Ecos del Evangelio

17 julio, 2021 / Carmelitas
DOMINGO XVI T.O. CICLO B 2021

«Venid a un sitio tranquilo a descansar un poco».

 

 

El hombre actual, esclavo de «la sociedad de la eficacia», está perdiendo capacidad para celebrar, para hacer fiesta y para disfrutar con sentido y gozo verdaderos. Y lo sustituye por el jolgorio y el desenfreno, dando bandazos y sin saber a donde va. El hombre actual, ha logrado muchos adelantos y muchos avances, pero luego no sabe disfrutar de esa vida. El hombre actual, no entiende, que no es una máquina de producir y consumir.

 

 

Sino que es un ser, que necesita encontrase consigo mismo y redescubrir las raíces mismas que dan sentido a su vida. El hombre actual, tiene que descubrir que el descanso verdadero no es tiempo muerto; no es repliegue egoísta sobre sí mismo; no es aburrimiento insoportable; no es obligación de evadirse a costa de lo que sea.

 

 

El descanso ha de ser «re-creación», que nos libera de nuevo para la vida y el amor. Y cuando eso no se produce, entonces el hombre se encuentra con su propio vacío y su incapacidad de comunicarse con un poco de ternura, ni siquiera con las personas más cercanas. Por eso, las vacaciones y el descanso se convierten en una huida alocada. Y entonces el descanso en un esfuerzo vano por llenar el vacío interior, acumulando experiencias siempre nuevas, buscando estimulantes siempre más fuertes o dejándose estrujar de manera infantil por «la industria del tiempo libre».

 

 

Y como consecuencia de lo anterior llega el aburrimiento, porque uno mismo, con su propio vacío, se convierte en la fuente y la causa de su propio tedio. Y entonces nos surge la exclamación: ¡No puedo más! Cuando se llega a este extremo, es bueno escuchar una vez más la sabiduría de Pascal: «He dicho con frecuencia que, toda la desgracia de los seres humanos, procede de una sola cosa, que es no saber permanecer en paz dentro de una habitación».

 

¡No puedo más! .Esta exclamación, seguro que ha salido desde nuestro interior mas de una vez. ¡Pueden con nosotros los problemas, los agobios, las deudas, las situaciones! ¿Dónde encontrar paz, cuando estamos en un estado de agobio, de desaliento y de hastío; extenuados de tanto activismo y activismo? ¿Dónde acudir, cuando ya no vemos salidas y nos resignamos y tiramos la toalla? Pues ya lo hemos escuchado en el evangelio, de labios de Cristo: “Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco”.

 

 

La Palabra de Dios, lejos de ser opio, es la vitamina fundamental para la vida. La Palabra de Dios, nos recompone. Rejuvenece nuestro espíritu. Y nos ayuda a ver el vaso de la vida medio lleno y nunca medio vacío. La Palabra de Dios, nos echará un capote en aras a recuperar esas fuerzas que, la lucha de cada día nos hace perder por el camino.

 

La Palabra de Dios hace que recuperemos en la fuente del altar, la paz y el amor que tanto necesitamos y, a pesar de eso, muchos la arrinconan o la desprecian. La Palabra de Dios nos espera, pero si no damos el paso de consultarla, no puede ayudarnos. La Palabra de Dios, es la única palabra que nos llevará a dar el sentido verdadero a la vida y a que seamos personas integras.

 

 

Sí, la Palabra de Dios, celebrada y vivida, es el autentico antídoto. Sí, la Palabra de Dios, es la única que puede contrarrestar esas autopistas con mil seducciones que nos ofrece la sociedad Esas ofertas y rebajas de felicidad y placer, de satisfacciones y relax. ¿Pero que ocurre? Que todo lo lo anterior es flor de un día. Gaseosa que pierde enseguida su fuerza. Y entonces se llega, a la vaciedad, al vació, al sin sentido, por mucho que no se quiera reconocer.

 

 

Urge, al hilo del Evangelio de este día, hacer un balance de nuestra vida cristiana, y mientras mas tardemos peor. ¿En qué estamos fallando?¿Forma el Señor parte del gran entramado de nuestra vida o sólo le dejamos el ático de nuestro vivir y la popa de nuestra barca? ¿Estará el Señor contento de nuestra acción evangelizadora? ¿En qué estamos echando el resto como personas y en ideas?

 

 

Todos, sacerdotes y no sacerdotes, estamos llamados a vivir primero las verdades de nuestra fe y después a trasmitirlas. Y, esa transmisión, puede quebrarse cuando cada uno de nosotros no pone coherencia compromiso y coraje en la transmisión de lo que dice creer. Por ejemplo…

 

-Cuando no hablamos de Dios en la familia y la Biblia la tenemos como un objeto de adorno. Y en cambio, ponemos el centro de atención en los ídolos de turno.

-Cuando ni pensamos siquiera en bendecir la mesa, o rezar en familia. Y en cambio NO nos olvidamos de la televisión, la tablet, los sofisticados teléfonos y el ordenador, y se convierten así en los grandes protagonistas.

-Cuando prima el elemento material y de espectáculo en las celebraciones sacramentales (comuniones, bodas…).Y en cambio olvidamos lo sagrado de lo que celebramos.

-Cuando la vida de fe se arrincona una y otra vez, y la gente se queda tan tranquila.

¡Cuántas veces, pensamos que Dios tan sólo es un sueño, un espejismo en medio del desierto de la vida!

¡Cuántas veces, ahogamos la voz de Dios que nos quiere hablar, porque solo prestamos atención a la nuestra!

¡Cuántas veces no hacemos caso a Dios y lo cambiamos por los gritos simplistas del mundo!

 

¡Ay si descubriéramos, que DE TODAS las voces que escuchamos, la de Cristo es la que sólo conforta plenamente, porque es la auténtica, la más noble y verdadera!¡Ay si descubriéramos que DE TODO lo sabroso que existe en el mundo, no hay nada mejor ni más bueno que la Eucaristía ¡Ay si descubriéramos ,que Cristo ES QUIEN llena, da plenitud y levanta, cuando el mundo nos abandona y nos olvida.

 

 

Parece mentira, pero después de 2000 años, todavía la gran mayoría de cristianos tiene que descubrir…

*Que el Señor es el centro de nuestra historia.

*Que, sin Él, todo desvaría y está llamado al fracaso.

*Que el Señor es la fuente de nuestra energía.

*Que no es un ayer que pasó.

*Que no es un ídolo con túnica y un simple cayado.

*Que, el Señor, es mucho más que leyenda.

*Que vino para enseñarnos que, un cielo, nos aguarda.

*Que en Dios, somos hermanos.

*Que el perdón puede más que el odio.

*Que hay que trabajar para que, la tierra, sea una estampa de lo que nos espera en lo eterno.

*Que quiere sacarnos de nuestros pecados y miserias.

*Que quiere convertirnos de los caminos y actitudes equivocadas.

*Que quiere que retornemos de la dispersión y de la confusión.

*Que quiere que aquello que decimos y obramos, sea inspiración divina y no capricho humano.

No tengamos dudas, Cristo…

Nos precede en el camino; nos empuja cuando los vientos del mundo nos detienen.

Nos pone en marcha cuando nuestros pies se frenan.

Nos levanta cuando nuestros rostros caen.

Nos perdona cuando nuestros pecados nos abruman.

Nos quiere de carne y hueso. Es consciente de nuestro barro. Sabe que no somos dioses. Confía en nuestras débiles manos.

No tengamos dudas, Cristo nos alienta y nos anima…

En nuestra tarea de ser cristianos.

En nuestro deseo de anunciar el cielo.

En nuestro empeño de que Cristo sea conocido.

En nuestras encrucijadas y desvelos. Por todo lo cual, adelante, adelante siempre. Porque Cristo nos acompaña.

¡Haced la prueba y veréis que vida tan nueva y tan diferente, cuando decido que Cristo sea el acompañante de mi vida!

 

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