Ecos del Evangelio

16 febrero, 2019 / Carmelitas
DOMINGO VI TIEMPO ORDINARIO CICLO C

 

Cristo “el Resucitado” y nuestro camino hacia la gloria.

 

 

Este domingo, el profeta Jeremías nos pone en paralelo un primer momento como, malaventuranzas contra los hombres, nos dice, que vamos poniendo nuestra confianza en lo más débil ¨…maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor¨. Al profeta le duele que abandonen a Dios, engañándose a sí mismos con la inútil esperanza en el auxilio con los humanos. Hay ciertos momentos en que necesitamos confiar en una persona. Necesitamos apoyarnos en un amigo, aquí descubrimos la verdadera amistad, y siempre encontramos sorpresa, desengaños que nos hacen sufrir. Somos frágiles por naturaleza, pero Dios nos ama, su amor no cambia, también cuando las cosas van mal, cuando le traicionamos y le fallamos, él nos perdona.

 

 

La Resurrección del Señor pone en movimiento al mundo nuevo, todos estamos orientados a Él. San Pablo, en esta carta, nos invita y recuerda con pocos trazos la relación que existe entre Cristo “el Resucitado” y nuestro camino hacia la gloria. Cristo ha resucitado, y con esta resurrección nos reunirá en torno a él, San Pablo no nos habla de un sueño, nos habla con hechos concretos.

 

 

En el Evangelio nos habla San Lucas, con un discurso de Jesús donde declara, cual ha de ser la actitud espiritual del hombre si quiere ser cristiano. En definitiva, el evangelio de hoy está marcado de los que aparentemente sin tener nada lo poseen todo ¨Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de los cielos¨ y de los que creen tener todo, pero no tienen nada ¨Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre¨. Jesús dice que lo mejor es dar, servir, compartir, perdonar, dar vida; que recibir, dominar, acaparar, vengarse y explotar. Vemos que Jesús en las Bienaventuranzas no les promete la felicidad en un futuro, les declara felices ahora.

 

 

En nuestra vida de consagradas, os invito hermanas a considerar la pobreza no simplemente como una ausencia material. La verdadera pobreza es reconocerte débil y necesitada de Aquel que nos llamó a vivir íntimamente unidas a él, entonces realmente seremos pobres de espíritu y nuestro corazón estará preparado para abrazar y recibir a Dios en nuestros corazones. Necesitamos constantemente revisar nuestra vida, preguntándonos, si nuestro corazón está lleno de cosas que nos quitan libertad para entregarnos totalmente a él.

 

 

¿Si confías en Dios?… que se note….

La confianza no es caer en la dejadez, es abandonarme en El, es Alguien que siento cercano a mi vida y a mi realidad, no simplemente es un sueño que se desvanece.

¿Cuáles son las seguridades reales de tu vida?

 

Hna. Lidia Damián Solano CSJ

 

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