Ecos del Evangelio

28 junio, 2019 / Carmelitas
DOMINGO XIII T.O. CICLO C 2019

 

LLAMADOS A SER TESTIGOS

El evangelio de hoy nos presenta tres actitudes de otros tantos personajes, que son reflejo sin duda, de las actitudes humanas que se dan en todos los tiempos sobre el «seguimiento a Jesús». Son, por tanto, «retratos para nuestra reflexión».

 

1ª actitud: «Los mensajeros que envió Jesús por delante entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no le recibieron, porque se dirigía a Jerusalén».-He ahí una primera sinrazón, del «no seguimiento a Jesús». Los celos entre samaritanos y judíos. ¡Qué pena! Muchos no suelen mirar al sol, que es lo que señala el dedo, sino al dedo que señala el sol. Y, según sea ese dedo, se suele aceptar o no al sol. Son los capillismos, banderías e ideologías de muchos que se dicen cristianos y que impiden o falsean su seguimiento de Cristo. Ven el sol, es decir la fe en Cristo, según si les conviene en aquel momento, y cuando les conviene no tienen escrúpulos de utilizar el mensaje del evangelio para defender sus ideologías. ¡VERGONZOSO!

 

2ª actitud «Otro, a quien dijo Jesús «sígueme», respondió: «déjame primero enterrar a mi padre»». Es otro rasgo de la condición humana y de no pocos cristianos: la ancestral pereza e indecisión. Dejan para mañana lo que pueden hacer hoy, y no solo para mañana, sino para el último día, la última hora y el último minuto. Y van dilatando peligrosamente su conversión, su entrega y su compromiso con el evangelio y su parroquia. Exponiéndose a tener que reconocer como Machado: «La primavera pasó por tu puerta. Dos veces no pasa».¡LAMENTABLE!

 

3ª actitud «Jesús le dijo a otro: «el que pone su mano en el arado y echa la vista para atrás, no vale para el Reino de Dios»». Así son muchos: ambiguos, peligrosamente confusos. Amigos de lo gris. Cultivadores del «sí… pero…». En el Apocalipsis se nos dice: «¡Ojala fueras frío o caliente; pero como eres «tibio», te arrojaré de mi corazón». Son las personas de la niebla y de lo borroso, no dicen ni «sí», ni «no»; dicen «según».Los que modositamente hablan y se comportan pero llevan dentro la intransigencia y la manipulación siempre a punto. Y ¡miren ustedes que Jesús lo dijo bien claro!: «El que no está conmigo, está contra mí». ¡BIEN TRISTE!

 

Después de todo esto, cabe hacerse la pregunta del millón. ¿Se ha de ser héroe para seguir a Jesús? Porque en el evangelio, Jesús parece mostrarse muy radical, muy exigente -casi diríamos intolerante- con estos tres hombres que quieren seguirle. Responder a esta pregunta es clave, porque la mayoría no somos ni héroes ni santos, pero supongo que queremos seguir a Cristo. Y si para ser seguidor de Jesucristo es necesario una conducta heroica o una santidad perfecta, ¿no habremos de reconocer que supera nuestras posibilidades?

 

La santidad no cabe duda, asusta a muchos Y no se por que. Porque para seguir a Cristo no hace falta ni ser héroe ni santo. Lo que hace falta es tomarse en serio el evangelio en la vida.

 

Es cierto que las exigencias de Jesucristo son radicales. Pero también nos dice el evangelio que quienes de hecho le seguían (los apóstoles, las mujeres que iban con Él, otros discípulos…) no eran héroes, ni ejemplos de perfección. Hoy mismo hemos leído que Santiago y Juan querían que bajara fuego del cielo para acabar con la gente de un pueblecito que no había querido recibirles. Cuántas veces encontramos en los evangelios muestras de cobardía, de incomprensión, de intransigencia, de vanidad, de peleas entre los apóstoles… Y no por ello Jesucristo les rechaza o niega que puedan ser discípulos suyos.

 

¿Cómo pues unir por una parte, la exigencia radical de Jesús como condición para ir con Él; y por otra, el que quienes de hecho le siguen sean hombres y mujeres con sus defectos y pecados? Pues teniendo algo que espero que quede claro: Jesucristo para seguirle no pide heroicidad, lo que si exige es salir de la mediocridad, la apatía, la pasividad y la rutina.

 

Jesucristo no exige que Pedro o Juan o Santiago o María Magdalena o cualquiera de quienes le siguen, se transformen en un momento en héroes o en seres perfectos. Comprende sus cobardías, sus defectos y sus pecados, Pero lo que sí exige es que no pongan condiciones para seguirle, que no se reserven nada, que se pongan en marcha. Es decir, que confíen ilimitadamente en Él, que estén dispuestos a dejarse transformar, que quieran seguirle más y más. AHÍ ESTA LA CLAVE

 

-Haber si lo digo de otra forma: el problema está en la persona y en su enfermedad crónica. ¿Y eso que significa? Pues que hay zonas de la vida de una persona que se reserva para ella, en las que cree que debe comportarse según sus criterios y no según los de Jesús. Son los que están dispuestos a seguirle a horas y si no tienen ningún compromiso. Los que saben la solución que el evangelio les da para tal o cual cuestión o situación, pero prefieren mirar para otro lado. Es decir, ponen condiciones a Jesucristo.
Más aún: pretenden pactar con Jesucristo (¡estamos tan acostumbrados a pactar!): yo haré esto o aquello, pero déjame en este otro asunto, lo haré a mi manera. Entonces estas zonas de la vida que se reservan: (el modo de comportarse cuando se trata de ganar dinero, o de querer dominar y relacionarse con los demás, la vivencia cotidiana con los de casa hecha de dureza o de mal humor, etc. etc.), se convierten en una autentica enfermedad en su vida cristiana.

 

El problema en la vida cristiana no es que no se tenga un comportamiento ideal; el problema es que muchos no dejan circular por ellos la sangre de Jesucristo, la fuerza transformadora de su Espíritu. El problema es la enfermedad de la rutina y la instalación y el «dolce far niente» en la que viven no pocos cristianos y que les impide seguir de verdad a Cristo. Por eso Jesucristo es radical. Porque sabe que reservándonos estos espacios de nuestra vida, nunca le podremos seguir. Por eso Él, cada domingo, quiere que renovemos el memorial de su entrega total por nosotros. Para que nos animemos a darnos también nosotros, sin condiciones. Él no deja nunca de esperarlo.

 

Y la palabra clave de Cristo a pesar de nuestra debilidades es : Sígueme
Ser cristiano no es solo tener fe, sino irse haciendo creyente. Con frecuencia, entendemos la vida cristiana de una manera estática y no la vivimos como un proceso de crecimiento y seguimiento constante a Jesús. Aun no se ha entendido que uno SE HACE cristiano cuando camina tras las huellas del Maestro. Por eso, deberíamos decir que nos llamamos cristianos, pero, que solo vamos siendo cristianos en la medida en que nos atrevemos a seguir a Jesús en el camino de la vida.

 

Para no pocos, la vida cristiana se reduce más o menos a vivir una moral muy general que consiste sencillamente en «hacer el bien y evitar el mal», y eso es todo. PUES NO. Seguir a Jesús es algo mucho más profundo, vivo, y de exigencias más concretas. Se trata de irnos abriendo dócilmente al Espíritu de Jesús para vivir como Él vivió y pasar por donde Él pasó.

 

Y por tanto, es cristiano quien no sólo evita el mal, sino que lucha contra el mal y la injusticia como lo hizo Jesús, para eliminarlos y suprimirlos de entre los hombres. Y es cristiano el que no sólo hace el bien, sino que lucha por un mundo mejor, adoptando la postura concreta de Jesús y tomando sus mismas opciones.

 

Es que hay una cosa muy clara para quien la quiera entender: Quien quiera buscar y encontrar la voluntad de Dios, que siga muy de cerca las huellas de Jesús y la encontrará rápidamente. Pero hay que ser honrados y reconocer que muchos no la buscan porque les da miedo el comprometerse con Cristo. ¡Vamos que piensan que ser cristiano es cuestión solo de poner en marcha la maquina de los rezos! ¡Y que equivocados que van!

 

Mirad, si es que es muy sencillo de entender: La voluntad de Dios es que le amemos, amando al hermano, solo así es posible amar a Dios y seguir a Cristo. Se trata del amor .¿Verdad que se entiende?

 

No amigos. No se puede servir a Dios y al dinero. No se puede echar mano al arado y volver la vista atrás. No se puede pretender seguir a Cristo desde un cómodo almohadón habiendo cumplido el precepto dominical, y después no dar la cara por Él.

 

Siempre recuerdo que Ignacio Ellacuría decía a una persona querida, una semana antes de su muerte, que era probable que no volviesen a verse. Y, sin embargo, no se quedó en España. Él y sus compañeros sabían que les estaba esperando probablemente la muerte e hicieron también su propia subida a Jerusalén. Como también saben que se están buscando la muerte tantos cristianos que viven hoy en puestos de avanzada y, sin embargo, siguen firmes en sus puestos.

 

Los que vivimos en situaciones más tranquilas, ¿no tenemos que preguntarnos también hoy por nuestra coherencia en el seguimiento de aquello en lo que creemos, aunque nos cueste dificultades, tensiones, luchas? Porque el seguimiento del camino y del estilo de vida de Jesús, es lo que constituye el ser cristianos.

 

 

No nos engañemos, Cristo, -en el evangelio de hoy- nos lo ha dejado muy claro, porque no quiere seguidores de sacristía, ni de museo, ni modelitos andantes. Así que, dicho queda.

 

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