Ecos del Evangelio

8 julio, 2021 / Carmelitas
DOMINGO XV T.O. CICLO B 2021

¡DIOS NOS HA ELEGIDO!

 

 

El Evangelio es siempre vivo y actual. Por eso mismo, el encargo que recibieron aquellas primeras generaciones de cristianos sigue vigente. La persona que les dio el encargo es la misma que nos lo ha dado a nosotros: Cristo. Y el encargo no ha variado: el Evangelio. ¿Entonces que es lo que ha cambiado? Pues lo que desgraciadamente falta hoy en muchos cristianos:

1) Falta el convencimiento de ser cristianos.

2) Falta el tener la fe como algo nuclear e imprescindible.

3) Falta la naturalidad y la sencillez con la que vivían su fe.

4) Falta el coraje y la decisión con la que testimoniaban su fe.

 

 

Aquellos hombres y mujeres que gozaron con la presencia del resucitado, se fortalecieron con la oración y con el pan de la Eucaristía todos los domingos. Y eso les ayudó a sacudirse y a quitarse de encima todo lo que les estorbaba, para ser canales por los que siguiera corriendo el agua fresca que Jesús trajo con el Reino de Dios.

Cuántos de ellos, sin más bastón que el apoyo en Dios, supieron fiarse de Él y seguir adelante por su nombre.

Cuántos de ellos, sin más alforja que la confianza en Dios, marcharon por esos mundos de Dios, pregonando a los cuatro vientos que Jesús era el máximo bien añorado por todos los tiempos.

Cuántos de ellos, sin más dinero que el esperar a que amaneciera para buscar el sustento y poder comer, no se limitaron al pan que calma el hambre, sino que volcaron su ser también, en el afán de vivir y dar a conocer el evangelio.

Cuántos de ellos, sin más vestido que la sencillez, la naturalidad, el coraje y el convencimiento del regalo que tenían entre manos, no se dedicaron a mirarse al espejo, o programar sus distracciones, porque no podían poner en jaque la fe. Y por tanto, sabían que no había tiempo que perder.

 

 

Sí, el evangelio es siempre vivo y actual, por eso mismo, debemos preguntarnos.

 

• ¿Y nosotros, que hemos hecho del encargo que también hemos recibido?

• ¿Nos sentimos enviados por Jesús o simplemente miembros de una asociación con derechos y sin obligaciones?

• ¿En qué nos recreamos? ¿En la moda o en la felicidad que da el ser?

• ¿En la apariencia o en la sobriedad?

• ¿En la oración o en una agenda pletórica de todo, menos de Dios?

• ¿Cómo reaccionamos ante las contrariedades?

• ¿En huida hacia delante, o dando razón de nuestra fe?

• ¿Manifestando lo que somos, o diluyéndonos como si fuésemos sal en un vaso de agua?

Amigos, ¿ en que queda un cristiano, que nos es responsable, coherente y activo con su fe?

 

 

 

Los misioneros, no solo hacen falta en países del tercer mundo, sino aquí, en este pueblo donde vivimos: en nuestras familias; en nuestra cuadrilla de amigos. No hace falta marchar a miles de kilómetros para anunciar el Evangelio. Los más cercanos a nosotros, necesitan de un primer o segundo anuncio del Señor. Pero antes, tenemos que estar convencidos nosotros y obrar en consecuencia.

 

• A nosotros, que estamos tan acostumbrados a ir por la vida, fletados en seguridades;

• A nosotros, que vamos con la tarjeta de crédito como acompañante.

• A nosotros, que vamos al grito de la última moda y con un refresco en la mano cuando hace calor….,

• Sí, a nosotros, el Señor nos pide un poco de tiempo; una opción por el compromiso; un poco de desprendimiento y saber salir airosos de las situaciones que nos impiden el realizar nuestra misión de bautizados.

 

 

 

La fe, si no tiene una dimensión de vivencia y de contagio no es fe. Cuando uno tiene fe de verdad, entonces la siente, la celebra, la vive, la transmite. Sabe que, ese tesoro, es imposible guardarlo bajo cuatro llaves. Así lo entendieron y lo dieron a conocer los apóstoles y las primeras generaciones de cristianos. Pero, la realidad hoy día está ahí, es incuestionable: un porcentaje altísimo sigue con una fe de oídas, ocasional, y decorativa. Hay que hacer frente a este momento crucial de la fe que vivimos. Y lo primero es la responsabilidad de ser coherente.

 

 

Y como se pone coherencia en la fe.

1) Con el conocimiento de aquello que decimos creer y de Aquél al cual decimos seguir.

2) Con la formación, y formación, a partir del evangelio, que no adoctrinamiento. Nadie puede ofrecer lo que no tiene o no conoce. Y el desconocimiento de Cristo que es el fundamento de nuestra fe es general, triste y lamentable.

3) Con el salir de las trincheras de nuestra timidez apostólica. ¿Hacemos algo por nuestra fe? ¿La cultivamos en nuestro ámbito familiar, afectivo, social, económico? ¿Somos conscientes de que, la fe, además de personal tiene un componente colectivo?

 

 

No es fácil, ser cristiano, pero nunca lo fue. Entre otras cosas, porque implica no doblegarse ante la voluntad del mundo.

• Hay que ser profeta, que anuncie, pero que también denuncie situaciones que llevan a la injusticia, a la degradación de la vida, al olvido o manipulación de los derechos del hombre.

Hay que ser profeta, para ir contracorriente en un mundo tan acostumbrado a ser plastilina en manos del manipulador o tirano de turno. Todo esto esta de más, si uno, no está convencido de su fe, si uno, no la considera como algo vital.

 

 

En la segunda lectura de este día, San Pablo nos anima a continuar en nuestra tarea: ¡DIOS NOS HA ELEGIDO! Y, si el Señor nos ha elegido, nos acompaña en nuestros avatares, dificultades, proyectos, inquietudes y desvelos. No podemos defraudar a Aquél que, en Cristo, nos llama a “ser irreprochables por el amor”.

• La fe, no podemos recluirla en lo intimista o en el sentimentalismo ocasional.

• La fe, se expande allá donde existe un afán evangelizador.

• La fe, crece donde los cristianos, sintiéndose tocados y elegidos por Dios, no se repliegan y saben que están llamados a ser profetas o a altavoces del Evangelio.

• La fe, es tan importante e imprescindible para la vida, que si fuéramos conscientes, seguro que no la relegaríamos a un simple sentimentalismo devocional.

 

 

Todos, desde el momento de nuestro Bautismo, insertados en el Cuerpo de Cristo que es su Iglesia.

 

Todos, estamos convocados y urgidos a desarrollar con nuestros carismas, habilidades, dones, talentos e inteligencia- la misión personal que se nos encomendó, y que nada ni nadie en nombre de nosotros podrá realizar. ¿Por qué? Porque cada uno, allá donde está, debe dar su peculiar color a su vida cristiana y, con su vida cristiana, color a todo lo que le rodea.

 

 

Necesitamos cristianos convencidos. Hombres y mujeres que, siendo conscientes de que creen y esperan en Jesús, están llamados a participar de la encargo de Jesús: “ID por el mundo”.

 

 Y hay que hacerlo, por supuesto, en comunidad. No está bien llevar a cabo, las cosas de Dios, en solitario.

 Y hay que intentar, quitar hierro a tantas situaciones que se producen en nuestro entorno.

 Y hay que alejarse, de todo aquello que nos haga pensar que, la evangelización, depende sólo y exclusivamente del factor humano.

 Y hay que llevar al mundo, sin imposiciones, la alegría del Evangelio.

 Y hay que hacerlo sin demora, y en el día a día. Por eso…

 

Para hoy, dame Señor, entusiasmo para actuar en cada momento del día, con una entrega total.

Para hoy, dame Señor, paciencia y una gran fortaleza para aceptar los detalles que Tú me vas a mandar.

Para hoy, dame Señor, capacidad para Amar a todo el que se cruce mi camino.

Para hoy, dame Señor, el don de aceptar a las personas como son y de disfrutar mi vida como es hoy.

Para hoy, dame Señor, tiempo para Orar, para llenarme de Tu Amor, olvidarme de mis penas y entregarme al servicio de los demás.

¡AMÉN!

 

 

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