Ecos del Evangelio

22 febrero, 2019 / Carmelitas
DOMINGO VII T.O. CICLO C 2019

AMAD A VUESTROS ENEMIGOS…

 

Dos mil años llevan muchos cristianos recreándose con las palabras y el mensaje de Jesús. Dos mil años buscando las señales de identidad cristiana. Dos mil años buscando respuestas al como entender y vivir la vida cristiana. Y todo eso, a pesar-de que también hace dos mil años- lo tenemos muy clarito en los evangelios. Vimos la claridad con la que Cristo hablaba el domingo pasado y lo vemos este domingo. ¡Que no me digan pues que no se sabe cual es la identidad cristiana! Otra cosa es que como compromete, entonces, muchos, se dedican a mirar para otro lado, y seguir con el cumplimento=cumplo y miento, que eso a nada compromete.

 

La Iglesia y cada cristiano tiene que atreverse de una vez a redescubrir la esencia del evangelio. Y la esencia es volver a la ley del amor la que esta escrita en la cruz hace 2000 años. ¡Que triste que cada vez mas, el evangelio sea más ajeno al modo de pensar, y de comportarse de muchos cristianos!. ¡Rogaría encarecidamente que muchos no continúen perdiendo el tiempo, por favor! Hay que volver al Evangelio, pero no para oírlo una y otra vez , sino para escucharlo y llevarlo a la vida.

 

Amigos, el que está lejos del amor está lejos de la felicidad, es decir lejos de Cristo Hoy día casi todos los comportamientos son interesados y con código de barras. Todas las cosas crecen adornadas con esta interesada pregunta: ¿y esto, para qué sirve? ¿Es útil? Lo quiera o no, el hombre está llamado a amar des-interesadamente, y si no lo hace, en su vida se abre un vacío que nada ni nadie puede llenar.

 

Renunciar al amor incondicional es condenarse irremediablemente al vacío. Hemos sido amados, somos amados por Dios ininterrumpidamente y de forma gratuita. Solamente si vivimos con radicalidad el amor de Jesús vivimos en su reino.

 

Yo también hasta que descubrí a Cristo y su grandeza, me preguntaba: Y esto, ¿para qué me sirve? Si yo realizo esto, ¿qué me va a reportar? Ya casi no podía desengancharme del utilitarismo, de la rutina, del activismo, de toda esa pesada niebla en la que quiere envolvernos la sociedad. Por eso me era difícil caminar más allá del vacío que me producía toda esa maraña de inutilidades que me convertían en un número más de una sociedad maltrecha. Era extraño encontrarme con palabras y realidades que rebosaran gratuidad.

 

 

Vivimos en una sociedad en donde es difícil aprender a amar gratuitamente. Escaso es encontrar entre las escombreras del utilitarismo, el activismo y la comodidad, la flor de una fe convencida y celebrada, de una fe vivida, y hecha amor comprometido. Pero esto último sucede cuando te encuentras cara a cara con Cristo y decides que vale la pena seguirle.

 

Entonces es cuando descubrimos dentro de nosotros unas actitudes y comportamientos que saben integrar a todos los hombres con una única vara de medir: el amor de Dios. Un amor de Dios sin fronteras ni limitaciones y que llega hasta a los enemigos.

 

Con la palabra amor expresamos muchas realidades, lo mismo que con la palabra compartir . Pero cuando uno se ha topado con Cristo y no con estructuras y ritos, con excusas y justificaciones, entonces entiende perfectamente que amar y compartir consiste en dar y darse y es cuando paradójicamente se tiene todo «Compartir es de estricta justicia; dar y darse es propio de quien ha superado los viejos cánones y ha sustituido la justicia, como patrón del comportamiento humano, por el amor como único mandamiento, como el mandamiento nuevo: «Amaos como yo os he amado».

 

Si, Cristo es radical y exigente en el amor. Según Jesús, el amor no es solo el amor al prójimo, lo decisivo es el amor al enemigo. No solo a los de mi familia, a los de mi entorno y a los que piensan como yo; sino que el amor al enemigo es lo característico de Jesús. Jesús con si vida nos da una nueva concepción del prójimo: ya no es quien está cerca, ni siquiera aquel a quien debo acercarme si me necesita. Prójimo es también aquel que no debiera esperar amor, porque no me ama, pero yo se lo ofrezco gratuitamente.

 

Tenemos que seguir creyendo en la fuerza transformadora del amor. ¡Que nunca nos resulte ajeno a nuestro modo de vivir y comportarnos la preocupación real por los demás, el amor, la acogida, la solidaridad, la cercanía, la intimidad, la lucha por el débil, la amistad! Es nuestra respuesta evangélica a una sociedad llena de interés y egoísmo.

 

Estaremos más cerca de la Fraternidad, creceremos en ella, si recreamos con más ahínco cada día la palabra NOSOTROS. Así lo expresaba este bello poema de E. Loidi: «Nuestra palabra definitiva es: NOSOTROS, / pues los hombres y mujeres formamos todos un cuerpo, / un «nosotros» solidario. / Dejemos los singulares, tanto «mío», tanto «yo», / tantas miradas egocéntricas que favorecen a las células / de la muerte. Y ensanchémonos, ampliemos el yo al nosotros / y el nosotros hasta el límite de la tierra, sin fronteras.» Amar es comprometerse generosamente, sin medida. Amar es un nosotros sin fronteras.

 

Los seguidores de Jesús, haber si queda claro: hemos de «navegar contra corriente» y llevar a la práctica una jerarquía de valores muy contraria a la del mundo. Ya que Jesús nos propone ganar perdiendo, vivir muriendo, etc. Esa era la lección del domingo pasado. Pues bien, el evangelio de hoy aún va más lejos.

 

Nos presenta el precepto del amor al prójimo, pero aquilatado hasta su «quinta esencia»: el perdón, y el amor al enemigo. Repasemos, repasemos la asignatura de Jesús. Repasemos sus lecciones esenciales:

 

PRIMERA LECCIÓN.-Clara y luminosa: «Conocerán que sois mis discípulos en que os amáis los unos a los otros». Ya veis, se trata de nuestro distintivo más hermoso, capaz de cautivar a todo el mundo. Llegar a la hermandad universal, al convencimiento de que todos somos iguales. «Ciudadanos del mundo, uníos». Desde esta lección no tienen sentido las fronteras, ni las diferencias sociales: «Ya no hay judío ni griego, ni hombre ni mujer», dirá Pablo. Pero, como Jesús no era un catedrático teorizante, no se queda en los principios abstractos, sino que nos lleva al terreno de la vida.

 

SEGUNDA LECCIÓN.-«Amad al prójimo como a vosotros mismos». Concretar se llama eso. Dar en la diana. Ya nadie podrá alegar falsas ignorancias. Porque nadie como uno mismo sabe, con qué anhelo, con qué decisión y tenacidad defendemos lo nuestro, buscamos lo nuestro, nos entregamos a lo nuestro. Pues…, así, así. Con esa entrega hemos de amar a los demás.

 

TERCERA LECCIÓN.-«Amaos… como yo os he amado». ¿Os dais cuenta, amigos, cómo se va «rizando el rizo»? No se trata de un objetivo utópico, lindante casi con lo imposible. Se trata llanamente del ideal que nos presenta Jesús: «Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por los que ama». Añadiendo luego: «Yo soy el buen pastor y doy mi vida por mis ovejas». Ese es, por tanto, el modelo. Cuando nuestra vida de convivencia se pone áspera y difícil, qué buen ejercicio será preguntarnos: «¿Qué haría Jesús en mi lugar?» Sí, ¡qué buen ejercicio!

 

CUARTA LECCIÓN.- «Cualquier cosa que hagáis a uno de estos hermanos míos, me la hacéis a mí». Se trata de ver, en todos, a Jesús. Ahí caminan a tu lado el charlatán y el sucio, el pelmazo y el sabihondo, el repelente y el matón. Pues eso: hay que amarlos como a Jesús, porque en ellos también está Jesús. Pero aún queda el triple salto en el espacio y sin red protectora.

 

Y ES LA QUINTA LECCIÓN: LA «PRUEBA Y LA SÍNTESIS DE TODO» -Perdonar al enemigo.-Leed muy despacio el evangelio de hoy: «A los que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos; haced el bien a los que os odian; bendecid a los que os maldicen; a quien os hiere en una mejilla…», etc. Es la «espiral del amor» en contra de la «espiral de la razón, de la justicia, del egoísmo y la violencia». Esta asignatura podría llamarse «la mas ilógica» del amor, pero es la esencia del cristianismo.

 

Como veis, Jesús pone del revés todo esquema que no se base en el amor incondicional: «Devolved bien por mal». Él viene a crear un «orden nuevo». Y esa novedad consiste en «donde haya odio, poner amor». «Poner amor», no sólo «predicarlo». Por eso, muriendo en la cruz, dijo: « ¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!»¡Ya veis, que Cristo no sólo nos perdona, sino que nos declara «inocentes»! ¡Dios es que es la repera!
Hoy mi oración ante Cristo solo puede ser una: ¡QUITA, MI MÁSCARA, SEÑOR!

 

 

*La de la sordera, para que pueda escuchar con nitidez tu voz.

*La del odio, para que pueda amar sin distinción.

*La de la maldición, para que pueda desear siempre el bien.

*La de la debilidad, para que presente mi mejilla donde sea necesario.

*La del egoísmo, para que nunca mire lo qué doy ni a quién doy.

*La de la conformidad, para que no exija lo que no me pertenece.

*La de los malos modales, y sea así delicado con mis hermanos.

*La de la maldad, para que disfrute sembrando semillas del bien.

*La del usurero, para que no busque más beneficio que el ser feliz dando.

*La de la dureza, para que brote en mí la comprensión.

*La de la severidad, para que sepa comprender los defectos de los demás.

*La de la discordia, para que vea en los demás, amigos y no adversarios.

 

 

Cuando uno cree de verdad en Jesús, irradia auténtica alegría y desborda de entusiasmo cuando…sabe, que el ¡todo por el otro! es lo máximo a lo que debo aspirar si no quiero ser cristianos de todo a cien.

 

 

¡Abajo pues las máscaras y las apariencias y arriba el rostro de la fe, hecha obras de amor!

 

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