Ecos del Evangelio

30 abril, 2021 / Carmelitas
DOMINGO V DE PASCUA CICLO B 2021

COMO EL SARMIENTO A LA VID

 

 

El domingo pasado se nos presentaba el mismo Cristo como el Buen Pastor.

 

El domingo que viene nos anunciará su testamento de amor y de alegría.

 

Hoy, es la hermosa metáfora de la vid y los sarmientos la que nos ayuda a entender toda la intención de la Pascua. «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí no podéis hacer nada». ¿Tan difícil es de entender esta autodefinición de Cristo? ¿Que vida cristiana es, la que se aparta de lo esencial que instituyó Cristo para estar siempre unidos a nosotros y nosotros a Él, y que es la Eucaristía?

 

La comparación de Cristo como Buen Pastor, como Vid, es para decirnos, lo que quizá no se quiere entender. ¿Qué es una fe sin Dios? ¿Y una fe sin alimentarse por lo menos con la Eucaristía dominical? ¿Y una fe descafeinada, oportunista y ocasional? Quien va por ese camino, sin contacto con Cristo, es imposible que persevere, que siga adelante, que crezca como cristiano y como persona y por supuesto que de testimonio creíble. Entonces la fe, la vida cristiana es puro humo. ¿Por que creéis que Cristo explica por activa y por pasiva a través de parábolas su mensaje? ¿Por qué insiste tanto y del mil maneras? ¿Debe ser algo esencial, no? ¡Pues claro, porque sin Él, nada de nada! ¡No quiere que nos perdamos!

 

Si nos soltamos de su persona. Si lo relegamos, nuestros frutos, además de tendenciosos y fatuos, serán diminutos, irrisorios o incluso también oportunistas y sectarios. Es imposible permanecer como testigos de Cristo, sin nuestra unión con Él. Es- por poner un ejemplo- como pretender tener una línea telefónica en casa, sin estar unidos a una red. Haremos como que hablamos…pero no estaremos hablando con nadie: no hay línea.

 

¿De qué sirve un cántaro si no entra en contacto con el agua?

¿De qué sirve una lámpara si no se enciende?

¿De qué nos sirve la vida cristiana si, nos desvinculamos de ella bajo cualquier pretexto y del que nos llamó a la fe: Cristo? Pues de adorno.

 

 

Por ello mismo, al releer el evangelio de este domingo de Pascua, deberíamos darnos cuenta, de que muchas de las alteraciones que se dan en nuestras personas y en nuestra sociedad, son consecuencia de querer ser sarmientos sin vid; agua sin fuente; vida sin más límites que los que uno se marca.

Toda casa necesita de unos cimientos.

Toda fe necesita estar fundamentada.

Toda persona requiere de unos principios y valores irrenunciables para entender la vida y para defender la de los demás. Jesús, en ese sentido, nos advierte de que una existencia sin Dios. Una vida que camina por atajos, está abocada al fracaso, a la sequedad, a la esterilidad, a la falta de ilusión o apatía.

¡Cuánta escasez de optimismo en nuestro mundo!

¡Cuánto déficit de esperanza en nuestro vivir!

¡Cuántas vidas ramplonas, vulgares y chabacanas cuando se arrincona a la Vid, que es Cristo!

Y todo lo anterior es el resultado de reducir la fe a un puro sentimentalismo.

 

 

No será, desde luego, por falta de voluntad del labrador (Dios) que espera pacientemente a que demos fruto.

Nos hizo sus hijos por el Bautismo.

Nos da frecuentemente el pan de la Eucaristía.

Nos perdona en la Penitencia.

Nos anima por la Unción de Enfermos.

Nos guía con su Palabra… Pero todo eso parece-que para muchos- es como predicar en el desierto. ¿Qué más puede hacer?

 

Los creyentes hemos de volver a recordar que la fe es «fuente de vida». Creer no es afirmar que debe existir ALGO último en alguna parte. Creer es descubrir a ALGUIEN que nos «hace vivir» superando nuestra impotencia, nuestros errores y nuestro pecado.

 

Una de las mayores tragedias de muchos cristianos es la de «practicar la religión» sin ningún contacto con Cristo. Y sin embargo, uno empieza a descubrir la verdad de la fe cristiana, cuando acierta a vivir en contacto personal con el Resucitado. Sólo entonces, se descubre que Dios no es una amenaza o un desconocido, Sólo entonces, se descubre que la fe no es sentimentalismo sino un estilo de vida. Sólo entonces, se descubre que Alguien vivo, Cristo, pone nueva fuerza y nueva alegría en nuestras vidas. Sólo entonces, se descubre que la fe no es ninguna devoción, ni siquiera una obligación, sino un deber.

 

Lo explicaré de otra manera: Desde Cristo, la existencia de la nueva humanidad, ya no depende de instituciones. En todo caso la institución eclesial, está al servicio de Cristo.

 

 

Jesús no vino a sustituir una religión por otra, unas leyes por otras, una prácticas por otras, la sinagoga por las iglesias…

Jesús vino a cambiar el hombre viejo, legalista, ritualista; ese hombre que busca agradar a Dios con exterioridades (sacrificios y ritos…); ese hombre egoísta; ese hombre distante de Dios.

Jesús ha venido a transformarnos en personas nuevas, personas de amor, de compromiso, de solidaridad, hijos de Dios y hermanos de los hombres.

 

Resumiendo y para que todo el mundo lo tenga claro: Lo que ha de hacer un cristiano, no es sólo bautizarse, ir a misa, rezar y casarse por la Iglesia. Todo eso ha de hacerlo para expresar su fe, para celebrar la fe (y penoso y triste si prescinde de ello). Pero no es sólo eso lo que ha de hacer.

 

Por ser creyente, se espera además, que traduzca su fe en buenas obras. Es imprescindible que proclame su fe ante el mundo. La fe es algo más que palabrería o ensoñaciones utópicas. La fe consiste en dejarse trasfigurar por Cristo y colaborar con Él para trasformar la sociedad. Lo estamos viendo en este tiempo de Pascua en el libro de los Hechos de los apóstoles, no es que lo diga yo. Por tanto…

No se trata, de tener el titulo o el diploma de buena conducta, sino de comprometerse en la vida y de por vida con Cristo.

No se trata, de tomarse la fe como un privilegio o un pasatiempo, sino como una tarea.

No se trata, solo de ir diciendo que se es cristiano, sino de demostrarlo.

No se trata, solo de palabras, gestos y símbolos, sino de obras.

 

 

Lo que se espera, en definitiva de un cristiano, es que sea sarmiento.

 

Sarmiento con savia, para sentir que pertenece al Señor.
Sarmiento con cuerpo, para dar abundancia de fruto.
Sarmiento fuerte, para que pueda resistir los vientos del combate.
Sarmiento limpio, para que todo lo que haga sea digno de Cristo.
Sarmiento sencillo, para que no pretenda lo que no pueda dar.
Sarmiento unido a la vid, para que no muera en la soledad.
Sarmiento en comunicación con la vid, a través de la oración, para saber cual es la dirección adecuada.
Sarmiento con fe y esperanza, para no impacientarse en los periodos de sequía.
Sarmiento flexible, para que el Espíritu lo moldee.
Sarmiento firme, para que los caprichos no lo arranquen de la vid.
Sarmiento recio, para que pueda sostener los racimos de amor.
Sarmiento alegre, para que pueda transformar la tristeza en alegría.

 

 

Ayúdame, Señor,

 

 

A permanecer unido a Ti: TU ERES LA VIDA.

A pensar unido a Ti: TU ERES EL PENSAMIENTO.

A caminar unido a Ti: TU ERES EL CAMINO.

A trabajar unido a Ti: TU ERES EL FUTURO.

A amar unido a Ti: TU ERES EL AMOR.

 

 

A mirar hacia el cielo, pero sin descuidar a mis hermanos: PORQUE TU ERES LA ETERNIDAD EN LA TIERRA.

 

Sin Ti, nada, Señor…. ¿Lo querremos entender?

 

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