Ecos del Evangelio

7 agosto, 2021 / Carmelitas
DOMINGO XIX T.O. CICLO B 2021

 

¡Que triste paradoja! Nunca la humanidad ha dispuesto de tantos adelantos: comunicación por tierra, mar y aire; recursos de alimentación o bienes materiales en abundancia. Y en cambio, que desigualdad a la hora de que todo eso llegue a todos. Y que gran escasez padece tanta gente. Y todo debido a lo de siempre: a la soberbia, al egoísmo y al afán de acaparar.

 

¡Y que triste paradoja! Los que disfrutan de tantos adelantos y bienes, llegan a tener la sensación de insatisfacción, de infelicidad.

 

Algo ocurre y grave, cuando, tanta gente está tan desencantada.
Algo ocurre, cuando tanta gente lo reduce todo al instinto y a la juerga.
Algo ocurre, cuando en tanta gente, se produce esa cadena de hastío, cansancio, insatisfacción y adicciones para evadirse de la realidad, etc.

 

¿Pero no nos damos cuenta de que la vida, no sólo es tener, acaparar, aparentar, conquistar, consumir y evadirse? Tenemos que descubrir ese tesoro que está más allá de lo material, y que es lo que de verdad da sentido a la vida. Pero no somos capaces de pararnos, pensar y rectificar. El ser humano se ha convertido en un caballo desbocado y no se da cuenta de que se dirige a su propia perdición.

 

Y la única respuesta a este desmadre que vive el mundo, es Cristo Y desde ahí hemos de partir para pensar y rectificar.

• De poco sirve tener tantos adelantados.
• De poco sirve que, la ciencia vaya conquistando campos, que hasta unos años eran impensables.
• De poco sirve que, los grandes descubrimientos dejen a la humanidad con los ojos asombrados.
• De poco sirve que, el bienestar del hombre -en muchos rincones del mundo- haya alcanzado cotas impresionantes.
Todo eso que es positivo, ¿de que sirve, si luego a continuación, fallamos y faltamos en lo esencial: el hombre? El hombre es mucho más que materia, estomago e instinto ¿pero tan difícil es darse cuenta?

 

La apariencia, lo material y lo puramente superficial, es el cruel muro que a muchos impide dar el salto a Dios y por tanto dar sentido a sus vidas. A los judíos les aconteció lo mismo: estaban tan aferrados a la ley (y a sus propios privilegios), que el paso del código de normas a Jesús, les resultaba escandaloso, imposible e inadmisible. Entre otras cosas porque, aquello, suponía desmontar muchas ideas y muchos intereses. No estaban dispuestos a apearse de muchos caballos domesticados que se habían fabricado a propia medida. Exactamente como ahora.

 

Ni entonces muchos judíos, ni ahora mucha gente y cristianos en particular, se quieren enterar de que prescindir de Dios, es apuntarse al hambre existencial. Prescindir de Dios, es privarse de ese Pan, que es el único que da sentido no sólo a la vida, sino a la muerte.

 

Hoy, como entonces, también nos encontramos con escenas muy parecidas: ¡Creo en Dios, pero no en la Iglesia que fundó Cristo! ¡Yo me confieso directamente con Dios! ¡Yo la fe me la monto a mi manera! En el fondo, es hacerse un dios a imagen y semejanza de mis intereses; un dios a mi antojo; un dios a mi capricho y sometido a mi ley particular; un dios de usar y tirar.

 

 

Es decir, dios soy yo, y el Dios Padre de Jesucristo está a mi servicio. Pues atentos hoy al evangelio: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre”. Que es lo mismo que decir: “el que no coma de este pan NO vivirá para siempre”.

• No se conoce a Dios.
• No se relaciona uno con Dios.
• No se vive la vida de Dios, cuando cada cual, lo hace a su manera y a su antojo.

 

Pero es que Cristo, vino precisamente para enseñarnos el Único Camino que puede llevarnos a buen puerto. Y el camino es Él mismo. No hay otro camino, ni otra manera de vivir la fe, ni la vida de manera autentica, que la que nos enseña con su vida Cristo.

No reduzcamos nuestra vida a un ir tirando. No reduzcamos nuestra fe a montármela a mi manera”, porque nos daremos de bruces. Preocupémonos de buscar siempre razones, momentos y personas que nos ayuden para “ir creyendo y viviendo en Jesús”, porque Cristo no nos puede hablar mas claro.

 

Y lo digo para que nadie se engañe, porque hoy el mismo Cristo nos lo recuerda en el Evangelio. Y lo digo, para que nadie se lleve sorpresas.

 

Proclamar que Jesús de Nazaret, es la salvación del mundo, es mucho decir. Y es lo que nosotros proclamamos en la Eucaristía.

• Que sólo Él puede saciar el hambre de felicidad, de eso no cabe duda.
• Que nuestra vida y nuestra inteligencia del mundo, será integras si nos dejamos guiar por Cristo, de es no cabe duda.
• Que todos los demás caminos no conducen a nada, de eso no cabe duda.
• Que sólo en Jesús de Nazaret puede realizarse el hombre en plenitud, de eso no cabe duda.

 

 

Cristo apareció en la humildad de nuestra carne, en pobreza y sencillez. Y su mensaje fue tan natural y sencillo que provocó el escándalo. No impartió una doctrina complicada y sofisticada. No dictó una moral impracticable. Por eso, los rabinos, los escribas, los prepotentes judíos no podían aceptar sin más a Jesús. Era todo demasiado extraño, demasiado nuevo, y demasiado revolucionario.

 

Lo que Jesús ha traído a este mundo, de seductor es algo muy sencillo y muy pobre, pero es la fuerza mayor del mundo. Jesús ha sido y es, el hombre-para-los- demás. Su vida ha sido y es, ser-para-los-demás, y esto, es lo más grande que ha existido, existe y existirá. Y con todo y con eso, el hombre, no hay manera de que rectifique para su propio bien. Y la razón es:

 

• Porque el hombre, es un soberbio y un orgulloso desde el minuto uno de su existencia.
• Porque el hombre, se hace eje de sí mismo en vez de girar en torno a los demás.
• Porque el hombre, explota al hombre, y esto, engendra violencia y nuevo egoísmo.
• Porque el hombre, es tan inconsciente, que no se da cuenta que al volverse hacia sí mismo y regodearse en su egoísmo, le lleva a la desnudez, como Adán y Eva después del pecado, que estaban desnortados.
• Porque el hombre, se ha aferrado a sí mismo como único punto de referencia y se ha quedado en la más amarga de las soledades.

 

 

¿Tanto cuesta darse cuenta de que hay que rectificar, porque nos va la vida? La bondad y el amor NO PROVOCAN la ira; ni utilizan la violencia; ni acumulan poder. El corazón del hombre está hambriento de algo más que de pan y de poder. Y Jesús trae algo muy sencillo y lo único que puede saciar esa hambre: un mensaje de bondad y de amor. La bondad desarma los malos corazones; elimina las barreras; hace que bajemos la guardia ante nuestro hermano. Y por eso es el único camino valido. Y eso es lo que celebramos en la Eucaristía. Por eso es tan esencial y tan decisiva.

 

Porque en la separación entre el culto litúrgico y el culto existencial, está la enfermedad endémica y terrible del cristianismo. De tantos cristianos de nombre, que profesan la fe de Cristo y la niegan prácticamente en una vida dominaba por el egoísmo, hasta la violación de los derechos del prójimo y la explotación de los débiles.

 

En quien celebra con fe la Eucaristía, se produce:

El milagro del amor sin farsa.
El milagro de la fe sin fisuras.
El milagro de las manos abiertas.
El milagro de darse sin agotarse.
El milagro de vivir eternamente.
El milagro de creer y esperar.
El milagro de amar y entregarse.
El milagro de, perdonar y olvidar.
El milagro de mirar más allá de uno mismo.
El milagro de amar al mundo, aunque no comprenda al mundo.
El milagro de tenerlo todo, cuando uno ha encontrado a Cristo.

 

¿Es pan de primera, ¿Cristo, en las mesas donde nos sentamos? ¿Es pan de verdad, ¿Cristo, en nuestras conversaciones? ¿Es pan de justicia, ¿Cristo, en nuestras obras?

 

¿Es pan de silencio, ¿Cristo, en nuestra oración? ¿Es pan de misericordia, ¿Cristo, en nuestra dedicación a los demás?

 

No lo olvidemos, por favor. Lo he dicho alguna vez y lo recuerdo. Cristo no vino a este mundo para darse un garbeo y dejarnos una enseñanza maravillosa, No vino a hacer unos cuantos milagros para dejarnos impresionados y después marcharse…Vino, para que nosotros podamos llegar a alcanzar la felicidad que Él ya posee.

 

Y como dice San Agustín, la manera de llegar a Él que está en todas partes, solo se consigue amando. ¡Qué no, que esto de ser cristiano, no es un juego, ni un pasatiempo, ni una distracción emotiva! ¡Que no!

 

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