Ecos del Evangelio

15 julio, 2016 / Carmelitas
DOMINGO XVI: Marta y María

DOMINGO XVI TIEMPO ORDINARIO Hoy, el Evangelio nos presenta a Jesús que va de camino de un sitio a otro, un Jesús que no sólo se dedica en anunciar la Buena Nueva sino que también comparte su tiempo con sus amigos, se detiene y entra en la aldea donde se encuentran dos mujeres: Marta y María. Una visita inesperada para aquellas dos mujeres, María le parecía mentira que el Maestro estuviera en su casa, sentía en su corazón que ahora era el momento de escucharle en silencio aquellas palabras de vida. Vemos como María se sienta a los pies del Señor. El recogimiento que vemos en María es el estar necesitada de la Palabra de Vida y siente que es el momento oportuno para alimentar su alma, por eso lo deja todo, no importa cuánto haya que hacer. En cambio Marta va de un lado a otro a toda prisa ya que por lógica cuando hay invitados, los oficios de casa son más, porque hay que tenerlo todo a punto. Pero, ¡claro! una no da abasto en hacer la comida, limpiar la casa, poner la mesa, etc. Marta se encuentra en un momento de desesperación que siente que no llega a todo, porque desea que todo salga bien. Y no resiste más… Le dice a Jesús… “Señor no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio, dile que me eche una mano”. Jesús, estima a las dos pero las palabras de Marta dirigidas a Jesús… ¿no te importa? Es como si sonara a un reclamo, insinuándole a Jesús que mostrará más aprecio por una hermana que por la otra. Está claro que Jesús nos quiere a todos con el mismo amor y no desea para nosotros vernos agobiados por el trabajo. Jesús sabe cómo dirigirse a nosotros y le contesta con esta palabras, ensanchando el espacio donde ella, Marta, pueda ver qué es lo más importante, que discierna “entre lo urgente y lo importante”, que no son lo mismo. “Marta, Marta te preocupas y te agitas por muchas cosas, y hay necesidad de pocas o mejor de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada” está claro que las palabras del Maestro no se refiere al servicio, sino que hace hincapié en que Marta se había agitado mucho ya con el trabajo, y la ocupación se le había vuelto ya una preocupación que ya no podía cargar, perdió el control de ella misma y la paz que tenía por un momento fue perdida. Lo mismo nos puede suceder a nosotros el activismo nos puede envolver. Esta vida extraviada que llevamos muchas veces en nuestros apostolados, donde queremos abarcar todo, estar en casa y al mismo tiempo estar fuera, llevamos muchas veces una vida muy agitada, pero estamos olvidando que una cosa es la más importante que todas, el encuentro a diario con el Maestro, que es donde cogemos fuerzas para llevar acabo todo lo demás. Santa Teresa de Jesús nos indica que “Marta y María siempre han de ir juntas”. Hna. Lidia Damian Solano. CdSJ

 

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