Ecos del Evangelio

27 julio, 2019 / Carmelitas
DOMINGO XVII T.O. CICLO C 2019

 

ORAR ES TRATAR DE AMISTAD…

 

 

Tema capital el que nos presenta la Palabra de Dios en este domingo: la oración. Tan capital, que sin oración no hay cristiano que valga. Pero hay que entender lo que significa orar. Porque a cualquier cosa se le llama orar. Por desgracia, después de 2000 años, aun debemos continuar pidiéndole al Señor que nos enseñe a orar. Vamos a ver si dejamos claro que es y que no es orar.

 

Es conmovedor el diálogo que sostiene Abrahán con Dios para tratar de lograr el perdón de Sodoma, la ciudad pecadora y corrupta. La palabra diálogo es clave para entender el significado y las exigencias de la oración cristiana. Si la oración no es más que un monólogo de la persona, si uno, no se pone primero a la escucha de Dios, eso no es orar ni nada que se le parezca.

 

1º- Por tanto: La oración auténtica, es un diálogo que se realiza en presencia consciente delante de Dios. Este diálogo surge desde la fe, la pobreza, la reflexión, el silencio y la disponibilidad de corazón de la persona.

 

2º -Pero aclaremos una cosa importante: el poder contar con Dios, no quiere decir que tengamos que esperar que Él nos resuelva todos los problemas y menos aún que se ponga a favor de nuestros pequeños intereses. Lo que sí quiere decir, es que Él nos da la mano en nuestro caminar, nos da fuerza y valor.

 

*Es ser conscientes de que tenemos a Alguien al lado que no nos deja nunca.

 

*Es saber que podemos vivir todo acontecimiento, por duro que sea, acompañado por un amor muy grande, pleno, infinito.

 

*Es tener claro, que acudir a Dios solo cuando se tienen angustias y problemas, eso es convertir a Dios en un ídolo, en un fetiche.

 

3º Por esa razón el Señor nos deja la oración del Padre Nuestro como modelo perfecto de cómo y con qué actitud debemos dirigirnos a Dios.
En el Padrenuestro, Jesús nos invita a ser amplios en nuestros deseos y anhelos en la oración.

 

En el Padrenuestro, se nos presenta lo que debe ser el gran anhelo cristiano: que Dios y su amor estén presentes en nuestras vidas y en el corazón de todos los hombres.

 

En el Padrenuestro, pedimos que el mundo sea como Jesús lo quiere: que el amor y la fraternidad sean lo que marquen la vida de los hombres y que nadie quede al margen de una vida digna. Que a nadie falte el alimento de cada día y tampoco el alimento del espíritu: todo aquello que nos ayuda a crecer como personas y como creyentes.

 

Por último, el Padre Nuestro, nos hace mirar nuestra realidad débil y pecadora, recordándonos lo importante que es mantenernos en oración para no caer en la tentación. En definitiva: Jesús nos enseña a pedir confiadamente a Dios: que es Padre, amigo y compañero de camino. Pero también nos deja claro que al orar nos comprometemos a aquello que pedimos.

 

Amigos:

La oración es camino de comunión con Dios, que nos lleva a la comunión y el encuentro con los hombres.

La oración más que hablar es escuchar; más que encontrar, es buscar; más que descanso, es lucha; más que conseguir, es esperar.

La oración consiste en estar abiertos a las sorpresas de Dios, a sus caminos y a sus pensamientos, como quien busca aquello que no tiene y lo necesita. Así la oración aparece como regalo, como misterio, como gracia.

 

 

¡Cuántos «Padrenuestros» habremos recitado en nuestra vida pasando de puntillas por el contenido de sus peticiones, incapaces de pensar lo que estamos diciendo, repitiendo sus frases, mientras pensamos distraídamente en otras cosas que son verdaderamente las que traemos entre manos y que copan nuestra atención!

 

4º La realidad es que, tras veinte siglos de cristianismo, muchos cristianos no saben orar. Recitan oraciones, pero pocas veces piensan en lo que dicen en ellas. El resultado es una pesadez absoluta e insoportable, carente de todo sentido; es el repetir palabras sin sentido que no dejan -en quien las pronuncia- la menor huella. Por eso resulta tan poco eficaz la oración de muchos, porque, como los apóstoles, en mas de una ocasión, «no saben lo que piden o lo piden mal».

 

Oración significa apertura para con Dios. Nuestra vida no puede estar centrada en nosotros mismos, o en las cosas y afanes de este mundo: debe contar también con Dios y abrirse a Él.

 

Orar es saber escuchar su Palabra, y dirigirle -personal y comunitariamente- nuestra palabra de alabanza y de súplica, con confianza de hijos.

Orar es algo más que recitar unas fórmulas o poner en marcha un mecanismo «comercial» para obtener favores de Dios.

Orar es sobre todo, tener la convicción íntima de que Dios es nuestro Padre y que quiere nuestro bien más que nosotros mismos.

 

Tanto en ese diálogo de Abraham con Dios, como en la parábola del amigo inoportuno del Evangelio, se nos recuerda que Dios se deja siempre conmover por una oración perseverante. Pero siempre que la petición vaya unida a la alabanza, a la fe, y al amor. Esa idea de esperar que Dios lo haga todo, conduce inevitablemente, a un uso perverso de la oración. Porque, si Dios lo hace todo, entonces el hombre lo pide todo, y Dios se convierte en algo parecido a «un servidor cósmico» a quien llamamos por cualquier necesidad, incluso la más trivial. O consideramos a Dios tan omnipotente y el hombre tan desheredado, que la oración, queremos que sustituya a nuestro compromiso. Pues no.

 

5º Hoy como ayer hay que seguir haciendo a Jesús la misma petición: enséñanos a orar. Porque hoy como ayer muchos no saben orar. Y no porque desconozcan el modelo de oración, siempre nuevo y fascinante, sino porque la oración de muchos es una pura retahíla egoísta e interesada.¡Y eso no es oración!

 

6º Por tanto es necesario purificar muchas actitudes a la hora de orar: dejar a un lado la vanidad, el orgullo, la prepotencia, el clasismo, la rutina Y sacar la oración desde el fondo de nosotros mismos. No vayamos a orar solo para pedir y pedir más cosas, sino para el encuentro con el Padre; para escuchar al Padre; para estar con Él; para mirarlo en silencio. Es algo que hemos olvidado.

 

A veces oramos como el cliente con el dueño de una tienda, con una lista de peticiones en la mano, frío y exigente. En cambio, orar es sentir la alegría de estar con Dios, palpando su compañía en la calidez de los hermanos. Algo así como cuando estamos a la sombra de una nube: no hay nada que decir, basta sentir la frescura de la sombra.

 

7º ¿QUÉ IMPEDIMENTOS PUES SALEN A NUESTRO ENCUENTRO CUANDO NOS DECIDIMOS A ORAR?

 

+La falta de sinceridad: cuando pedimos, sin hacer ver a Dios los móviles verdaderos de nuestra solicitud. No me conviene… pero se lo pido porque me apetece.

+La ausencia de reconciliación: cuando estando rotos por dentro intentamos que sea Dios quien resuelva el caos o la guerra de nuestra existencia interna o externa. +El egoísmo: cuando conocedores de que la felicidad no se consigue con el tener, pero seguimos acaparando lo indecible. Siempre es más bueno tener que necesitar. Le diré a Dios que me restituya lo que me corresponde.

+La falta de paciencia: cuando ante la esterilidad aparente de nuestras oraciones nos aburrimos de hablar amistosamente con Dios y, convertimos la oración, en un medio de instrumentalización: ¡como no me das…te dejo!

+La incredulidad: cuando surgen dudas e interrogantes sobre el fruto y el valor más profundo de la oración. ¡Para qué voy a rezar si Dios está sordo!

 

 

Conclusión: el evangelio, de este domingo, nos trae a la memoria una gran realidad: Dios se interesa por nosotros. Es ahí donde, el verdadero cristiano, descubre que toda su vida es importante para Dios. Y lo descubrimos…

 

+Cuando, esperamos sin sobresaltos ni exigencias.

+Cuando, comprendemos que para Dios no hay nada imposible.

+Cuando, haciendo un repaso de nuestra historia personal, concluimos que Dios nos da mucho más de lo que le pedimos.

+Cuando, lejos de encerrarnos en nuestra autosuficiencia y complacencia, vemos la oración como el arma más poderosa que podemos tener en la mano para agradecer y pedir a Dios aquello que sea necesario para nuestra vida espiritual y material.

 

 

Sigue siendo un atrevimiento después de 20 siglos rezar el Padrenuestro, si nos paramos a pensar lo que estamos diciendo. Mientras no creamos en Dios Padre, difícilmente podremos aceptar que somos hermanos. Pero mientras no erradiquemos todo lo que nos impide ser hermanos, sólo podremos seguir diciendo padrenuestros de rutina, pero no podremos decir de verdad y con sentido: Padre Nuestro…

 

Si, también en el tema de la oración, hace falta un cambio radical en el cristianismo actual. Si es que queremos de verdad ser discípulos verdaderos de Cristo y por tanto testimonios de su amor.

 

Volver
Carmelitas de San José

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies