Ecos del Evangelio

9 febrero, 2019 / Carmelitas
DOMINGO V T.O. CICLO C 2019

 

Lo que significa seguir a Jesús

 

¿Por qué les cuesta a no pocos cristianos demostrar con claridad que son cristianos según en qué ambientes? Pues porque en su interior todo anda revuelto: lo mundano, lo cristiano, la religión entendida como solo cumplimiento, costumbre, sumisión, ideología, tradición y se han olvidado del compromiso, del testimonio de la justicia, la verdad, etc.

 

Lo único que confirma la fe que uno dice tener es la coherencia y las obras. En definitiva, hay mucha gente que no tienen a Cristo como guía de sus vida, sino solo como una muleta a la que acuden cuando algo necesitan, pero al que dejan relegado y ni se acuerdan de Él cuando las cosas les van bien.

 

El evangelio de hoy nos da tres rasgos certeros de lo que es seguir a Jesús. ¿Nos dejamos enseñar por esta catequesis evangélica de hoy? ¿Estamos dispuestos a enfrentarnos con este test y revisar nuestra vida cristiana, rectificando lo que sea necesario?

 

-El primer rasgo: es que el discípulo, es la persona que ha puesto una confianza absoluta en Jesús, es alguien que se ha fiado plenamente de su mensaje. Quien lo ha encontrado, lo sigue y sin reticencias, reflexiona sobre su modo de ser y obrar, confronta las palabras de Jesús y su vida, poniéndose a hacer lo mismo que Cristo y como Cristo. Y es cuando el discípulo comienza a verificar que sí, que el hombre de Nazaret dice una Verdad que es digna de crédito y vale la pena seguirlo.

 

Pero entonces se produce una paradoja, algo que contradice el buen sentido común, lo que las más elementales leyes de la prudencia pueden indicar. ¿A quién, con sentido común, se le puede ocurrir decirle a un pescador, que sabe bien su oficio y que conoce bien las horas y el lugar de la pesca, que lance las redes en pleno mediodía? ¿Pero dónde estamos? Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada… -¿de veras nos pides esto?, ¿no sabes que desde la orilla, los pescadores expertos, se van a partir de risa con nuestra loca temeridad…?-, “pero ya que lo dices Tú, echaré las redes”

 

-Segundo rasgo: cuando a Jesús le dejamos entrar en nuestra vida nos pone necesariamente en crisis -Esa entrada de Jesús en nuestro propio terreno, allá donde nos creíamos competentes y seguros -esa vida, nuestra buena vida, esa barca en la que vivimos: nuestro oficio, nuestro amor, nuestros amigos y nuestros dineros, nuestro partido y nuestra ideología, nuestros sueños de salud, éxito, reconocimiento social, etc. Todo eso, si queremos ser verdaderos seguidores de Cristo, lo tenemos que revisar a la luz del evangelio.

 

Como Pedro, estamos hechos para nuestro mar familiar y para nuestros aparejos bien dominados y Él viene a sacarnos de ellos. Viene a criticarlos con su verdad definitiva y comenzamos a darnos cuenta de que sabemos poco, muy poco de aquello en que nos considerábamos expertos. Y nos damos cuenta de que… la ideología que nos domina vemos que no es compatible con el mensaje que nos trae Cristo, por mucho que queramos compatibilizarla. Y nos damos cuenta de que el cariño al propio terruño y país nos hace egoístas y descubrimos que para salvarnos a nosotros negamos la vida a los demás que no piensan como nosotros. Y nos damos cuenta de que lo que llamamos progreso y libertad está acompañado de una oculta carcoma: “el yo y el nosotros” excluyen y enfrentan al “tú y al vosotros”, porque “no sois de los nuestros”. Y nos damos cuenta de que el sentimiento de bienestar que nace del cumplimiento generoso de unas leyes y de dar alguna limosna, no pueden ocultar la más candente verdad de que el acaparar y acumular es injusto y, a última hora, es acumular sangre y sudor de otros…

 

Sí, con Jesús se rompen nuestras redes y nuestra sólida barca de razonamientos y justificaciones. Cuando bajo ese sol implacable de Cristo todo se nos cae, como a Pedro, el discípulo exclama entonces desde su yo más profundo: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.”

 

– Tercer Rasgo: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres”. En esa frase está el tercer criterio: ir a los demás, salir a su encuentro, llevarles algo de ese descubrimiento personal, sacarlos con nuestra propia vida de sus limitados horizontes, ampliar su esperanza y acompañarlos para que ellos también descubran a Cristo.

 

Una vez descritos los tres rasgos del discípulo, vayamos a las conclusiones que nos describe el evangelio.

A pesar de los contrastes de su personalidad, Pedro se va adentrando en el conocimiento de Jesús, va creciendo en la experiencia de su persona.

 

Encontramos en él todos los aspectos de la fe. Para Pedro, creer es fiarse, es amar, es comprometerse.

 

Pedro no llega a la fe de repente. El camino que lleva a la fe no es único, y cada uno tenemos que seguir el nuestro. Pero el ejemplo del pescador galileo puede darnos confianza, porque está a nuestro alcance. Es un hombre como nosotros: con dudas, miedos, tentaciones. Su temperamento le era con frecuencia motivo de tropiezos, pero su nobleza y buena voluntad le permitieron seguir adelante.

 

Es posible crecer en la fe; es un don que se nos ofrece a todos. Lo que no podemos hacer es poner condiciones. Nosotros hemos de aportar el querer, el pedir y el procurar vivir fiándonos totalmente de Jesús.

 

Aunque hablemos de la fe y del camino que conduce a ella, la fe, como el amor, no se puede explicar. La fe se “demuestra” celebrándola y viviéndola a nivel personal y comunitario. La fe es totalizante: abarca todos los aspectos de la vida. No es una dimensión más de mi vida, de la que me sirvo cuando me apetece o quiero adornar un evento familiar o social. No es una añadido más, como lo son las diversiones, los compromisos, o los negocios. ¡Se equivocan de pleno, quienes así la entienden y la viven! Pedro y sus compañeros fueron conscientes de ello: “Dejándolo todo, lo siguieron”.

 

No es posible que la fe vaya junto a la búsqueda de seguridades. La fe es una realidad fundamental, que exige pobreza y desprendimiento y compromiso. Si se es cristiano sin privarse de nada, y sin comprometerse con el evangelio, o se anda equivocado o no se es cristiano por muy bautizado que se esté. Lo siento pero no es que lo diga yo, lo dice la Palabra de Dios.

 

Al final, es Pedro desde su libertad el que decide lo que debe hacer. Lo mismo que cada uno debe decidirlo. Pedro es un ejemplo de gran actualidad: la fe, hoy más que nunca, implica la opción personal. Nadie puede decidir por otro. La herencia familiar o ambiental no basta, y el ambiente social, a lo que nos invita, es a no creer. No está de moda creer .En la fe uno se encuentra solo ante Dios y ante sí mismo y tiene que decidirse, espero que quede claro. La experiencia de Pedro es la experiencia de cada cristiano. Hay que decir un sí o un no, no vale un sí pero no, o no pero sí.

 

Es cristiano el que vive lo que transmite, el que da testimonio de la verdad de Jesús de Nazaret ante los demás. El que continúa, con su vida y sus palabras, la realización del Reino iniciada por Jesús y que no ha llegado a su plenitud.

 

La Iglesia debe ser continuadora de Jesús. Y, como Él, ir siempre al núcleo de los problemas de los hombres, pase lo que pase.

 

Jesús fundamenta toda su tarea en el amor, porque sabe que el amor no es un capricho personal, sino lo más esencial de la vida de todo hombre. Y hace que el hombre desde el amor vaya encontrando soluciones a su vida, vaya resolviendo sus problemas.

 

Dios no nos da todo hecho. Jesús hace echar las redes a los apóstoles y a nosotros. Este es el estilo del Mesías en quien debemos tener puesta nuestra esperanza. Nos ha llamado a vivir en la libertad que se fundamenta en la verdad. Porque sin verdad no existe ni persona, ni sociedad libre, sino auténticas dictaduras, aunque se revistan de mucha propaganda y pan carteo sobre la verdad.

 

Nuestra misión consiste en ayudar a todo hombre -cuerpo y espíritu- y a todos los hombres a salir del mar de cualquier mal que trata de ahogarnos a todos; y colaborar en todo lo que sea comunicar vida abundante, la vida que es Dios.

 

No podemos callar ni evadirnos si es que seguimos a Jesús. Si le seguimos hay que optar por estar al servicio de los hombres. Eso es continuar la misión de Jesús. Por eso, los cristianos, si seguimos a Jesús de verdad, seremos motivo de contradicción y piedra de tropiezo para los hombres, incluso para muchos cristianos y puede ser que para los propios familiares.

 

Hay pues que decidirse y dejarse de excusas y justificaciones. El evangelio no es un conjunto de palabras piadosas para tranquilizar la conciencia, sino un proyecto de amor que Dios, en Cristo puso en marcha y que debemos continuar si es que de verdad se es creyente.

 

En definitiva, con Cristo no se puede nadar y guardar la ropa.

 

 

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