Ecos del Evangelio

14 septiembre, 2019 / Carmelitas
DOMINGO XXIV T.O. CICLO C 2019

 

DIOS ES…

 

Es providencial, que después de los días de celebraciones en honor de Ntra. Patrona, nos encontremos de frente con el evangelio de hoy. Porque si aun teníamos algún interrogante de como se sigue a Cristo, hoy la palabra de Dios disipa cualquier duda.

 

De entre todos los caminos por los que podemos descubrir a Dios, el mejor es el de la misericordia. Otra cosa es quizá no pueda gustar, porque pone a prueba y desenmascara la fe de los que dicen pero no hacen.

 

Dios se ha volcado de tal manera sobre nosotros que se ha olvidado de sí mismo. La fe en Dios no es una dimensión más en nuestro existir, a la que puedo acudir en momentos puntuales. El hombre y el mundo somos ininteligibles sin Dios y Dios es ininteligible sin el hombre y sin el mundo.

 

Pensar que la fe consiste solo en relacionarse con Dios, y dejar al margen lo que nos rodea incluyendo al hombre, es convertirse en ateo.
Pensar que la fe es una evasión o refugio sin entrega, ni compromiso, ni responsabilidad, es hacerse primo hermano de los publicanos y fariseos que Cristo hoy pone en su sitio.

 

Pensar que la fe se reduce SOLO a unos cuantos rezos y devociones es no tener fe. Cristo quiere que a través de Él nos conozcamos a nosotros mismos y trabajemos por implantar su reino de justicia entre los hombres.

 

Las tres parábolas de hoy, pero sobre todo la del hijo pródigo, es un profundo análisis del proceso de conversión del hombre y la representación más viva del amor del Padre Dios a los hombres. Es una parábola que continua siendo demoledora después de vente siglos y que lo será hasta el fin de los tiempos, aunque no pocos hubieran agradecido que Cristo se hubiera estado calladito, pero para el que no lo sepa, a Cristo, cuando le apretaban el zapato, se ponía el vestido de luces.

 

«Se acercaban a Jesús los publícanos y pecadores a escucharlo». La actuación de Jesús era y es provocativa para «los fariseos y los letrados», que se creían con el derecho legal de decidir con quién se podía comer sin pecar y con quién no. Por eso murmuran. «Ese»…. Les molestaba a los fariseos de entonces y a los de ahora que un hombre como Jesús no se limitara a frecuentar los ambientes de la gente «bien» y se fuera con los peor considerados.

 

Es que este evangelio coloca a todo el que dice que tiene fe delante del único que puede sacar los colores al corazón humano: Cristo. Porque desbarata esa concepción y muy extendida por desgracia, que tienen los que se consideran «los buenos»

 

¿Porque creéis que puse como lema de la novena de este año la necesidad de un «giro copernicano en el cristianismo?. En toda institución religiosa existe una tendencia innata a que haya gente que se sienta élite privilegiada y selecta -especialmente escogida por Dios-, ellos son siempre los que tiene la verdad, los que seleccionan ,los que premian y castigan sin ningún rubor y que nadie les tosa.

 

Entonces y ahora, los que se consideran muy cumplidores y en regla son quienes menos entienden el núcleo del mensaje de Jesús. Porque se han hecho un dios a su imagen y semejanza y lo contraponen al Dios del amor que Jesús nos revela. Y Jesús es intransigente en este punto, porque sabe que todo su evangelio nada vale si no se entiende lo siguiente: vino al mundo para salvar a los pecadores y el cristianismo es una religión de pecadores perdonados.

 

Pero no, es mas fácil cosificar la fe de las personas y a través de miedos e imposiciones hacer una selección. Después de 2000 años, muchos no quieren entender que lo que vale ante Cristo son los hechos, pero los hechos sin apariencias. Y eso desde el Papa hasta el último cristiano, porque de lo contrario se sigue a un ídolo, no a Cristo.

 

El Dios que nos revela Cristo rompe cualquier estructura de seguridad humana, cualquier tinglado y hace añicos cualquier actitud basada en la apariencia y buenísimo de sofá .Los fariseos y publicanos de entonces y de ahora están que trinan, no pueden soportan ese modo de actuar de Cristo, que para ellos es «herético».

 

Cualquier pastor que perdía una oveja, colocaba las otras en sitio seguro y se iba a buscarla hasta que la encontraba. Que le queden noventa y nueve no es razón para que abandone a la perdida. Cuando la encuentra, la pone «sobre los hombros, muy contento»; y la trata con más delicadeza si cabe que a las demás. Así es Dios. Ni un solo hombre le es indiferente.

 

¡Qué diferente la alegría de Cristo, de la frialdad de letrados y fariseos! Es que los fariseos de todos los tiempos son unos fingidores, la alegría que muestran al exterior es un alegría y una sonrisa avinagrada, postiza, propio de corazones que no saben amar, sino clasificar. No entienden que Dios no nos ama por nuestras virtudes, sino porque somos sus hijos; y que nos amará siempre.

 

Así es Dios y así nos lo trasmitió Cristo, no solo de palabra, sino con su propia vida. Si solo hubiera un solo pecador en el mundo, Cristo hubiera venido exactamente igual a este mundo y hubiera muerto en la cruz para salvarlo. Jesús no habló nunca como si el pecado no fuera pecado: tiene clara su realidad y reclama conversión y penitencia al pecador, lo que no hace es hundir al pecador sino ayudarle para que rehabilitarlo.

 

Dios es, con toda seguridad, como Jesús nos lo presenta. No como creen saberlo y nos lo presentan los pietistas, los sabihondos de la ley y los doctos de entonces y de ahora. Todos ellos creían y creen aun saber que el pecador no es amado por Dios antes de su conversión, pues se equivocan. ¡Que desvarío!

 

Dios nos ama antes de que nos convirtamos, no espera a amarnos cuando nos hayamos convertido. Dios no se escandaliza por nuestros pecados, sólo nos pide que lo reconozcamos y nos convirtamos, porque de lo contrario estamos destruyendo nuestra propia vida.

 

Muchos no se enteraban entonces ni se enteran ahora, que los primeros en el ranking de los pecadores son los que presumen de justos y rehúyen el cambio interior. Los verdaderos seguidores de Jesús se alegran por la conversión del pecador, porque saben por propia experiencia que nadie es justo de verdad, porque saben que la vida es una constante conversión a ir más allá. Por tanto sólo son seguidores de Cristo los que no dejan de caminar siempre hacia adelante, pero sin olvidar a los que por cualquier causa se han quedado atascados.

 

¡Cuántos, de los que están seguros de creer en Dios, están adorando un simple ídolo que se han fabricado, pero que poco tiene que ver con el Dios que Cristo nos muestra en el evangelio! Predicar el Evangelio del perdón, del amor y de la misericordia de Dios, no es andar por delante con condenas en nombre de Dios, sino anunciando con el testimonio de vida la buena noticia del amor que Dios tiene a los hombres, ayudándoles, escuchándoles y acogiéndolos.

 

El Evangelio no se escucha par cumplir ninguna ley humana, sino para celebrar el hecho de nuestra salvación: el amor de Dios a nosotros, y nuestro amor hacia los demás. Haber si no pocos dejan a un lado ese cristianismo duro e in misericorde con los demás y se comienza siquiera a parecer un poquito a Jesús al que se dice seguir.

 

Veinte siglos después, en la Iglesia, sigue la presencia de muchos satisfechos, dogmáticos, meticulosos, ciegos, sordos y vacíos…-, que, por haber vivido siempre en la casa del Padre, pretenden constituirse en sus intérpretes. Sin reconocer que no han entendido nada. En la casa del Padre hay sitio para todos, menos para los que se excluyen a sí mismos al no aceptar su amor, ni amar como él nos ama.

 

Cristo era muy claro y yo lo procuro también, porque está en juego ni más ni menos que la salvación. Y con la salvación ni se juega ni se comercia.

 

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