Ecos del Evangelio

7 julio, 2016 / Carmelitas
Domingo XIV Tiempo Ordinario

“PONEOS EN CAMINO” Es una orden del Señor. Una orden urgente dada no solo a los Apóstoles, sino “a los setenta y dos discípulos”. Es decir, a todos los cristianos. Esa orden debe resonar tamben en nuestros oídos y ser tan eficaz como lo fue en el momento, en que la dio a aquellos hombres que estaban cerca de El.

Porque hoy, como ayer, el cristiano debe ser un hombre dispuesto a caminar por todos los lugares para anunciar que está cerca el reino de Dios. El cristiano debe ser un hombre itinerante, que se sienta en situación de caminar. Quizá todo lo contrario de cómo aparecen no pocos cristianos, que son sedentarios ,perezosos, que viven cómodamente instalados en sus seguridades, sin tener la necesidad irresistible de contar a los demás qué han descubierto al encontrarse con Dios.

Claro está que para ponerse en camino e ir a los hombres a decirles algo, hay que tener algo que decir. De lo contrario, se comprende la inmovilidad y la inercia. Aquellos setenta y dos discípulos que partieron tras el mandato de Jesús tenían una misión concreta y un encargo determinados para cuyo cumplimiento iban perfectamente pertrechados.

Ciertamente que no eran sabios ni poderosos, ni falta que hacia ni hace. Ciertamente que no formaban parte de los estamentos cualificados de la época ni falta que hacia ni hace. Ciertamente que aparecían como unos hombres corrientes, desconocidos, más bien insignificantes y así eran y debemos ser.

Habían recorrido con Cristo los caminos de Judea y de Galilea, le habían visto perdonar a los pecadores, curar a los enfermos, dar vida a los muertos, multiplicar el pan para saciar el hambre de los que le oían con ansia. Le habían oído hablar de Dios como de un Padre que espera siempre al hombre, que está dispuesto a recibirlo con los brazos abiertos a pesar de sus pequeñeces y sus racanearías.

Es decir habían descubierto a Jesús, habían intentado comprender y poner en práctica sus palabras, sus gestos, sus aspiraciones y sus deseos. En fin, aquellos hombres estaban llenos de Jesús, eran un poco como su sombra, intentaban reproducir su estilo. Aquel primer grupo de cristianos SÍ que tenían algo que decir, porque lo habían celebrado y vivido Y esto amigos, es lo que falta y en gran medida a muchos cristianos de hoy. No han descubierto a Cristo a su persona, solo retienen unos enunciados en los que dicen creer.

Tenían que predicar el Reino de Dios y llenar a los hombres de paz. Pero Jesús, les advierte que no llevaran nada para el camino. Les bastaba la sabiduría que habían aprendido de Él, alcanzada en la proximidad al Señor, obtenida por la convivencia diaria. Quizá alguien pueda pensar:”bueno es que ahora no está Cristo”¿A no? ¿Y que es el evangelio que leemos y la Eucaristía que celebramos?

Ser cristiano exige un compromiso y testimoniarle no es fácil, pero menos fácil aun, si no lo conocemos. El mismo Jesús -y para evitar desilusiones- les advierte de las serias dificultades de su misión con un símil de lo más expresivo: van a ser como corderos entre lobos.

El cristiano, además de ser un hombre en condición de caminar, debe estar dispuesto a caminar no precisamente por caminos de rosas, aun cuando su mensaje sea un mensaje de paz y bienaventuranza. Lo que es cierto, a la vista de este Evangelio, es que el cristiano no es un hombre que debe quedarse con el descubrimiento gozoso de la buena noticia, sino que tiene que sentir la urgencia de comunicarla a los demás. Claro está que, primero, tendrá que asimilarla y convertirla en vida propia.

Entonces sentirá la imperiosa necesidad de contar a los demás lo importante que es en la vida del hombre encontrarse con Dios. Entonces sentirá la necesidad de hablar a los demás acerca de cuál puede ser, por ejemplo, la hondura de una relación familiar cuando Dios está presente en la familia. Entonces sentirá la necesidad de comunicar que el hombre debe ser un hermano para con el hombre, hijo del mismo Padre. Entonces sentirá dentro de si y entenderá, aquella preciosa frase de Pablo de que ningún problema humano me es ajeno. Entonces sentirá la necesidad de trasmitir que cuando se vive cerca de Cristo, se es capaz de decir no y con alegría, a tantas cosas fáciles y que lo único que hacen es dejarnos vacíos.

Pero sobre todo tener claro la principal premisa: el cristiano debe “ir” a los hombres con un mensaje, lo importante es que tenga algo interesante que decir. Muchos tendrían que confesar que su mensaje resulta extraordinariamente soso y apagado, le falta “gancho”, no cautiva a nadie, quizá porque no le ha cautivado previamente a él. Nadie da lo que no tiene.

Vivimos una época increíble de subjetivismo doctrinal y moral. Una época de mucha gente y cristianos bizcochables y sin principios, aunque digan que tienen fe, por eso no sirven para testimoniar el evangelio .El embajador de Cristo no puede hacer «maleable» el mensaje del que es portador. «Llevamos un tesoro infinito en vasijas muy frágiles», decía Pablo. Y no podemos claudicar «ante cualquier viento, moda o jerarca que a veces se cree Dios .El cristiano no puede ir condescendiendo ante los demás, «al son que toquen», en la transmisión de la fe de la cual es testigo. Ni puede abandonarse a un «modus vivendi» que contradiga esa fe.

Muchos acomodan el «credo» y su «moral» a lo que rezaba aquel título de Pirandello -«Así será si así os parece». El cristiano, como Pedro y los Apóstoles, tiene que estar dispuesto a decir: «No podemos menos de proclamar lo que hemos visto y oído». ¿Por qué? Entre otras razones, «porque es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres».

Pero, como somos animales de costumbres no podemos aferramos a nuestras viejas metodologías y pensar que «cualquier tiempo pasado fue mejor». Y esa tentación es muy peligrosa. Ya que los «modos de actuar», como los vestidos, como las modas, envejecen. Por eso San Pablo, ciñéndose exclusivamente a lo principal -ser portador del Mensaje-, decía: «Gastaré y me desgastaré a mí mismo», dejando bien claro que él sabría «contemporizar» con lo «cambiante», pero no con lo «sustancial».

Eso es lo que quiere decir hoy ese pasaje en el que parece Jesús como un intransigente por una parte, y un acomodaticio por la otra. Algo que los antiguos resumieron muy bien en una breve sentencia: «Suaviter in modo, fortiter in re». Pedagogía que tendrían que aprender muy bien los pastores, ocupen el lugar que ocupen en la jerarquía. Y tendrán que aprenderla los padres en esa tarea de cada día que se llama la «educación integral» de sus hijos. Y tendremos que practicarla cada uno en nuestro caminar cristiano, para no ser «cañas agitadas por el viento». Pongámonos en camino, el mundo necesita a Cristo mas que nunca.

Amigos, el Señor nos acompaña:

Aunque, el horizonte, nos parezca oscuro.

Aunque la recompensa, ante el mundo, sea estimada en nada.

Aunque nos falten fuerzas y no existan recursos.

Aunque muchos piensen que, lo que llevamos, no es nada o muy poco.

El Señor nos ayuda:

Para que dejemos de lado lo que nos paraliza.

Para que dejemos de lado lo que nos esclaviza.

Para que dejemos de lado lo que divide en dos nuestros corazones.

Para que dejemos de lado lo que dificulta el dar testimonio.

El Señor está, no nos desanimemos:

Cuando no recogemos fruto.

Cuando nos falta el aliento.

Cuando no somos aplaudidos.

Cuando no somos reconocidos.

El Señor nos trasmite coraje para:

Que nos desprendamos de todo aquello que materialmente no nos sirve.

Que nos desprendamos de nosotros mismos.

Que nos desprendamos de las muletas de la vergüenza o la cobardía.

Que nos desprendamos de todo prestigio personal para hacerle presente.

El Señor se nos hace presente para que:

Pongamos su mano, sobre los enfermos.

Anunciemos su reino, sobre los abatidos.

Llevemos su Buena Noticia, sobre los pesimistas.

Alimentemos con su Palabra, a los muertos espiritualmente.

Alimentemos con su Eucaristía, a los débiles, que solo se alimentan con el pan del mundo.

La Palabra de Dios de este domingo, ya la tenéis pues actualizada . Ahora toca a cada uno decidir poner manos a la obra o ver los toros desde la barrera.

 

Volver
Carmelitas de San José

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies