Ecos del Evangelio

8 mayo, 2021 / Carmelitas
DOMINGO VI DE PASCUA CICLO B 2021

EL AMOR SE HA HECHO VISIBLE…

 

 

Sí, de amor se trata, pero no de cualquier amor, sino del que es capaz, hasta de dar la vida por los otros. Sí, ese es el amor que Cristo nos enseñó con su vida y el que nos pide. Si, y sus seguidores, debemos entender la vida y a las personas, desde el amor de Cristo.

 

Pero como ese amor que nos pide, cuesta y es difícil, pues muchos han acudido a las rebajas-es más- a la degradación del amor. Y entonces han surgido (¡cómo no!) una amplia gama de sucedáneos del amor: amor de consumo, amor profesional, amor por ordenador, píldoras del amor, amor de eslogan, amor de usar y tirar, amor «pret-a-porter», amor de equipo, amor de camaradas, amor como hobby, amor telefónico…, amor “liviano”.

 

Es decir, sucedáneos de amor, que no crean problemas, que no implican compromisos serios o duraderos. Pero esos sucedáneos, lo que reportan son: comodidades, apariencias, evasiones y distracciones; por eso, se pueden eliminar al primer conflicto o a la primera dificultad. Todos esos «amores», a la hora de la verdad, son perfectamente inútiles, no llenan, no satisfacen, sino que engañan… Y entonces empieza un nuevo camino: pérdida del sentido de la vida, amargura, depresión, desesperación, incapacidad para buscar un nuevo horizonte…, y vienen detrás las adicciones y hasta quizá la delincuencia y el suicidio.

 

Y es que el amor, amor, no es caro ni barato, es amor, y ese es el que nos enseñó con su vida y nos mandó, Jesús de Nazaret. Cualquier amor, que no sea reflejo del amor de Cristo, no hace feliz a la persona, lo siento. No estoy aquí para daros gato por liebre, sino para decirnos, que el que no sigue de verdad, y tiene por guía a Jesús de Nazaret, se está privando de lo más sublime en cualquier campo de la vida.

 

Jesús propone un ideal de amor, exigente, pero no imposible: «amaos unos a otros como yo os he amado». Ahí está la novedad, una novedad que nos pone en la pista del único amor que merece el nombre de AMOR. El amor que Cristo nos propone, es el único que da sentido a nuestras vidas.

 

El cristiano, si quiere ser cristiano, no tiene otra posibilidad de amor, que el AMOR de Jesús. No puede amar de otra manera que como amó y ama Jesús.

 

Por otra parte, amar así es el único aval, la única garantía que los discípulos tienen para saber si son discípulos de Jesús. La señal del cristiano no es la cruz, sino lo que significa la cruz: el amor . Quede claro, que ya puedo llevar una cruz muy bonita colgada en mi cuello, pero si ese signo no se traduce en amor, amor. ¿En que se queda? En adorno. Pues es muy serio el AMOR de Cristo, para que se quede en adorno.

 

La última voluntad de Cristo, el único mandato que deja a los suyos en la cena de despedida, es que se amasen, y que lo hicieran así, como Él los amó. No les pide otra cosa, no les da otra consigna, ni otra señal de identificación que ésa: amarse como Él ama: sirviendo y dando la vida por amor. La última voluntad de Cristo, es más urgente que nunca; hoy se necesitan más que nunca hombres y mujeres dispuestos a pasar de sucedáneos y amuletos y a cumplir con ese mandato de amar como Él nos amó. Porque la sociedad sufre un eclipse de Dios, es decir, un eclipse del único Amor que le haría feliz.

 

Hoy, nuestro mundo está urgentemente necesitado de más y más testigos veraces del amor. Testigos que sean reflejo del amor de Dios. Mensajeros y reveladores de ese amor. A nosotros, a la Comunidad de seguidores de Jesús, a la Iglesia, se nos ha encomendado especialmente la tarea de testimoniar, con la vida, ese amor. ¿Qué hemos hecho de nuestra misión?

 

Tengamos claro que, el amor que Jesús nos encomienda no es una simple corriente de simpatía. No se trata sólo de mirar a todo el mundo con una sonrisa en la boca o prodigando buenas palabras a diestro y siniestro. No se trata de la caridad, con minúscula y caricaturesca, (la lástima), a que frecuentemente muchos reducen el mandamiento de Jesús. No se trata tampoco ir por el mundo con cara de resignados y reprimidos, como si no hubiéramos roto nunca un plato y con una voz que no nos salga del cuerpo.

 

Lo que Jesús nos propone -y nunca está de más volverlo a repetir- es que nos amemos los unos a los otros como Él nos ha amado. Y Él, nos ha amado hasta dar la vida. ¡Casi nada! ¿Por qué entonces tantos ríos de tinta sobre el amor, para quedarse después, en un amor de teoría y de sólo instinto?

 

Hay que volver al auténtico estilo del Evangelio, a su mensaje, y no hay otro camino verdadero. Quien quiera entenderlo lo entiende, porque es muy claro .El cristianismo sólo de ritos, normas, vanagloria y boato no van a ninguna parte. Eso de seguir mirando a Egipto con añoranza, se acabó gracias a Dios, aunque algunos se empeñen en desempolvarlo.

 

Donde hay que mirar es al Cenáculo: «amaos unos a otros como yo os he amado, en esto conocerán que sois mis discípulos: en que os amáis unos a otros». De allí surgió el verdadero cristianismo y después ha venido el concilio Vat II; y todavía no pocos no se han enterado. Yo creo que mejor es decir que no se quieren enterar. El problema no es sentirnos satisfechos porque nuestros comportamientos resulten reglamentarios, sino preguntarnos si están en la línea del amor de Cristo. El hijo mayor de la parábola del Hijos pródigo, era muy cumplidor, pero no tenia ni idea de amar. Y cuando se ama, todos los mandamientos están cumplidos.

 

El amor de Dios es un amor sin motivo. No nos ama por algún motivo concreto. El nos ama porque su naturaleza es amar, y basta. Dios ama porque es amor. Y no sabe hace ni puede hacer otra cosa, por eso amar sin pedir nada a cambio. Si, el amor verdadero, es así: gratuito y gratificante, sorprendente e imprevisible, espontáneo, constante y entregado. Lo otro, es rutina, cálculo, negocio, no es amor, sino un sucedáneo inoperante y que a nadie satisface, aunque se quiera aparentar lo contrario.

 

Se trata de dejarse transformar el corazón de piedra, por un corazón de carne, pero carne transfigurada por Cristo. Y entonces…

 

*Date cuenta, de que la energía creadora que hay en tu corazón, es capaz de renovar la vida y amar sin medida.

*Date cuenta, de que eres dichoso en la medida en que quieras serlo: basta sonreír, compartir, vivir amando.

*Date cuenta, de que el amor que Cristo te propone no se cansa nunca de amar.

*Date cuenta, que mañana será mejor, si te dedicas a poner en práctica el amor de Cristo a tu alrededor.

*Date cuenta, de que no puedes encerrar el amor en una poesía.

*Date cuenta, de que el amor no se puede servir en pequeñas dosis.

*Date cuenta de que el amor no está para ofrecerlo a según quién y cómo.

*Date cuenta, de que por el amor debemos ver en los demás el rostro de Cristo.

*Date cuenta, de que por el amor debemos volcarnos a los demás aunque recibamos abrojos.

*Date cuenta, de que por el amor debemos ser siervos antes que dueños; vasallos, antes que reyes.

*Date cuenta, de que a través del amor, podemos pedir la fuerza de lo alto, para vivir en el valle de la vida.

*Date cuenta, de que a través del amor, podemos buscar el cielo, sin perder el vértice de la tierra; podemos vivir en la tierra, sin perder el ancho cielo.

*Date cuenta que sólo sembrando amor y regalando amor, podemos dar a conocer a Cristo.

*Date cuenta, de que sólo podemos seguir a Cristo por las sendas del amor.

*Date cuenta de que nuestras palabras solo serán autenticas, si reflejan el amor de Cristo.

*Date cuenta, de que nuestra oración sólo será verdadera, si va seguida de obras de amor.

*Date cuenta, de que nuestra fe sólo será fe, si nos comprometemos a amar.

*Date cuenta, de que sólo puedo ser cristiano, si amo sin mirar si florecen resultados; si sirvo, sin esperar algo a cambio; si me comprometo con lo que el Evangelio me exige.

 

 

*¡Date cuenta, y ama como Jesucristo y sabrás amar! Amén

 

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