Ecos del Evangelio

3 julio, 2021 / Carmelitas
Domingo XIV del Tiempo Ordinario

 

 

 

Iniciamos el primer domingo del mes de julio, por excelencia un mes muy carmelitano, ya que en este mes festejamos a Nuestra querida Madre, la Virgen del Carmen. Y cuánto más para unas Carmelitas que deben sentirse de corazón, hijas de María, así como todos sus hijos, como Ella no hace distinción de color, condición, lengua o religión. Todos somos sus hijos.

 

Nuestra reflexión gira en torno a las lecturas propias del domingo correspondiente; así como al Evangelio.

 

En la primera lectura de Ezequiel 2, 2-5

Aquí el Señor envía a Ezequiel a un pueblo difícil, como el de hoy en día en nuestra sociedad.

“Yo te envío a un pueblo, rebelde que se ha revelado contra mí”
¿A dónde envía, el Señor, a Ezequiel y a quienes va dirigido el mensaje?

 

 

Primeramente para esta misión que va a realizar Ezequiel, entra el Espíritu, espíritu de fortaleza para la misión que no le será fácil
Ya el Señor le pone al tanto a lo que se enfrenta, a un pueblo rebelde, que se ha revelado contra Dios mismo.

 

Y aun así, la misericordia de Dios no abandona a quienes le han olvidado. Es más grande su amor para con nosotros que nuestros pecados y olvidos hacia ÉL.

En la lectura de 2ª Corintios (12,7b-10) San Pablo nos dice que: tiene una espina clavada como repercusión espiritual.

 

A nosotros también se nos clavan esas espinas, espinas de la apatía, la desilusión, pasotismo… cuántas espinas tenemos clavadas, por decir algunas en las que nos podemos identificar, o bien otras. ¿Cuáles son esas espinas que se me clavan en lo profundo de mi corazón?

 

Quizá hasta parezca un cardo silvestre nuestro corazón, de tantas espinas. Pero para quitar dichas espinas es necesario un primer paso.

• Reconocer que las tenemos

• Querer quitarlas aunque sangre la herida, una vez retiradas.

• Querer curarlas, para que puedan ser sanadas y se sana sin dejar herida, desde el Corazón del Maestro Divino y misericordioso.

 

 

Después viene el Evangelio en el que San Marcos (6,1-6), destaca que a Jesús todos le conocen y dan su opinión de que lo conocen quizá, o más bien de lo que han oído hablar sobre Él y los milagros que hacía…, sin embargo, se atreven a opinar sobre Él, así pasa también en más grande escala o menor escala en nuestras relaciones de trabajo, convivencia etc…

 

 

Incluso decían: ¿No es Éste el hijo del carpintero? Cuántas veces nos pasa lo mismo diciendo que conocemos incluso a nuestras hermanas, a nuestros compañeros de trabajo… opinamos y hacemos juicios, juzgando mal. Ya que no somos nosotros jueces de nadie, ni debemos serlo, solamente uno es, Juez Dios. Añádase las personas que pensamos que conocemos, no obstante, hay veces nos quedamos sorprendidas de algo qué ignoramos de esa persona. Y ¡decíamos que le conocíamos! ¿En qué quedamos? Nuestro conocimiento es tan pobre y parco e incluso de nosotros mismos que muchas veces nos sorprendemos de lo que llegamos a realizar en dadas circunstancias de la vida.

 

Traigo a mi mente la situación social y sanitaria que se ha vivido y se está viviendo a nivel social y mundial.

 

En un primer momento no se tenía los medios necesarios para la protección, ni tan siquiera una mascarilla, todo un caos. Y se daba palos a ciegas, porque no se sabía ¿Cómo se contagiaba? Una vez que pasa el caos más tremendo, entonces vienen las leyes y las prohibiciones o restricciones; así como buscar culpables de lo que está ocurriendo.

 

Y, ¿Quién ha pensado en las personas que han perdido familiares y no pudieron verlos? Esas personas anónimas que ayudaron a salir adelante en plena pandemia.

 

Pero a nivel social nos creíamos que estábamos en la cumbre de la economía, y adelantos en la eliminación de personas como es la aprobación de la Eutanasia, y eugenesia. Sin embargo, ¡no somos capaces de reconocer la grandeza de Dios!

 

¿Qué he sacado de bueno, de todo esto malo? ¿He aprendido alguna lección de vida? ¿Hacemos juicios como los hacían en tiempo de Jesús?

 

 

Hna. Enedelia García Calderón csj

 

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