Ecos del Evangelio

15 febrero, 2020 / Carmelitas
DOMINGO VI T.O. CICLO A 2020

 

 

Siempre conviene leer el evangelio con calma, pero hoy si cabe, aun más.

 

Hoy Jesús nos da una auténtica lección de lo que es la fe cristiana, porque nos da una auténtica lección de vida. He dicho muchas veces que la fe cristiana, si no se hace vida, no es nada .Esto es tan importante y de tanta trascendencia que no me importa repetirlo las veces que sea necesario.
Jesús vino al mundo para que el hombre fuera un hombre nuevo, un hombre que tuviera una jerarquía de valores distinta a la que hasta entonces tenia y se había conocido. Un hombre cuyas categorías mentales, estuvieran perfectamente de acuerdo con la voluntad de Dios, porque es la única manera de ser feliz.

 

Comparando lo que es el mundo, nuestro mundo y cualquier época del mundo con el Evangelio, debemos de llegar a la conclusión de que el cristiano tiene que ser un hombre «distinto» porque Jesús fue, evidentemente, distinto a sus contemporáneos y a todos los hombres anteriores y posteriores a Él.

 

Decía Tertuliano que el conocía dos clases de hombres: los judíos y todos los demás que eran paganos. Pero añadía: desde Cristo, hay una tercera clase de hombre no visto hasta ahora: el cristiano. Y pregunto ¿es el cristiano de hoy una persona “distinta, diferente” de los hombres de cualquier religión y de los que no tienen religión?

 

El evangelio de hoy confirma esta afirmación de Tertuliano. No se trata, dice Jesús, de cumplir la ley, sino de superarla. Cumplir la ley ya sería un triunfo, porque en muchísimas ocasiones el hombre la quebranta. Basta una mirada a nuestro alrededor para encontrarnos con un panorama de muerte al hombre, provocada por el hombre, de extorsiones, de torturas, de chantajes y engaños, de sufrimientos impresionantes provocados por el hombre contra el hombre. El hombre que en no pocas veces es un lobo para con su propio hermano.

 

Hoy está a la orden del día no sólo la infidelidad en las relaciones hombre-mujer, sino la constante propaganda que pone la satisfacción propia por encima de cualquier otro sentimiento. Lo importante es gozar, poseer, engañar, mentir, chantajear, mandar, triunfar cuanto más mejor, y todo eso a costa de lo que sea, aunque sea pisoteando la dignidad y honorabilidad de cualquier persona o de la sociedad.

 

Y viene Jesús y da un giro total a esta actitud. El hombre del Reino de Dios, el cristiano, tiene que tener clarísimo que Cristo es hijo de Dios y que el hombre que vive a su lado también lo es. Con esta verdad vivida, el hombre no sólo no puede matar a su hermano, sino que no puede insultarlo, despreciarlo, maltratarlo ni ignorarlo, porque todo eso es una forma de matarlo, de no respetarlo.

 

Y no se respeta la vida cuando se consiente o no se hace lo suficiente para impedir que el prójimo muera de hambre. Y no se respeta cuando no se permite nacer al feto. Y no se respeta cuando con la excusa de que no tengan dolor se eliminan vidas humanas que ya no están en esta locura de la productividad y el consumismo. Y no se respeta cuando bajo una ideología se miente y se quiere cambiar la conciencia y la realidad cotidiana que vive la gente, hasta convertir la mentira en verdad para servir a la ideología de turno. (y es que vivir con los ojos cerrados es fácil) Y no se respeta cuando desde la misma religión se manipula y se utiliza a la gente para intereses particulares de los mandamases.

 

¿Pero como se puede decir que se tiene fe ,si no hay lo primero y principal que es el respeto? y sin respeto no hay amor que valga, ni por tanto fe. Para Cristo, no sólo cuentan las obras, lo que se hace, sino el cómo y por qué se hace, es decir, las actitudes.

 

Si el otro es sólo un competidor, cualquier trampa será justificada.
Si el otro es sólo un consumidor, cualquier abuso será lícito.
Si el otro no es más que un número, cualquier pretexto será válido para cargarle de impuestos.

 

Si el otro es uno cualquiera, se seguirá marginando a los pobres, despreciando a los drogadictos, echando de la vecindad a las minorías étnicas, cerrándoles el paso y maltratando a los inmigrantes.

 

Si el otro según los puritanos de la religión es un pecador y no está en regla, se le excluye y se quedan tan panchos. ¿Pero de verdad el cristianismo y los mandamases creen que el prójimo es hermano, «el hermano por quien Jesús también ha muerto»?. ¿Entonces de que van, quienes los utilizan vilmente o pasan de él?

 

Una fe hecha vida, es decir hecha amor, eso es lo que quiere el Señor para los suyos.

 

Una fe que sea capaz de iluminar al mundo dándole sentido y asegurándole que es posible que el hombre deje de ser enemigo del hombre para convertirse en hermano.

 

 

Una fe que se refleje en el trabajo, en el sentido de la justicia, en el compromiso con los débiles, en el respeto al hombre, en la capacidad de diálogo y de comprensión, en el ser capaces de desterrar la intolerancia, el insulto, la agresividad, el dogmatismo.

 

Amigos, con Cristo ha sonado la hora de decidirse a tomar en serio ese «pero yo os digo».

 

Ha llegado la hora de tirar por la borda todos los cómodos tradicionalismos y rendirse sin condiciones a la «novedad» de Cristo.

 

Ha llegado el momento de no tener miedo al evangelio.
¿Qué Jesús nos pide demasiado? Jesús no nos pide más de lo que podemos. Pero si todo lo que podemos. Pero ¿no hemos pensado que cada uno puede dar más de lo que da? Hay que dejar de una vez el cristianismo de mínimos, de sofá, de sacristía y de solo fin de semana. Personas que dicen tener fe, pero no tienen ninguna inquietud, ni a nivel personal, ni comunitario.¿Eso es fe?

 

«Habéis oído que se dijo a los antiguos, pero yo os digo”. Los «peros»de Jesús son una invitación a pasar del derecho al amor; de la cordura humana a la locura divina; del orden a la sorpresa; de la justicia al regalo. «Peros» que vienen a expresar que todo aquello que no brota del amor y de la esperanza debe ser desterrado del cristianismo porque no es evangelio.

 

La autenticidad de la persona se manifiesta tanto en sus actos como en sus actitudes. Porque toda doble moral (el pensar de una manera y actuar de otra) acaba en esquizofrenia. Pecar, equivocarse, lo haremos setenta veces siete; pero vivir en la hipocresía y la doble personalidad por sistema, es vivir en la esquizofrenia.

 

Vamos a ver: el amor y el derecho no son antagónicos pero no pueden darse juntos, si aparece el amor, sobra el derecho. Cuando uno está enamorado no necesita que le dicten leyes para vivir unido a la persona amada; cuando desaparece el amor puede aparecer hasta la traición, por eso y para ese caso se necesita el derecho, para organizar y ordenar una vida al margen del amor.

 

El amor es un compromiso con uno mismo hacia la persona del otro. Amar es crecer y ayudar a crecer. Cuando el amor que siento por el otro no lo mejora ni me mejora, no es verdadero amor. En esto, como en todo, uno recoge lo que siembra. Quien siembra vientos, recoge tempestades. Quien generosidad, generosidad. Quien soledad, hastío y aislamiento.

 

No se puede aspirar a ser santo, ni plenamente feliz, en este mundo conformándonos al derecho. Se puede ser fiel al derecho y ser un desgraciado. Hay que pasar por encima de él e instalarse en el amor.
Resumiendo y a modo de conclusión: Los sabihondos, los fuertes y los cobardes defienden o pretenden defender el amor con leyes y con la intimidación. Los necios, débiles y los humildes, pero con buen corazón, superan las leyes con el amor.

 

No nos engañemos a nosotros mismos, pensando que ya somos cristianos porque cumplimos unas leyes .Ser cristiano es una cuestión de amor. O mejor, de amar. Y nada más. Como veis, el Evangelio no lo escuchamos para pasar un RATO, sino que es un auténtico RETO.

 

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