Ecos del Evangelio

11 septiembre, 2020 / Carmelitas
DOMINGO XXIV T.O. CICLO A 2020

 

 

Evangelio, significa=Buena noticia. ¿Realmente es Buena Noticia para la gran mayoría de los cristianos de hoy día? Para un cristianismo que en su mayoría tiene la fe como una rutina, está claro, que no es Buena Noticia.

 

Tristemente, ¿Qué les importa a muchos, escuchar una vez más que Dios ama a los hombres, que sabe perdonar hasta el extremo de entregar a su propio Hijo a la muerte y muerte de cruz por amor a nosotros? Si, amigos, seamos coherentes, la gran noticia de que Dios nos ama y nos perdona hasta el extremo, no afecta en verdad a la vida de muchos, a sus planes, y a sus decisiones.

 

Fijaos bien en el siervo de la parábola: se le ha perdonado una suma fabulosa de dinero, como unos setecientos millones de pesetas, pero este perdón no se hace sólido hasta que él no sepa comportarse generosamente con su compañero. ¿No será la ausencia del verdadero perdón, la causa de que evangelios como éste, no sean para muchos una buena noticia?

 

Perdonar y ser perdonados, algo necesario para poder salir adelante en la vida. Sin perdón, la convivencia es prácticamente imposible. Pero hay muchas formas de entender el perdón, y no todas se corresponden con el perdón cristiano. Hay varias maneras de perdonar que son de pacotilla y por tanto no cristianas:

 

Existe el perdonar en lo intrascendente. Todos cometemos fallos diarios, errores, equivocaciones, cosas que la simple buena educación nos hace excusarlos: un equívoco, un pisotón, un tropezón… Es fácil perdonar estas cosas, pero no se puede decir que esto sea verdaderamente un acto de perdón.

 

Existe el reivindicar justicia. Para otros el perdón es incompatible con la justicia; la justicia para muchos está por encima, es lo primero; el perdón se ve como una debilidad. Y por tanto, “el que la hace la paga”; “así aprenderán” No cuentan las circunstancias de la persona, no cuenta el arrepentimiento, sólo cuenta el «rigor de la justicia».

 

Existe el perdonar pero no olvidar. Es una de las prácticas más usuales. Pero ¿Qué perdón es ese que no olvida?; Eso se reduce a decir «te perdono», sin que eso sea otra cosa, que unas palabras que el viento se lleva.

 

• Perdonar pero no olvidar es tener continuamente presente el recibo de lo que se nos debe y estar dispuesto a pasar cuentas en la primera ocasión que se presente.

 

• Perdonar pero no olvidar es colocar una espada de Damocles sobre la cabeza del que nos ofendió y pretender que crea, además, que hemos tenido un comportamiento correcto con él.

 

Y existe el verdadero y auténtico perdón. El que nos enseñó , practicó y nos pide Cristo. Y ya digo de entrada que no es imposible ni mucho menos. Perdonar como lo hizo Jesús es la única forma posible de relación que el cristiano debe tener con quien ha obrado mal. Buscarse subterfugios para hacerlo de otra manera es, sencillamente, no perdonar. Veamos pues como es el perdón que nos propone Jesús

 

-El perdón de Jesús es TOTAL, y total tiene que ser el perdón que ofrezca el cristiano, no a plazos, no con reticencias, no con recovecos, no con recuerdos del mal que se nos hizo. Como Jesús en la Cruz: de frente, en la misma cara de quienes le están clavando, perdonándolos e incluso excusándolos; no saben lo que hacen.

 

-El perdón de Jesús es INCONDICIONAL, es decir: no pone condiciones ni antes ni después del perdón (salvo, claro, el arrepentimiento, que no es otra cosa que la acogida por parte del hombre, del perdón que Dios ofrece). El prototipo de esta cualidad del perdón es el padre misericordioso de la parábola, que cada día se asomaba al camino esperando la vuelta del hijo que se marchó de casa sin ningún miramiento; y cuando el hijo vuelve al fin, el padre no le da tiempo al hijo ni para presentar sus excusas; lo que importa es que el hijo ha vuelto, que está junto a él, que lo puede estrechar entre sus brazos.

 

-El perdón de Jesús es una APUESTA. Una apuesta en favor del hombre, una demostración de confianza, un riesgo que Dios asume plenamente, porque Dios prefiere confiar en sus hijos que recelar de ellos. Y su confianza, como su perdón, no tiene límite; por eso perdona una y mil veces, confía una y mil veces, brinda otra oportunidad al hombre una y mil veces.

 

-El perdón de Jesús es HUMANIZADOR. Al apostar en favor del hombre le da confianza en sí mismo, le hace sentirse apoyado, amado. El perdón humaniza porque no se lanza a la cara del ofensor como quien pasa un recibo sino que se ofrece con cariño y con el deseo de restituir a la persona en su dignidad.

 

El perdón de Jesús es humanizador porque busca, por encima de todo, el bien del hombre, hacerle comprender que Dios le ama y le apoya, que está y estará con él, que no camina sólo por la vida.

 

Pero una cosa es necesaria para vivir el perdón con este estilo: y es el experimentar que, lo primero de todo, Dios, ha perdonado todos nuestros fallos, nuestros errores, nuestros pecados. En definitiva, tenemos que perdonar porque Dios nos ha perdonado; y, por lo mismo, tenemos que hacerlo como Él. Cualquier otra forma de hacerlo no es realmente perdón.

 

Amigos, no os perdáis la grandeza de perdonar, porque de ello depende la grandeza de corazón.

 

Os dejo algunas razones del como, porque, y para que perdonar:

 

*A perdonar sólo se aprende en la vida cuando a nuestra vez hemos necesitado que nos perdonen mucho.

*Donde vemos una actitud de perdón sincera, podemos pensar que en ese gesto hay algo de Dios.

*Enseñemos a perdonar. Pero si enseñamos también a no ofender, sería más eficiente.

*Decía Shakespeare que el perdón cae como lluvia suave desde el cielo a la tierra. Es dos veces bendito; bendice al que lo da y al que lo recibe.

*El perdón es la llave de la libertad y la paz interior.

*El perdón es la única venganza aprobada por Dios.

*El perdón es una decisión, no un sentimiento, porque cuando perdonamos NO sentimos más la ofensa, NO sentimos más rencor.

*Perdona, que perdonando tendrás en paz por lo menos tu alma

*El que es incapaz de perdonar es incapaz de amar.

*En los juicios humanos, se castiga al que confiesa su culpa; en el divino, se perdona.

*Nada nos asemeja tanto a Dios como estar siempre dispuestos a perdonar.

*No escatimes el perdón: es imposible caminar con tantas heriditas abiertas.

*No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón, decía SS. Juan Pablo II.

*Si no perdonas por amor, perdona al menos por egoísmo, por tu propio bienestar.

*Vengándose, uno iguala a su enemigo; perdonando, uno se muestra superior a él.

 

 

En definitiva, si no somos capaces de obrar así, si no somos capaces de perdonar a quien nos ofende, ¿Con qué derecho rezamos el padrenuestro?

 

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