Ecos del Evangelio

21 julio, 2016 / Carmelitas
Domingo XVII: Señor, enséñanos a orar

SEÑOR, ENSÉÑANOS A ORAREn el Evangelio de hoy, nos encontramos con una característica en la vida de los discípulos de Jesús, “la oración”. Todos estamos necesitados del silencio, los que seguimos Jesús, los cristianos, necesitamos del encuentro interior con él. Es de ahí desde donde parte nuestra vida, de la oración es desde nosotros realizamos el trabajo de cada día. El Evangelista, Lucas, nos enseña que la oración es el fundamento en la vida de Jesús, sí nosotros oramos es porque Jesús nos ha enseñado cómo hacerlo. En la vida de oración podemos encontrar muchos obstáculos por eso pedimos con insistencia “Señor enséñanos a orar”… Padre santificado sea tu nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe y no nos deje caer en tentación…” miramos a un Jesús orante -antes de llevar su misión ora al Padre-, él nos enseña que la vida orante gira en torno al Padre, en el silencio podemos escuchar su voz. Santa Teresita decía que para ella “la oración era un impulso del corazón, una sencilla mirada al cielo, un grito de agradecimiento…” En la oración Jesús nos acompaña, nos une al Padre, es él quien sostiene nuestra vida orante, el que da origen a todo, nos quiere poner bajo la mira del Padre. Les dijo también: “Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, y le dice: ‘Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle’, y aquél, desde dentro, le responde: “No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos”, os aseguro, que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto necesite”. Cómo hay que orar, ya lo sabemos, la dificultad es hacerlo con perseverancia, para motivar la oración, sin desistir cuando no se ven respuestas inmediatas, que generalmente no suceden. Jesús cuenta una parábola que enseña los motivos que tiene una persona para ayudar a su amigo que está en una necesidad. Pedid y se os dará; buscad y hallareis. La oración debe permanecer en la confianza en que Dios no nos niega nada. Seguir a Jesús, determinarse por Él, no es cosa sencilla pero tampoco es algo que se haga imposible. “Digo que importa mucho, y el todo, una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar al final, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabajase lo que se trabajare, murmure quien murmurare…” Santa Teresa de Jesús. Camino 21,2. Hna. Lidia Damian – HCdSJ

 

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