Ecos del Evangelio

16 mayo, 2020 / Carmelitas
DOMINGO VI DE PASCUA CICLO A

SI ME AMÁIS, GUARDARÉIS MIS MANDAMIENTOS

(Jn 14, 15-21)

 

 

En el Evangelio de este sexto domingo de Pascua, Jesús es claro, nos da libertad y nos dice: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos». Amor, una palabra que lo encierra todo. ¿Qué hago cuando amo? ¿Cómo es mi comportamiento, mi manera de ver y hacer las cosas? un hacer porque toca, porque se ha de cumplir o un hacer poniendo el alma y corazón con el único deseo de agradarle a Dios. Recordemos que no hay amor sin humildad y que la santidad es cuestión de amor.

 

¿Cómo permaneceremos fieles a este llamado del amor ante algunas situaciones difíciles? Es increíble cómo a veces cargamos y cargamos olvidándonos de la compañía que tenemos o buscamos defendernos cuando tenemos El Espíritu de la verdad, Él permanece con nosotros y en nosotros está, si obramos con rectitud no hay porque temer. Aunque a veces no entendamos nada o nos sintamos abandonados; siempre estamos acompañados, acompañadas y como el Espíritu permanece con nosotros, si queremos cumpliremos con amor. La verdadera discípula o discípulo es aquel que en medio de las tempestades, fuertes lluvias, se sacude su ropa y sigue caminando en fe, meditando en el corazón la Buena Nueva de Jesús: «No los dejó huérfanos: volveré a vosotros», si lo vemos a Él, viviremos con Él.

 

«Quién recibe y cumple mis mandamientos, ese sí que me ama». «Hermanos y hermanas, Él Señor ve nuestro esfuerzo y no sólo eso, cuenta con nosotros aun sabiendo de nuestras fragilidades. Recordemos, echemos un vistazo en su testimonio, en aquellos con quienes Él anduvo y por los que ninguno daba nada, eran señalados, rechazados y hoy son grandes porque amaron, se dejaron tocar por su amor, si Pedro, si María Magdalena, si Mateo y todos los Santos dieron su SI de un amor hasta el extremo, tú también puedes hacerlo.

 

«El que me ame será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él». Santa Teresita nos decía: «El amor todo lo puede: Las cosas más imposibles no le parecen difíciles. Jesús no mira tanto la grandeza de las obras, ni siquiera su dificultad, sino el amor con que tales obras se hacen».

 

Que Jesús rico en Amor nos siga enseñando a amar, a permanecer en su amor y en el corazón del Padre, sirviendo cada día a las personas que Él nos ha dado, donde quiera que estemos y en la vocación y misión que realicemos. Glorifiquemos al Señor con nuestra vida en humildad, obediencia y amor.

 

 

Hna. Micaela Villa Vargas, CSJ.

 

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