Ecos del Evangelio

11 septiembre, 2021 / Carmelitas
DOMINGO XXIV DOMINGO T.O. CICLO B

 

El que quiera venirse conmigo se niegue así mismo, cargue con su cruz y me siga

 

 

Nos parecen muy duras estas condiciones para el Seguimiento de Jesús, a veces incomprensibles, pero ahí tenemos la ruta a seguir, cuando estamos en un momento de nuestra existencia en la que nos parece tener de nuestro lado el mundo entero, no entendemos esta frase del Evangelio, sentimos hasta cierto miedo o rechazo por lo que esto supone. Inconscientemente sabemos que llegará el día en que tendremos que tomar la “Determinada Determinación”, tomar la decisión de ponernos en coherencia con el Amor de Dios y olvidar nuestras ilusiones.

 

Aceptar que la verdad del Reino de Dios, está más allá de nuestras mentes erradas por el egoísmo, es un proceso largo y doloroso que cuesta de digerir, de asumir y sobre todo de transformar. Trascender aquello que hemos vivido como real y que un día nos damos cuenta que solo estaba en nuestra imaginación, que como el humo se esfuma y no queda nada, es por lo menos quedarnos en la más absoluta desnudez y vulnerabilidad.

 

 

Dejar de creer en lo que siempre hemos creído que era lo único, lo esencial y tener que abrirnos a otra realidad que es absolutamente diferente y desconocida toma su tiempo, no podemos hacerlo solas, pero, paradójicamente, aquí es donde pasamos de la oscuridad a la luz y empezamos a mirarnos desde el espejo de lo que somos, tal como Dios nos creó.

 

Nuestra finalidad es la unión con Dios. Aquí radica nuestra plenitud, perfección, felicidad, dignidad. El reto es recuperar esa imagen, dejar que esa imagen sea nuestra característica por excelencia. Dejar de mirarnos en espejos que no nos dicen con verdad quiénes somos, tenemos que pasar a mirarnos en la fuente cristalina para que nos ponga delante “los ojos que llevamos en las entrañas dibujados”.

 

Cuando miramos a los seres humanos a la luz de la fe, todos adquieren una dignidad única. “Al hombre que sufre, Dios no le da un razonamiento que explique todo, sino que le responde con una presencia que le acompaña, con una historia de bien que se une a toda historia de sufrimiento para abrir en ella un resquicio de luz” (Lumen Fidei, 57).

 

 

«El alma sabe que el sufrimiento es como una nota que produce los más dulces sonidos. Por eso desea tenerla en su instrumento para conmover más tiernamente el Corazón de su Dios».
Sor Isabel de la Trinidad.

 

El que ama se olvida de sí para tener presente a quien ama. El verdadero amor de la persona es el olvido de sí. “No buscarse nunca a sí mismo, no reservar nada para sí, sino darlo todo a la persona amada” (CF 10). Más que hacer, la vida consiste en aprender a recibir. Todo hecho con suavidad y sencillez, en silencio y soledad, en unidad interior. Sor Isabel de la Trinidad.

 

“Lloro porque tú le has sacado a mi viejo violín unas músicas nuevas, que yo nunca había escuchado”, así le dijo un músico callejero a Sarasate, cuando este, después de un concierto memorable, le pidió su viejo violín para seguir tocando en la calle.

 

Hna. Roselvi Izquierdo CSJ

 

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