Ecos del Evangelio

6 julio, 2019 / Carmelitas
Domingo XIV TIEMPO ORDINARIO. Lucas 10,1-12.17-20

Jesús nos continúa enviando a SER testigos del Reino de Dios

 

“Así Jesús nos ha indicado, a sus discípulos, que nuestra misión en el mundo no puede ser estática, sino itinerante”.

Papa Francisco

 

 

 

Jesús siempre llama a salir, a dejarlo todo, a ponerse en marcha; no hacen falta grandes equipajes, ni facturaciones, ni check-in, basta la sencillez de espíritu y la convicción de sentirse enviado.

 

Nuestro mundo navega en el relativismo barato y las fachadas caras; Jesús lo sabe y nos convoca para salir al encuentro, nos hace misioneros, portadores de buenas noticias, está cerca de vosotros el Reino de Dios, y nos recuerda que aún hay lugar para la justicia, la verdad, la gratuidad y la misericordia.

 

El camino otorga la riqueza de la perspectiva, lleva a nuestros ojos a fijarse en la meta y dispone nuestros pies para ponerse en marcha. Jesús nos quiere puestos en marcha, con el equipaje ligero y el corazón lleno de su paz. Aquella que construye puentes, derriba muros, habla con verdad y abre nuevos horizontes.

 

Estamos llamados a ser inventores de solidaridad, creadores de unidad y portadores de justicia; hombres y mujeres capaces de comprometerse hasta el fondo; consagrados que van más allá de las estructuras y saben descubrir a Dios presente en la fragilidad y la pobreza; discípulos que después del encuentro con el Maestro, vivo y resucitado, desean comunicar la alegría y el gozo de la Pascua.

 

Hoy es el momento de levantarnos del sofá del conformismo y dejar atrás las cómodas instalaciones de nuestras seguridades; hoy Jesús nos continúa enviando a SER testigos de que, efectivamente, el Reino de Dios está en medio del mundo.

 

Un reino que supera los discursos vacíos, las políticas fraudulentas y los intereses temporales; un reino que habla con amor del amor, con libertad de la libertad, con pasión de la pasión de Dios por la humanidad.

 

Este mes de julio María, nuestra madre, se hace presente como la estrella que orienta y el faro que ilumina el camino. Ella como la primera discípula y seguidora de su hijo viene a nuestro encuentro, nos conforta cuando el desánimo y el miedo perturban nuestra tarea evangelizadora. Junto a ella pidamos que no falten obreros para la mies, que no falten manos, pies y ojos que derramen la ternura de Dios por los caminos del mundo.

 

 

Hna. Duby Loskary Aldana Avilés CSJ

 

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