No basta con aceptar una serie de dogmas, normas y ritos. Es decir cristiano es el que procura tener el estilo de vida de Cristo, así de simple y así de claro ¡Ay si muchos pusieran el mensaje de Cristo en sus vidas, cuantos desastres se evitarían!

 

Las posesiones, la ambición de poder, la técnica y el progreso… atraen los intereses de la mayoría de la humanidad. Y la conquista de puestos de influencia y prestigio, llevan a muchos a abrirse paso a base de codazos y de lo que sea menester. Y de pronto silencio sepulcral. Amigos, por favor, hemos de despertar, y dejar de separar la fe de la vida. Eso de la fe es la fe y el negocio es el negocio. Eso de la fe es la fe y el poder es el poder, es antievangélico y demuestra la catadura del cristiano que va por ese camino.

 

 

No tengáis dudas: las cosas cambian, cuando el hombre cuenta de verdad con Dios en su vida .Las cosas cambian, cuando el hombre busca a Dios, sin egoísmos, prescindiendo de puestos de prestigio y no defendiendo posesiones personales. Las cosas cambian, cuando el hombre acoge el mensaje de Cristo y entonces y solo entonces, va reescribiendo su historia de manera totalmente diferente .

 

 

En nuestro mundo siempre habrá un sitio para los buscadores de infinito y de plenitud, para los buscadores de Dios. Sus deseos es uno solo: alcanzar la dimensión del hombre verdadero, a través de la ofrenda de la propia vida al servicio de la fraternidad universal, tal como hizo el joven rabino de Galilea.

 

 

En gente así, no tienen sentido el aplauso y el éxito; la conquista de una posición de una fama…, porque están en este mundo, pero no son del mundo, porque viven otros valores, dejando en los corazones de los que los rodean, la nostalgia de una patria más verdadera, de una tierra más humana, de una plenitud de paz y de alegría, inconcebible para esta sociedad absolutamente desnortada.

 

 

Y la Iglesia también tiene que tomar buena nota de esta situación. La Iglesia no es más verdadera cuando amplía su esfera de influencia, conquista más privilegios, honores o bienes terrenos… Es todo lo contrario, mas falsa, y está traicionando a la que surgió del cenáculo. La Iglesia es lo que tiene que ser cuando busca a Dios y lo lleva a los demás a través del amor, sobre todo a los más necesitados.

 

Esta pandemia debe llevarnos a la sinceridad verdadera con nosotros mismos, para hacernos con lucidez y claridad, las preguntas más decisivas: ¿yo en qué creo? ¿Qué es lo que espero? ¿En quién apoyo mi existencia? Ir descubriendo por experiencia personal- más allá de teorías-, toda la fuerza, la luz, la alegría, la vida que podemos ir recibiendo de Cristo. Poder decir desde la propia experiencia que Jesús es nuestro «camino, verdad y vida».

 

 

En primer lugar, descubrirlo como Camino. Escuchar de Él la invitación a andar, a cambiar, avanzar siempre; a renovarnos constantemente; a sacudirnos de perezas y seguridades; crecer como personas maduras y no como peleles que cogen un camino u otro dependiendo del viento que sopla .A apoyarnos en definitiva en Cristo, para andar día a día el camino doloroso y al mismo tiempo gozoso, que va desde la incredulidad y lo puramente material hasta la fe.

 

En segundo lugar, encontrar en Cristo, la Verdad suprema.
Descubrir desde Él a Dios, que es el principio y fin de nuestra vida.
Descubrir que el hombre sólo es hombre en el amor, y desde el amor.
Descubrir que la única verdad es el amor. Y descubrirlo acercándonos al hombre concreto que sufre y es olvidado.

 

En tercer lugar, encontrar en Cristo, la Vida. Ser cristiano no es admirar a un líder, ni formular una confesión sobre Cristo. Es encontrarse con un Cristo vivo y capaz de hacernos vivir.

 

 

A Jesús siempre lo empequeñecemos y desfiguramos si no lo hacemos vida de nuestra vida. Sólo lo reconocemos al amar, al orar, al compartir, al ofrecer amistad, al perdonar, al crear fraternidad.

 

A Jesús no lo poseemos.

A Jesús lo encontramos cuando nos dejamos cambiar por Él, cuando nos atrevemos a amar como Él, cuando crecemos como hombres y hacemos crecer la humanidad.

 

 

En definitiva seguir a Jesús significa: Otro modo de caminar por la vida. Otro modo de ver y sentir la existencia. Otra dimensión más honda. Otra lucidez y otra generosidad. Otro horizonte y otra comprensión. Otra luz. Otra energía. Otro modo de ser. Otra libertad. Otra esperanza. Otro vivir y otro morir. Y para eso tenemos que colocar a Jesús en el lugar que se merece.

 

Si Cristo es el camino y la verdad y la vida, hoy nos pregunta:

¿Amas como yo?

¿Te entregas como yo?

¿Perdonas como yo?

¿Vas por los caminos que te indico yo?

 

 

Frente a las confusiones de las ideologías dominantes, Jesús, es el camino que aporta seguridad y confianza.

 

Frente a las falsedades maquilladas con la crema del modernismo, se alza la verdad de un Jesús, sustentada en Dios y no, como la del mundo, en los intereses de unos contra de otros.

 

Frente a la muerte-, a veces pregonada como avance (el aborto, la eutanasia o muerte asistida), Cristo nos recuerda que su proyecto es un plan de vida y que nadie, excepto el Padre, puede considerarse dueño de la vida de los demás.

 

 

Para testimoniar a Cristo, primero hay que sentirlo (como María en sus entrañas), reconocerlo (como los de Emaús) e imitarlo (como los apóstoles) desde el convencimiento y no como si fuera un simple disfraz semanal.

 

El mayor peligro y contradicción de muchos católicos es el haber hecho de Jesús no el camino, sino un atajo por el que se cuelan, cuando quieren recibir simplemente unos sacramentos; cuando lo entienden como un fetiche (antes algún problema que tienen) y, por lo tanto, su mensaje lo aceptan o lo dejan de lado según sus intereses.

 

 

El mundo, la sociedad tiene que cambiar el chip. Pero el cristianismo también, porque hay que desprenderse de dos virus que también anidan en la Iglesia: la cobardía y la instalación en la rutina .No podemos acobardarnos frente aquellos que se instauran como nuevas verdades, como ingeniosos caminos o como “interesadas” maneras de entender o de comprender la vida: «vales en cuanto tienes» No podemos instalarnos en una fe burguesa y en unos enunciados y ritos, Cristo nos pide un estilo de vida.

 

Jesucristo es la respuesta para esta sociedad, no solo en la situación que vivimos. Se trata de trasmitir el evangelio, pero viviéndolo, porque es la única manera de trasmitirlo. Esa es nuestra misión, transmitir esa noticia a todos los hombres -lejanos y cercanos. En la medida en que nuestra propia vida manifieste que en Jesucristo hemos encontrado realmente la solución de nuestras preguntas y un sentido nuevo y gozoso para nuestra existencia, solo en esa medida seremos cristianos.

 

¿Nos pondremos manos a la obra? De verdad creo, que ya es hora, ya se ha perdido demasiado tiempo. No esperemos con el ¡ay en el cuerpo!, otra situación como la que vivimos. Decidirse a vivir una vida según el evangelio, es el antiviral mas efectivo para cualquier pandemia, ¡Y eso, va a Misa!

 

 

Volver
Carmelitas de San José

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies