Ecos del Evangelio

6 julio, 2019 / Carmelitas
DOMINGO XIV T.O. CICLO 2019

EL MUNDO NECESITA A CRISTO MÁS QUE NUNCA.

 

Si el domingo pasado, la palabra clave que nos dirigía Cristo es «SÍGUEME«, en este domingo es «PONEOS EN CAMINO”, que es la consecuencia de seguirle .Y ¿para que ponerse en camino?, PARA DAR TESTIMONIO. Es una orden urgente la que nos da el Señor, también a nosotros, no solo a los Apóstoles y «a los setenta y dos discípulos». Y por tanto esa orden debe resonar también en nuestros oídos y ser tan eficaz como lo fue en el momento en que la dio a aquellos hombres que estaban cerca de El.

 

Porque hoy, como ayer, el cristiano debe ser una persona dispuesta a caminar, itinerante por todos los lugares, empezando por donde vive, para anunciar que vale la pena seguir a Cristo, que es el Único que da sentido a la vida y a la muerte. Por eso hay que despojarse de ese cristianismo cómodo y apuntalado en unas seguridades y normas, porque naturalmente a nadie llama la atención, sino que más bien llama a la indiferencia, porque ese tipo de cristianismo es falso.

 

Y si uno se pone en camino es para ir a los hombres a decirles algo, por tanto, hay que tener algo que decir sobre alguien, y ese algo y ese alguien es CRISTO. De lo contrario, se comprende la inmovilidad y la inercia de este cristianismo de occidente. Aquellos setenta y dos discípulos que partieron tras el mandato de Jesús tenían una misión concreta y un encargo determinado para cuyo cumplimiento iban perfectamente pertrechados, pero antes lo vivían ellos en sus propias vidas.

Ciertamente que no eran sabios ni poderosos, ni falta que hacia ni hace.

Ciertamente que no formaban parte de los estamentos cualificados de la época ni falta que hacia ni hace.

Ciertamente que aparecían como unos hombres corrientes, desconocidos, más bien insignificantes y así eran y debemos ser.

 

 

Habían recorrido con Cristo los caminos de Judea y de Galilea, le habían visto perdonar a los pecadores, curar a los enfermos, dar vida a los muertos, multiplicar el pan para saciar el hambre de los que le oían con ansia. Le habían oído hablar de Dios como de un Padre que espera siempre al hombre, que está dispuesto a recibirlo con los brazos abiertos a pesar de sus pequeñeces y sus racanearías.

 

Es decir procuraron poner en práctica las palabras, gestos, aspiraciones y deseos de Cristo. En fin, aquellos hombres estaban llenos de Jesús, eran un poco como su sombra. Intentaban reproducir su estilo de vida. Aquel primer grupo de cristianos SÍ que tenían algo que decir, porque lo habían celebrado y vivido.

 

Y esto amigos, es lo que falta y en gran medida en el cristianismo de hoy. Muchos no han descubierto a Cristo, a su persona, solo retienen unos enunciados en los que dicen creer.

 

Tenían que predicar el Reino de Dios y llevar a los hombres su mensaje. Pero Jesús, les advierte que no llevaran nada para el camino. Les bastaba la sabiduría que habían aprendido de Él, obtenida por la convivencia diaria. Quizá alguien pueda pensar:”bueno es que ahora no está Cristo” ¿A no? ¿Y que es el evangelio que leemos y la Eucaristía que celebramos?

 

No amigos, ser cristiano exige un compromiso y testimoniar aquello que se cree y eso no es fácil, pero menos fácil es aun, si no lo conocemos. El mismo Jesús -y para evitar desilusiones- les advierte de las serias dificultades de su misión con un símil de lo más expresivo: van a ser como corderos entre lobos.

 

O sea, que el cristiano, además de ser una persona en condición de caminar, debe estar dispuesto a caminar no precisamente por caminos de rosas, aun cuando su mensaje sea un mensaje de paz y bienaventuranza. Sin descartar que, en ocasiones, las máximas dificultades vengan de aquéllos que también se dicen discípulos de Cristo, que se tienen por muy religiosos, pero son lobos con piel de cordero.

 

Un cristiano no puede quedarse en el descubrimiento gozoso de la buena noticia, sino que tiene que sentir la urgencia de comunicarla a los demás. Pero como he dicho, primero, tendrá que asimilarla y convertirla en vida propia.

 

Entonces sentirá la imperiosa necesidad de contar a los demás lo importante que es en la vida del hombre encontrarse con Dios.
Entonces sentirá la necesidad de hablar a los demás acerca de cuál puede ser, por ejemplo, la hondura de una relación familiar cuando Dios está presente en la familia.

 

Entonces sentirá la necesidad de comunicar que el hombre debe ser un hermano para con el hombre.

Entonces sentirá dentro de si y entenderá, aquella preciosa frase de Pablo de que ningún problema humano me es ajeno.

Entonces sentirá la necesidad de trasmitir que cuando se vive cerca de Cristo, se es capaz de decir no y con alegría, a tantas cosas fáciles y que lo único que hacen es dejarnos vacíos.

 

Vivimos una época increíble de subjetivismo doctrinal y moral. Una época de mucha gente bizcochable y sin principios, por eso, no sirven para testimoniar el evangelio .El embajador de Cristo no puede hacer «maleable» el mensaje del que es portador. «Llevamos un tesoro infinito en vasijas muy frágiles», decía Pablo. Y no podemos claudicar «ante cualquier viento, moda o jerarca que a veces se cree Dios.

 

El cristiano no puede ir condescendiendo ante los demás, «al son que toquen», ni puede abandonarse a un «modus vivendi» que contradiga la fe. (y en esa situación está gran parte del cristianismo de occidente) así nos luce el pelo.

 

Muchos acomodan el «credo» y su «moral» a lo que rezaba aquel título de Pirandello -«Así será si así os parece». El cristiano, como Pedro y los Apóstoles, tiene que estar dispuesto a decir: «No podemos menos de proclamar lo que hemos visto y oído». ¿Por qué? Entre otras razones, «porque es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres». ¿O todavía no está claro?

 

Pero, como somos animales de costumbres no podemos aferramos a nuestras viejas metodologías y pensar que «cualquier tiempo pasado fue mejor». Y esa tentación es muy peligrosa. Ya que los «modos de actuar», como los vestidos, como las modas, envejecen. Por eso San Pablo, ciñéndose exclusivamente a lo principal -ser portador del Mensaje-, decía: «Gastaré y me desgastaré a mí mismo». Dejando bien claro que él sabría «contemporizar» con lo «cambiante», pero no con lo «sustancial».

 

Eso es lo que quiere decir hoy ese pasaje en el que parece Jesús como un intransigente por una parte, y un acomodaticio por la otra. Algo que los antiguos resumieron muy bien en una breve sentencia: «Suaviter in modo, fortiter in re». Pedagogía que tendrían que aprender muy bien los pastores, ocupen el lugar que ocupen en la jerarquía. Y tendrán que aprenderla los padres en esa tarea de cada día que se llama la «educación integral» de sus hijos. Y tendremos que practicarla cada uno en nuestro caminar cristiano, para no ser «cañas agitadas por el viento», y no confundir «el tocino» con la «velocidad» Pongámonos en camino, porque el mundo necesita a Cristo más que nunca.

 

Amigos, el Señor nos acompaña:

Aunque, el horizonte, nos parezca oscuro.

Aunque la recompensa, ante el mundo, sea estimada en nada.

Aunque nos falten fuerzas y no existan recursos.

Aunque muchos piensen que, lo que llevamos, no es nada o muy poco.

 

 

El Señor nos ayuda:

• Para que dejemos de lado el mirarnos el ombligo.

• Para que dejemos de lado lo que nos esclaviza.

• Para que dejemos de lado lo que divide en dos nuestros corazones.

• Para que dejemos de lado lo que dificulta el dar testimonio.

 

 

El Señor está, no nos desanimemos:

• Cuando no recogemos fruto.

• Cuando nos falta el aliento.

• Cuando no somos aplaudidos.

• Cuando no somos reconocidos.

 

El Señor nos trasmite coraje para:

• Que nos desprendamos de todo aquello que materialmente no nos sirve.

• Que nos desprendamos de nosotros mismos.

• Que nos desprendamos de las muletas de la vergüenza o la cobardía.

• Que nos desprendamos de todo prestigio personal para hacerle presente.

 

El Señor se nos hace presente para que:

• Pongamos su mano de consuelo, sobre los enfermos.

• Anunciemos su reino, sobre los abatidos.

• Llevemos su Buena Noticia, sobre los pesimistas.

• Alimentemos con su Palabra, a los muertos espiritualmente.

• Alimentemos con su Eucaristía, a los débiles, que solo se alimentan con el pan del mundo.

 

 

La Palabra de Dios de este domingo, ya la tenéis pues actualizada. Pido al Señor que os conceda la valentía de vivir el cristianismo de la única manera que tiene sentido vivirlo, comprometiéndose con Él, porque os aseguro que no encontrareis mayor felicidad en vuestra vida.

 

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