Ecos del Evangelio

31 julio, 2021 / Carmelitas
DOMINGO XVIII T.O. CICLO B 2021

 

Cristo es el Pan de Vida

 

El Pan de la libertad o el pan de la esclavitud. Ese es el dilema que nos plantea este domingo la Palabra de Dios. La «religión» suscita hoy en muchos una actitud defensiva. En bastantes ambientes, el hecho mismo de plantear la cuestión religiosa, provoca malestar, silencios evasivos, un desvío hábil de la conversación. Se entiende la religión como un estadio infantil de la humanidad que está siendo ya superado. Algo que para muchos pudo tener sentido en otros tiempos, pero que, en una sociedad emancipada- se dice- carece ya de todo interés.

 

 

Creer en Dios, orar, alimentar una esperanza final son, para muchos, un modo de comportarse que puede ser tolerado, pero que es indigno de personas inteligentes y progresistas. Cualquier ocasión parece buena para trivializar o ridiculizar lo religioso, incluso, desde instituciones públicas y medios de comunicación. Se diría que la religión es algo superfluo e inútil. Lo realmente importante y decisivo -se dice- pertenece a otra esfera: la del desarrollo técnico, la productividad económica, el disfrute y el desenfreno. Está manera de pensar y de vivir, es respetable, pero es absolutamente equivocada. Y no es que produzca risa, sino pena.

 

A lo largo de estos últimos años, ha ido creciendo la opinión de que una sociedad industrial moderna no necesita ya de religión, pues es capaz de resolver por sí misma sus problemas de manera racional y científica. Sin embargo, este optimismo «a-religioso», los hechos NO LO confirman, sino que lo desmiente. Se vive casi exclusivamente para el trabajo y para el consumismo durante su tiempo libre. Pero “ese pan” no llena satisfactoriamente la vida, porque “ese pan” solo llena el estomago y los instintos, pero no el corazón y el alma ¡Y ahí está la cuestión!

 

Y entonces, aunque se quiera disimular. Se produce un vacío interior difícil de llenar. Se produce un hambre que debilita las raíces mismas de la vida. Se produce el fenómeno de la sustitución. Es decir, el hombre sustituye a Dios por diocesillos de medio pelo, jefes y caudillos carismáticos artificiales, que te alimentan con una ración de “rancho”, para que no te quejes y dejes de pensar. Ese es el pan de la esclavitud en la que hoy se vive, y que se enmascara con el titulo de libertad. Rancho y pan y circo, lo propio de las dictaduras, por muy revestidas de democracia. ¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos alrededor de la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Cambiando el escenario, es exactamente lo mismo que los israelitas camino de la tierra prometida.

 

Un hombre que solamente tiene hambre de pan, es un hombre fácilmente domesticable. Sólo está libre de ser domesticado, el hombre que, además del pan, siente también hambre de verdad, de justicia, de libertad.
Pues amigos, ha que decidirse, si no queremos convertirnos en peleles.

 

Llega el momento, de escoger entre el pan de la libertad y el pan de la esclavitud. Llega el momento de redescubrir que creer en Dios, significa ser libre para amar la vida hasta el final. Llega el momento, de ser capaz de pensar con el cerebro y amar con el corazón, y por tanto no permitir que decidan por nosotros. Llega el momento, de escoger entre la verdad o seguir con la mentira que no nos atrevemos a denunciar. Llega el momento, de buscar nuestra religación (porque eso significa religión) con el Trascendente, dando un sentido último a nuestro vivir diario.

 

Recordad el evangelio de la multiplicación de los panes. Se nos narra, como Jesús, se preocupa de que la multitud que le sigue tenga para comer, y quiere al mismo tiempo, que aquella comida abundante, sea para ellos un signo de todo lo que los hombres necesitamos, y que solo Cristo nos puede y quiere ofrecer. Y se nos narra también, la incomprensión de la multitud: les bastaba con recibir comida suficiente, y no esperaban nada más de Jesús.

 

 

¿Y LOS CRISTIANOS DEL SIGLO XXI? ¿QUÉ ESPERAMOS NOSOTROS, DE JESÚS? ¿Qué buscamos en Él? ¿Qué venimos a buscar, por ejemplo, aquí en la misa de los domingos? Pues el evangelio quiere respondernos hoy y en los domingos que seguirán, durante este mes de agosto.

 

Hoy, Jesús pone en su sitio, a los que sólo esperaban de Él una comida obtenida, sin problemas y nada más. Es decir, la ración de rancho, pero no el pan de la libertad. Jesús los ha alimentado, porque es algo muy importante dar de comer a quien tiene hambre. Pero no quería que todo quedara ahí. Y se lo dice. Y ellos, algo avergonzados o quizás, desafiándolo, le preguntan: “como podremos ocuparnos de los trabajos que Dios quiere”.

 

No amigos, con Cristo hay que ser serios. No basta con esperar de Jesús la tranquilidad de la comida asegurada. Sabían y sabemos, que en Jesús hay que buscar algo más hondo, algo que llegue hasta donde Dios entra en el interior de la vida de los hombres y la cambia. Nosotros, también sabemos que, en Jesús, hay que buscar algo capaz de cambiar nuestra vida. Lo que ocurre es que la mayoría, no lo busca, porque está instalada en la pereza, en la dejadez, en la rutina, en el desinterés. ¡Y por tanto, que no nos hablen del compromiso!

 

¿Y qué responde Jesús, a aquella pregunta de “como podremos ocuparnos de los trabajos que Dios quiere”? Jesús responde algo que, aunque parezca que no dice nada, lo dice todo: lo que Dios quiere es «que creáis en el que Él ha enviado». Y luego repite, con mayor énfasis y solemnidad: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed». Por tanto, no hay ninguna duda: El alimento que alimenta plenamente es Jesús, su persona entera.

 

¿Qué debemos buscar, por tanto, en Jesús? ¿Qué tenemos que esperar de Él? De una forma muy sencilla, pero al mismo tiempo muy exigente, Jesús nos está respondiendo: “En mí no debéis buscar esto o aquello, no tenéis que esperar un mago que soluciona este problema o aquella cuestión” Debéis buscarme a mi, a mi persona. Debéis buscar todo lo que digo y hago, para ponerlo como guía. Debéis buscar el camino que he abierto para vosotros.

 

Debéis buscar el modo de ser persona integra que he mostrado y vivido
Si queremos recibir todo lo que Jesús es capaz de darnos. Si queremos entrar en el camino de Dios. Si queremos llegar hasta el fondo de lo que significa ser personas y serlo auténticamente, tenemos que empezar por ahí:

EMPAPARNOS DE CRISTO, HACER QUE SEA ÉL QUIEN MARQUE NUESTRO MODO DE VIVIR.

 

Nosotros hace mucho tiempo que somos cristianos y estamos muy -demasiado- acostumbrados a serlo. Pero, ¿nos hemos parado alguna vez a pensar si las cosas que hacemos son realmente como Jesús las hacía? ¿Nos hemos parado nunca a escuchar o a leer el Evangelio, para ver si lo que en Él se dice, es lo que nosotros hacemos?

 

Yo os quisiera hacer hoy, para terminar este comentario y para ayudarnos a que el estilo de Jesús marque más nuestra vida, una sencilla propuesta: que cada uno repase detalle a detalle, lo que ha hecho a lo largo de un día completo, y que lo haga acompañado por Jesús. Imaginemos que Jesús nos acompaña a lo largo de ese día que repasamos. ¿Qué diría, ante cada una de las cosas hacemos? ¿Hemos dando la respuesta que hubiera dado Cristo?
Cuando nos hemos levantado y hemos visto por primera vez a los de casa.

 

Cuando hemos ido al trabajo. Cuando estábamos hablando en la tienda o en la playa. Cuando nos hemos encontrado con aquel desconocido que nos pedía un favor. Cuando por la noche estábamos todos en casa. Cuando nos hemos encontrado en aquella situación que no nos atrevemos a explicar a nadie… ¿Qué nos diría Jesús? ¿Podríamos decir que el modo de actuar de Jesús marca nuestra vida?

 

Amigos, el vacío del corazón humano, lo queramos o no, por muchos adelantos que haya, o que pueda haber, no se llenará nunca con cosas materiales “Cristo es el pan de vida”. Es decir, el que alimenta la vida, no sólo el estómago.

 

La solución y a quien acudir, ya lo sabemos. Falta lo de siempre: la voluntad, el interés y el compromiso, de querer vivir una vida con autenticidad, o simplemente seguir instalados en el instante y en el instinto. Y que nos vayan dando el rancho y la dormidina

 

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