Ecos del Evangelio

10 agosto, 2019 / Carmelitas
DOMINGO XIX T.O. CICLO C 2019

 

Comprended que…

 

DOS AFIRMACIONES de Jesucristo en el evangelio de hoy, nos deben hacer pensar y mucho sobre nuestras vidas, para no caminar por senderos equivocados.

 

1ª-«Donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.» Cortante y directa. Esta frase de Jesús encierra una gran lección de vida. Los hombres de todos los tiempos, han puesto su corazón en aquello que consideran su tesoro y se han movido como atraídos por él. Y para conseguirlo fuerzan el ritmo de su corazón hasta límites insospechados. Por eso es tan importante saber dónde está el tesoro de una persona, porque sabremos cómo y cuál va a ser su vida.

 

Si hiciéramos una encuesta de urgencia y preguntásemos: Y usted, ¿dónde tiene su tesoro? Quizás obtendríamos algunos resultados como los siguientes:

 

Para unos, el tesoro sería: el poder, el placer, el reconocimiento, el dinero. Y sabríamos que sus vidas son una lucha frenética y constante para conseguirlo. Sus corazones están las 24 horas tras esos tesoros de barro, hasta que se presenta el infarto de turno, la corrupción o lo que sea menester, porque están en una competición sin descanso. A estos tesoros se apuntan una autentica «legión», entre los que están no pocos cristianos sin ningún rubor.

 

Para otros, el tesoro sería: las reivindicaciones del hombre, la justicia social, etc. Y también para conseguirlo emplean lo mejor de su esfuerzo a un ritmo ciertamente intenso y trepidante. Afortunadamente, muchos hombres han puesto su mira en algo más importante que el dinero, el placer o el poder; en algo que es más importante: el hombre, pero por desgracia, solo en su dimensión material. Y aquí, ciertamente también muchos cristianos.

 

Para otros, finalmente, el tesoro podría resumirse en una sola frase: conseguir el reino de Dios. Y aquí, según las estadísticas de cristianos, debería haber millones y millones, pero la realidad de la vida cristiana de muchos se encarga de desmentirlo. Porque, de verdad, seamos sinceros: ¿Que % persigue el reino de Dios por encima de todo? ¿Que % es hoy capaz de decir que su tesoro está en ser fiel a su fe hasta el máximo de las exigencias que esta fe le exige?

 

Todos conocemos la imagen del buscador de oro. Sin tregua ni descanso, por encima de los fracasos, no para de cavar, convencido de que en un golpe de martillo saldrá la chispa brillante que iluminará el resto de su vida. Ahí está su fe viva y operante, activa y enérgica. ¿Son así los cristianos en relación al Reino de Dios? Pues me temo, que una gran mayoría no.

 

Cuando estemos en casa, con un poco de paz y sosiego, atrevámonos a preguntarnos sinceramente como Pedro: Señor, ¿esta parábola la has dicho por todos o también por nosotros? Quizá en el interior- no se de cuantos-, sonaría una voz clara y contundente que les contestaría: Esto lo he dicho también por ti.

 

¿Yo me pregunto como puede ser que un cristiano, que se considere creyente, puede hacer suyas, máximas como las siguientes?: «Tanto tienes tanto vales. Existe aquello que ves. Fíate de lo que tocas. No hay otra realidad superior al propio hombre». No amigos, no. Como decía el emérito papa Benedicto XVI: «Ante Dios, nada vale la ropa que llevas, o el teléfono móvil que utilizas; no le importa si vas a la moda, le importas tú. A sus ojos, vales tu, y lo que vales no tiene precio»

 

Un anciano a su nieto, le instruía con lo siguiente: “tengo en esta mano una moneda de dos euros; pero, si te esfuerzas un poco más, te garantizo que en el jardín, en un lugar escondido, tienes cien más”. El niño le contestó: “abuelo, dame esa moneda hoy, que las otras….ya los buscaré otro día”.

 

¡Cuantos en el fondo son un poco como este niño! Lo inmediato les puede y les vence. El esfuerzo, la vigilancia, el sacrificio, el compromiso, no están de moda Muchos optan por “los servicios mínimos”, “cumplir el expediente”, “unos rezos de vez en cuando”, “hoy sí, pero mañana no”, “la fe me la cocino a mi manera”, etc., etc. ¿No es hora ya de tomarse en serio las cosas de Dios según el evangelio y ser coherente o dejarlo? Por treinta monedas vendió Judas al mejor amigo y, a veces, por cuanto menos, muchos, delegan, olvidan o marginan a Jesús de sus vidas.

 

Si de verdad esperamos algo bueno, ¿por qué muchos no dan razón de ello? ¿Por qué tanta rutina, mediocridad e indiferencia en la vida cristiana de muchos? ¿Por qué el testimonio valiente brilla por su ausencia en no pocos? ¡Fuera por favor complejos, medias tintas, timideces absurdas o miedos a ser señalados! ¿Acaso no es mejor morir con la cabeza alta, que cerrar los ojos al mundo con la sensación de haber sido simples gallinas de corral?

 

2ª- Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas: «Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame» Dios vino, viene y vendrá. El cristiano debe esperar, acoger y vigilar.

Mi pensamiento se va a la orilla de cualquier costa sembrada por los legendarios faros. Siempre encendidos y con su importante cometido: vigilando para que los barcos lleguen a buen puerto. La vigilancia cristiana puede estar perfectamente representada por ese faro que espera a que su Señor llegue en cualquier momento.

 

Necesitamos despertar de tanta pesadilla que nos amordaza y nos manipula. Necesitamos ser “guardas jurados” de nuestra vida cristiana para que, cuando el Señor llegue, nos encuentre creyendo, amando, cantando y pregonando sus alabanzas.

 

Existe una vieja leyenda que me contó un amigo sacerdote sobre un escultor de un Cristo penitente del siglo XVII. Había tallado y finalizado su obra cuando, de una forma imprevisible, la imagen le habló: “¿dónde me has visto que tan bien me has tallado? El artista le contestó: “en mi corazón Señor”. Eso es amigos. En el corazón es donde hemos de guardar un lugar privilegiado para que Dios siga hablando y nos siga diciendo algo. Puede ser que el mundo se empeñe en pontificar que es de día cuando, en realidad, bastantes almas y bastantes contemporáneos nuestros viven en una interminable e insoportable noche. Frente a ello hemos de seguir subiendo hasta la azotea de nuestra vida para encaminarnos con fe y con esperanza hacia el futuro.

 

El mundo es una «sinfonía inacabada», y cada uno debe aportar su personal melodía. No una melodía para ser cantada, bailada y gozada en el salón cerrado de nuestro propio «yo», sino en ese gran templo de los hijos de Dios que es el Reino. Lo cual quiere decir que tenemos que ser protagonistas no sólo de la espera del Reino, sino de su construcción. Dios nos ha dado unos talentos que debemos administrar y hacer fructificar.

 

Debemos tener muy claro que hay que tener un orden de valores que evidentemente no coinciden con el orden de valores de nuestro mundo. Es más bien un ir contracorriente, es lo de «haceos talegas que no se echen a perder», lo del «tesoro inagotable en el cielo» del evangelio de hoy. «Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá». El Señor por puro amor se fijó en nosotros.

 

Las palabras finales de Edith Stein en su última carta, escrita a su priora durante su camino hacia Auschwitz, decían así: «la sabiduría de la cruz, solamente se puede conseguir si se siente cómo su peso carga sobre uno mismo». Estaba convencida de ello desde el primer momento. «Por fe» supo Edith Stein cargar con la cruz para entrar finalmente en «la luz que no tiene sombras». Naturalmente, estaba preparada y en vela cuando llegó su Señor.

 

Se ha dicho que «más vale pájaro en mano que ciento volando». Pero el pájaro en la mano es sólo un prisionero, una víctima. La verdad es que vale más un pájaro volando que mil en la mano. Todos esos refranes, y muchos más, han nacido del miedo y sólo sirven para disimular el miedo y la inseguridad. Por eso no valen para la vida, que es libertad y riesgo.

 

¿Qué papel y qué significado juega la fe en nuestra vida? ¿Estamos convencidos de que merece la pena fiarse de Dios? ¿De verdad? ¿Entonces estamos dispuestos a ponerlo a mandar en nuestras vidas? Quien así lo haga, no se arrepentirá, al revés, se dirá así mismo:¿Pero, cómo no lo he hecho antes?

 

 

 

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