Ecos del Evangelio

3 julio, 2020 / Carmelitas
DOMINGO XIV T.O. CICLO A 2020

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré».

 

 

Sí, Cristo nos comprende porque también es humano, y por eso mismo, nos invita a reposar en Él, de todo cuanto nos agobie y nos desanime.

 

La persona, en sus tareas humanas y en sus aventuras de apostolado, suele pasar por diferentes estados de ánimo.

 

Cuando se comienza: hay siempre un primer estadio de optimismo, entusiasmo y energía. Y tiene la sensación de haber encontrado SU camino y estar realizando SU vocación. Pero, en una segunda etapa vienen las rebajas.

 

Aparece la monotonía, la rutina. Surgen también algunos malentendidos, y quién sabe, si algún fracaso y la traición no pocas veces de los que tienes alrededor .La rutina hace su aparición como una hierba mala. Y uno empieza a cuestionarse sobre «la utilidad» de lo que está haciendo. –« ¿Te pasa algo? ¡Te encuentro distinto!»–quizás nos dicen –«No, no me pasa nada–, decimos– lo que ocurre es que no tengo ganas de nada, estoy bajo de moral».

 

He ahí la cuestión, el «desencanto».

 

El momento en que la realidad te dice que la felicidad PARECE una quimera…

El momento en que se repliegan las alas y se dimite de todas las ilusiones.

El momento en que surge la pregunta: « ¿Para qué seguir? ¡Nada sirve de nada!».

El momento que la persona se siente invadida por la indiferencia, la tristeza, el aburrimiento, la amargura, la soledad la pereza, el cansancio, la fatiga, el hastío.

El momento del «demonio del mediodía»=LA ACEDIA, que así lo llama el salmo 90. Y la acidia no es un pecado más, es un pecado capital, (que se engloba en la pereza, pero es mucho más que la pereza)

 

Cuando se llega a ese estado, es cuando hay que ser valiente y a la vez humilde con uno mismo y darse cuenta de que la «acedia» surge, cuando poco a poco nos hemos alejado de Dios y hemos enfriado nuestras relaciones con Él. Sí, rezamos y cumplimos con el precepto dominical, pero cuando no hay ilusión, y coraje de vivir lo que se cree, entonces se llega a esa acedia en la que están muchos cristianos.

 

 

Lo malo es que, los que están en esa situación, la mayoría, no se preguntan nada, se dedican a dejarse llevar por la corriente reinante, por la moda en boga. Y entonces se llega a la conclusión de que no pasa nada. De que hoy si y mañana no y pasado ya veremos, hasta que se llega a dejarlo todo o casi todo.

 

 

Amigos, somos algo mucho más importantes que nuestro trabajo, oficio, cargo o profesión.

Somos seres humanos hechos para vivir, amar, reír, ser.

 

Por eso, en contra de lo que muchos puedan pensar, «descansar» no es tan fácil. Porque descansar no ese divertirse dando rienda suelta al consumo, al desvarío, ni «hacer vacaciones» para alardear o alimentar la propia vanidad.

Descansar, es reconciliarse con la vida: Disfrutar de manera sencilla, cordial y entrañable del regalo de la existencia.

Hacer la paz en nuestro corazón.

Limpiar nuestra alma.

Reencontrarnos con lo mejor de nosotros mismos.

Por tanto, no hay que recorrer largas distancias para encontrar descanso, basta recorrer la distancia que, nos lleva a encontrar la paz en nuestro corazón.

 

 

Descansar, es descubrir que uno está vivo, que puede mirar con ojos más limpios y desinteresados a la gente.

 

Que es capaz de enamorarse de las cosas sencillas y buenas.

Que hasta se puede tomar uno tiempo para ser feliz. Salir al aire libre y encontrarnos con la naturaleza.

 

 

 

-Se cansa pues, quien desespera.

-Se agota, quien solo mira por sí mismo.

-Se desespera quien no esta dispuesto a bajar de su soberbia y orgullo.

-Cae en la extenuación quien, lejos de buscar espacios para el silencio, para la contemplación o para la oración, se deja llevar por el ruido, el sinsentido, el vacío o el simple impulso de hacer por hacer, o de trabajar por trabajar.

 

Por tanto, descansamos cuando liberamos nuestro corazón de angustias egoístas y de mil complicaciones insensatas que nos creamos sin necesidad alguna. Y sobre todo descansamos, cuando nos abrimos a Dios. Ahí encontramos el descanso verdadero ¿Por qué pasamos olímpicamente del descanso que nos proporciona Dios? Creer en Él, acudir a Él, y esperar en Él, es el más maravilloso de los descansos, el auténtico descanso ¡Porque el hombre sin referencia a lo trascendente no es nada, el sin sentido!

 

¿Se dará cuenta esta generación de que tiene necesidad, de algo más que de pan y circo, de disfrutar pero con sentido ante tanto relativismo o falsa felicidad? ¿Cuándo se dará cuenta mucha gente de que son engañados y manipulados vergonzosamente? No nos tiene que asustar la coyuntura actual de un mundo opulento, caprichoso, materialista, desnortado y permisivo, que no necesita de Dios.

 

 

¡Cuántos yugos puestos en los hombros de muchas personas! ¿Quién aliviará ese peso? ¡Cuántas falsas esperanzas estamos dejando en una sociedad engañada por el camino fácil y el todo vale! ¿Quién resolverá las grandes soledades en las que muchas personas se encuentran? Pues hagamos nuestras las palabras finales del evangelio de Jesús: «Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

 

¿Qué significa eso? Jesús nos está hablando del único yugo que él quiere para nosotros: el yugo del el amor, porque el único que puede cargar con ese yugo es el enamorado. No se trata en consecuencia de cargar con nada, sino de hacerse cargo del amor de Dios para realizarlo en y con los hermanos, con todos los hombres.

 

Sabéis muy bien que, para el que ama, todas las normas están de más. No hace falta que nadie le diga lo que tiene que hacer, pues se lo dicta su corazón. Y también sabéis que, cuando falta el amor, todas las leyes son insuficientes.

 

Por eso el evangelio es algo muy sencillo, tan sencillo, como amar. Y por eso el evangelio solo lo comprende la gente sencilla, los que se dejan llevar del amor, es decir: los que se enamoran y no especulan con los sentimientos. Ser cristiano es dejarse llenar del amor de Dios para después regalarlo a los hermanos.

 

 

De manera que, CON SÓLO estar maquillado de cristiano, y bajo el paraguas de ser muy devoto, con eso no se llega ni siquiera a la esquina.

¡Vamos que, la gente que va por la vida de esa manera, o rectifican, o se van a llevar un desengaño, que ni podían imaginar!

 

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