Ecos del Evangelio

20 octubre, 2017 / Carmelitas
DOMINGO XXIX T.O. CICLO A 2017

Acabamos de escuchar una gran alabanza a Jesús: “Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no te fijas en las apariencias”. Estas palabras colocadas en labios de sus adversarios, dibujan claramente el carácter de Jesús, su modo de ser y de actuar, su gran libertad ante los convencionalismos y los grupos de su tiempo.

¿No os parece que los cristianos y la Iglesia tendríamos que confrontar siempre nuestro modo de ser y de actuar con el de Jesús? De todas formas, Jesús no se deja engañar por palabras halagadoras: “¡Hipócritas!, ¿por qué me tentáis?, les increpa.

Cristo no obra para complacer a los hombres, ni siquiera a aquellos fariseos y herodianos que le hacen tan buena alabanza. Porque eran unos hipócritas y venían a tenderle una trampa. Este es un riesgo que corre todo hombre libre, todo hombre que quiera seguir de verdad a Cristo

Los fariseos, sinceramente religiosos y observantes, celosos de las prerrogativas de Israel, el pueblo escogido de Dios, no podían admitir la dominación de unos extranjeros, los romanos, un pueblo pagano, que no conocía al verdadero Dios. ¿Cómo podía tolerarse de buen grado que el pueblo de Dios aceptara la esclavitud? Por eso eran contrarios al tributo: la contribución económica que los romanos imponían a los judíos, como a los demás pueblos de su imperio. Y que los publicanos -cobradores de impuestos- se encargaban de recaudar.

Los del partido de Herodes, en cambio, eran colaboracionistas. Se aprovechaban de la situación y apoyaban al tirano local que los romanos tenían en la Galilea, que se había manchado las manos con la sangre de Juan Bautista y que era hijo de aquel Herodes el Grande, tan sanguinario, que gobernaba cuando nació Jesús.

¡Qué trampa tan bien hallada! Si Jesús respondía que sí, que tenía que pagarse el tributo a los romanos, los fariseos lo denigrarían ante el pueblo piadoso, entre el cual tenían una gran influencia. Si respondía que no, los herodianos lo denunciarían como subversivo y contrario a la autoridad constituida. Pero Jesús esquiva la trampa con habilidad. Esta moneda, ¿no lleva grabada la imagen del César? Pues pagadle al César. Pero dad, también, a Dios lo que es de Dios.

La sentencia evangélica “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” ha contribuido a esclarecer lo que es del César y lo que no es del César. Pero no parece haber ayudado en la misma medida a clarificar lo que es de Dios, o sea, lo que no pertenece al poder.

Existe un fácil reduccionismo a remitir a las iglesias, como si éstas fuesen las apoderadas de los intereses de Dios en el mundo. “En el nombre de Dios”, por ejemplo, se han librado batallas y guerras santas, ocultando los verdaderos motivos de tales procedimientos completamente contrarios a la voluntad divina.

Para “salvar el honor de Dios” se ha pisoteado la honra y los derechos humanos. Por “defender a Dios” -y ¿qué dios es ése que necesita que sus creaturas le defiendan incluso por la violencia?-se ha operado en contra de los hombres, creados, según creemos, a imagen y semejanza de Dios.

 Hombres, que se consideran representantes de Dios, elevados a altísimas dignidades, dejan que se les suba el humo a la cabeza y en vez de representar (hacerlo presente, como todo creyente) tratan de suplantar a Dios o de endiosarse. En vez de estar a disposición de Dios y al servicio de los hermanos, se creen disponer de Dios para someter a sus clientes. El clericalismo no es otra cosa que la apropiación indebida por el clero, de la Iglesia de Dios, en vez de servir al pueblo de Dios, que para eso son ordenados . (¡Que las parroquias no son de los de los curas, ni son amos de ellas!).

Amigos, Dios es inapropiable.

Y lo que es de Dios no es, ciertamente, el templo o los lugares sagrados, ni los objetos religiosos, ni las ceremonias litúrgicas, ni los ornamentos sagrados, ni mucho menos los tesoros acumulados. Todo eso merece un respeto por su función, pero son hombres los que deciden destinarlo a eso. No Dios.

En cambio, para un creyente, hay algo que procede indefectiblemente de Dios y que, por tanto, a Él pertenece en exclusiva.

Y eso que es indiscutiblemente de Dios, según la fe, es la dignidad del hombre y sus derechos. Lo que sí es de Dios, es, pues, el paro de los que no encuentran trabajo, el hambre de los que no tienen pan, las lágrimas de los que sufren, la persecución de que son objeto los que luchan por la justicia.

Lo que sí es de Dios, es la justicia de los explotados, la libertad de los oprimidos, la conciencia del individuo. Porque todo eso pertenece a la naturaleza del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios.

Ser buen cristiano no significa vivir divorciados de las instancias donde se cuecen los destinos del mundo. Hoy hay diversas corrientes en las que se proclama aquello de “la Iglesia en la sacristía” “la fe es un ámbito privado” “en la calle hay que ser ciudadano, no cristiano”.

Ante estas soflamas no cabe sino, recordar, que la fe es un derecho público y privado, personal y comunitario, social y no marginal. Como personas, hemos de ejercer libremente nuestro ideario cristiano sin miedo a ser tachados de entrometidos.

Qué gran perjuicio, para el Evangelio, para la Iglesia y para la sociedad misma, si –nuestro cristianismo- lo reducimos a ser eso: buenos ciudadanos. No nos hemos bautizados para ser los necios del mundo. Más bien al contrario, nuestro bautismo nos empuja a salar aquellas situaciones que requieren un punto de verdad o de ilusión, de alegría o de justicia, de dignidad o de equidad.

La Iglesia tiene que dejarse de maridajes y diplomacias, y proclamar a tiempo y a destiempo el evangelio. Esa es su misión y para eso existe. Y cuando no lo hace esta traicionando a Cristo( espero que se entienda)

La sociedad tiene sus propias normas pero, sus legisladores, son la mayoría profesionales del egoísmo de la ambición y del poder, por lo tanto muchas de las cosas que dicen y hacen las estampan en cuño de ley.

Y la Iglesia debe estar alerta y denunciar cualquier exceso o indignidad , porque si no lo hace, se puede desangrar el futuro de una sociedad caprichosa, hedonista donde vence el fuerte, sufre el pobre y el césar de turno está en su palacio ajeno al sufrimiento producido en su pueblo.

¿Difícil papeleta ?  

Pues el que no este dispuesto, que se retire, sea cura, religioso u obispo, me da igual. Los cristianos no podemos conformarnos con ser buenos vecinos. Por encima de eso debemos ser buenos cristianos. Aunque a más de uno le duela. ¡Qué se va hacer! ¡O somos cristianos o no lo somos!

¿Cuando estoy dando al Cesar lo que es de Dios?

*Cuando confundo lo divino con lo humano, y me quedo sólo con lo segundo.

*Cuando, volcado de lleno en lo superficial, olvido que Tú existes desde los mismos inicios de mis días.

*Cuando, escuchando tu Palabra, me quedo con aquellas escritas por el presente, entonces, Señor, sólo entonces  me doy cuenta…que sirvo demasiado al “césar” de este mundo.

*Cuando pretendo una iglesia desarraigada y no profética,  alejada de todo compromiso.

*Cuando dedicado al intercambio de moneda, no veo que, la mayor, riqueza soy yo: como persona y como hijo tuyo , como llamado a la vida y a la gracia ,a la santidad, a la sencillez y a la adoración en tu presencia.

*Cuando, pendiente de lo que acontece a mi alrededor, te doy las migajas de unos minutos de oración o las prisas de una misa rutinaria.

*Cuando, soñando con ser grande, dejo de lado aquel cielo en el que, para entrar, he de ser pequeño

Ayúdame para:

Que no me olvide, oh Señor, que Tú eres el centro de todo.

Que no me olvide, Señor, de orientarme desde Ti y contigo.

Que no me olvide, Señor, que –el cielo y la tierra- son todo obra de tu mano.

Que no me olvide, Señor, que entre los “césares” que intentan manipular mi conciencia sólo Tú, eres el único Señor,  y tienes derecho a entrar en ella.

Amén.

 

Volver
Carmelitas de San José

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies