Ecos del Evangelio

11 julio, 2020 / Carmelitas
DOMINGO XV T.O CICLO A 2020 

 

Durante tres domingos leemos el capítulo 13 de Mateo, el capítulo de las parábolas del Reino. Con la parábola del sembrador de hoy, Cristo explica el significado auténtico de su propia misión: sí, yo soy el Mesías, pero no de la manera, ni según el estilo que vosotros imagináis.

 

No he venido a juzgar, sino a salvar a través del amor sostenido por la paciencia

No he venido para cosechar, sino para sembrar.

No he venido a imponer nada, sino a poner en su sitio las cosas a través del amor, que es la única manera de ponerlas.

No he venido para hacer personas robots, sino personas convencidas.

 

 

Por eso el evangelio resalta la figura del sembrador. Pero también insiste Cristo, en los varios tipos de terreno, y por tanto en la responsabilidad de cada uno de nosotros.

 

La parábola NO nos proyecta hacia el futuro, sino hacia el presente. Todavía hay quien se obstina en decir que la parábola de hoy es la de la confianza en el éxito final. NO. Es la parábola de la confianza en la siembra actual, a pesar de los pesares. Y que lo prioritario es la siembra, no la cosecha. La tarea especifica de Cristo fue la de sembrar y tener paciencia, no la de clasificar, separar y segar antes de tiempo. Y esa debe ser también la tarea de todo cristiano y de la Iglesia. Saquemos pues varias enseñanzas.

 

La 1ª. Con frecuencia nos sentimos angustiados:

¿Por qué tanta fatiga desperdiciada?

¿Por qué se obtienen unos resultados tan modestos?

¿Vale la pena insistir?

¿Qué se consigue?

¿Para qué tantos esfuerzos, tantos sacrificios, tantas esperanzas vanas?

 

Es la preocupación equivocada por los resultados, por sacar las cuentas, las estadísticas ¡Tengamos claro, que lo nuestro, es sembrar y tener paciencia al igual que Cristo!

 

La 2ª: la parábola del sembrador sirve también, para desenmascarar el equívoco de fondo de no pocos cristianos: el seguir viviendo en las apariencias, y en la comodidad, en vez de dedicarse a sembrar. Esa fe acomodaticia, reducida, al cumplimiento dominical de fin de semana.

 

La 3ª: El sembrador no elige un terreno determinado, solo describe los diferentes tipos de terreno. No dice en que terreno se debe sembrar y en cual no; de que terreno se puede esperar algo, y que terreno se debe dar por inútil. Por tanto, nuestro quehacer no consiste en clasificar los varios tipos de terreno, en trazar el mapa de las posibilidades (una tentación siempre amenazadora). Nosotros debemos poner a prueba todos los terrenos.

 

Tenemos que arriesgar la palabra, sembrarla por todas partes. Quiero decir, que debemos aprender a «malgastar» la simiente. Aprender a hacer numerosos gestos » aparentemente inútiles».

 

La 4ª. No olvidemos que la semilla, que es la palabra, tiene también el poder de transformar el terreno, puede romper las rocas, abrirse paso en una tierra que nos puede parecer estéril. La semilla no se resigna a las condiciones de la tierra que encuentra. La palabra es creadora, basta dejarla obrar. La palabra puede transformar el «corazón de piedra» en «corazón de carne». Pero eso no es razón para que muchos estén cruzados de brazos.

 

 

La semilla se pierde de verdad, sólo cuando se queda en las manos cerradas de un sembrador calculador, es decir de un sembrador que no se dedica a amar aun a riesgo de no ser correspondido».La semilla se pierde cuando el sembrador no «sale» para no poner en peligro la palabra. La semilla se pierde cuando el sembrador no sale por miedo a que su amor sea rechazado.

 

Es necesario poner en peligro el amor, ofrecerlo, esparcirlo, sin mirar si dará resultado o no. Así lo hizo Cristo y eso es lo que nos manda con esta parábola.

 

Subrayemos, finalmente, una frase: «El que tenga oídos que oiga». Yo traduciría: tiene oídos solamente el que quiere entender, es decir, el que escucha y no solamente el que oye. Porque el que escucha es el que hace suyo el mensaje del evangelio y se compromete a llevarlo a cabo. Es decir, se deja fascinar por Cristo y su mensaje. Toma postura ante Él, y lo hace vida de su vida. Por que si no, si solo oigo, entonces por un oído entra el mensaje y por otro sale.

 

¿Cómo van a entender el evangelio los que viven seguros de poseer la verdad, sentados cómodamente en el sillón de la fe, sin ningún compromiso con Cristo en su comunidad, y con todo lo que conlleva evangelio? Son los cristianos burgueses que solo entienden lo que da razón a su modo de vivir, lo que les conviene, porque así pueden seguir su particular formar de ser cristianos. Pero lo siento, estos son los cristianos ateos. Viven en la apariencia y en el puro cumplimiento.

 

Para entender tendrían que cambiar su manera de entender a Cristo. Y por su puesto no están dispuestos, porque si hacen suyo al Cristo del evangelio desmontaría la fe que se han fabricado, que nada tiene que ver con el evangelio. Necesitarían dudar, y es lo que no harán nunca.

 

Por eso a continuación Cristo dice en la parábola: «Al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene». Los que no respondan con su vida a las palabras de Jesús perderán paulatinamente lo que han recibido. Los ejemplos no faltan: cristianos que en un tiempo vivían un compromiso serio, empujaban con sus palabras y con sus vidas para que la Iglesia fuera más fiel al evangelio…, y de pronto perdieron toda su ilusión porque se han instalado en la rutina y alrededor del mandatario de turno, así se vive mas cómodamente y el evangelio no les interroga. ¡Triste, muy triste!

 

 

Hay tres actitudes básicas-pues- que debemos tener si de verdad se quiere seguir a Cristo:

 

1-Escuchar y acoger la palabra, fiarse de ella y aplicarla a nuestra vida, antes de predicar a los demás.

2-Escucharla con entusiasmo y no dejarla cuando nos exige esfuerzo y constancia.

3-Tener siempre ánimos, y si no, pedir ayuda para irla llevando de verdad a la práctica. ¿Como es posible que después de 2000 años esto no esté claro?

 

 

Lo mas bonito de la vida es hablar claro, y mas si se trata de Cristo y su Evangelio, pues hablemos claro:

 

No es el Evangelio el que ha perdido fuerza humanizadora, somos nosotros los que lo estamos anunciando con una fe débil y vacilante.

 

 

No es Jesús el que ha perdido poder de atracción, somos nosotros los que lo desvirtuamos con nuestras incoherencias y contradicciones.

 

La crisis que estamos viviendo nos está conduciendo a la muerte de un cristianismo de salón, de sacristía, pero también-gracias a Dios- al comienzo de un cristianismo renovado, más fiel a Jesús, más evangélico.

 

El Evangelio tiene fuerza para engendrar en cada época la fe en Cristo de manera nueva. También en nuestros días, a pesar de que muchos se tomen la fe como un pasatiempo, o una distracción.

 

 

Gracias a Dios, cada vez esta mas claro para quien lo quiera entender, que se acabó el distraer a la gente con cuatro normas y ritos. Es la hora, y urgente, de sembrar en los corazones lo esencial: la persona de Cristo y su Evangelio.

 

Tenemos pues, que poner todos de nuestra parte, para salir de este atolladero en que esta el cristianismo. ¡Hemos recibido y recibimos muchísimo! y es hora de corresponder.

 

No podemos guardar, el tesoro de la fe, en el banco de nuestros propios intereses.

No podemos consentir que, la semilla de la fe, se pierda por falta de interés, por timidez, por falsas vergüenzas o, simplemente, porque no nos hemos preocupado de regalarla con el abono de la oración, la Palabra de Dios, la Eucaristía y la caridad que dimana de ella.

 

¡Así pues, otro domingo mas, tenemos materia para meditar y sacar consecuencias para la vida, que para eso escuchamos la Palabra de Dios!

 

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