Ecos del Evangelio

15 octubre, 2021 / Carmelitas
DOMINGO XXIX T.O. CICLO B 2021

 

“Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.” “Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda” No me digáis que no son osados y atrevidos los dos hermanitos. La fe a la carta, y por supuesto con alfombra incorporada, para hacer el paseo triunfal por la vida. ¡Como si estuvieran haciéndole un favor a Cristo porque le siguen, y entonces, le exigen una recompensa! ¡Casi nada! Pero no menos certera y contundente es la respuesta de Cristo: “No sabéis, no tenéis ni idea de lo pedís”

El cáliz de Cristo, no es el que nosotros solemos apurar brillante, ajustado a nuestra mano o a nuestra vida, con licor dulce y traguitos pequeños para saborearlo.

El cáliz del Señor es, una misericordia que se ofrece y se transmite a través de nuestra entrega incondicional. Imposible pretender primeras bancadas en la eternidad. Los primeros lugares hay que buscarlos en la tierra, pero para servir. No salva el poder, sino el servir.

Santiago y Juan eran gente despierta, que querían ir adelante. Pero eran esclavos del estilo del «mundo», y por eso entendían el ir adelante como un tener buenas posiciones, tener poder y prestigio. E imaginan que la obra de Jesucristo será crear una situación nueva, de gente superior, de más categoría. En el fondo pensaban en los mismos términos que el «mundo», y por tanto lo que deseaban en última instancia es una buena colocación y estar por encima de los demás.

 

 

Muchos suponen que Dios se encuentra muy necesitado de nosotros y que de alguna manera está obligado a recompensar nuestros buenos servicios. Vamos, que pensamos que le estamos haciendo un favor a Dios. Pero como Dios no acepta chantajes de nadie, entonces surge una especie de oración exigente y muchas veces hasta amenazadora al modo de la de los hijos del trueno: «Si no me concedes tal cosa, no iré más a misa o abandonaré la Iglesia.» Pues adelante, no reces, no celebres la fe, no te comprometas, eres libre. Esta manera de proceder descubre que no se tiene fe, si no que lo único que se hace es manipular a Dios. Hay que empezar la casa por los cimientos, y exigirnos primero de todo a nosotros mismos. Exigirnos una fe seria y coherente, que de eso se trata.

 

 

Es que con actitudes como las que he citado, se convierte el cristianismo en una religión pagana con su panteón de dioses sujetos al capricho de los hombres. Y la respuesta que les da Cristo a los dos hermanos, es la que da a cualquier cristiano que conciba la fe de esa manera: «No sabéis lo que pedís.» O sea: no tenéis idea de lo absurda que es vuestra petición. No habéis comprendido nada de quien es Cristo y de lo que implica seguirlo.

 

 

Seguir a Cristo es compartir su cruz.

 

Seguir a Cristo con la cruz de cada día, no nos da derecho a recompensas especiales. Lo explicará en seguida Jesús a todo el grupo apostólico. Queda pues meridianamente claro que, hay una sola forma de seguir a Jesús, y es bebiendo su misma copa, bautizándose en la muerte de uno mismo. PERO NO. Como pasaba entonces pasa ahora, se trata de hacerse la fe a la imagen y semejanza de cada uno. Pues apañaos van quienes así actúan.

 

La pregunta la hicieron los dos hermanos: Santiago y Juan, pero los demás pensaban exactamente igual, aunque se indignaran. Se indignaron porque ellos también querían la parte del pastel que ellos se imaginaban Y Jesús, con toda paciencia, vuelve a catequizarlos sobre el tema de la autoridad y el servicio a la comunidad. “Quien esté a la cabeza de una comunidad, que sea el más humilde, el más dado a los demás, el más generoso, el más olvidado de sí mismo. Que se suprima hasta la apariencia de la autoridad impuesta, hasta los títulos honoríficos que puedan dar lugar a malentendidos….”

 

Después de 2000 años, este evangelio se sigue SIN querer comprender por la jerarquía eclesiástica. Cristo lavando los pies para que entiendan que Él, el Señor, es el primero el servir, y la jerarquía poniendo la mano para que se la besen. Pero el mensaje de Jesús no se refiere solamente a obispos, sacerdotes y superiores de comunidades cristianas, y a quienes ostentan responsabilidades en las comunidades, sino a todos y cada uno de los cristianos. Porque esto de hacerme la religión, la relación con Dios a la carta, si que es una pandemia que dura 20 siglos.

 

 

Por mucho que se quiera disimular, por muchas excusas y justificaciones que se quieran buscar, si no se vive como Jesús, se está reduciendo el Evangelio a pura teoría; y cuando el Evangelio se queda en teoría es un cadáver. Y las palabras de Jesús siguen ahí, vírgenes, vigentes y -tristemente- todavía novedosas: «vosotros nada de eso». ¿Seguro que nosotros nada de eso? ¿O mas bien, nosotros todo de eso?

 

 

Lo más precioso que tenemos y lo más grande que podemos dar es nuestra propia vida, es poder dar lo que está vivo en nosotros: nuestra alegría, nuestra fe, nuestra ternura, nuestra confianza, la esperanza que nos sostiene y nos anima desde dentro. Dar así la vida es siempre un gesto que enriquece, que ayuda a vivir, que crea vida en los demás, que rescata, que libera y salva a las personas. Tal vez éste sea el secreto más importante de la vida y el más ignorado. Vivimos intensamente la vida sólo cuando la regalamos. Sólo se vive de verdad cuando se hace vivir a otros.

Cuántas personas terminan por no saber qué hacer con sus vidas.

 

Han trabajado incansablemente.

Han logrado casi todo lo que se han propuesto.

Han alcanzado éxito allí donde lo han buscado, pero no saben lo que es dar la vida. Su existencia sólo ha sido acaparar, acumular, competir, sobresalir y dominar. Pero no entienden nada de lo que es dar y por lo tanto, nada saben de enriquecer, liberar, rescatar y salvar la vida de los demás. Encontrarán en la vida satisfacciones, halagos, éxitos. Pero nunca podrán experimentar el gozo y la dicha de aquellos han sabido dar la vida en una actitud de servicio y ayuda generosa y desinteresada. Verdaderamente triste y lamentable.

 

Por tanto, día hoy de auto preguntarse, mirando al evangelio

 

¿QUIERO SER EL PRIMERO Y EL ÚLTIMO? ¿El primero en exigir y el último en ofrecer? ¿El primero en soñar, y el último en trabajar? ¿El primero en aspirar, y el último en superarme? ¿El primero en dudar, y el último en creer? ¿El primero en ser servido, y el último en ayudar? Pues no soy de Cristo.

¿PRETENDO SER EL PRIMERO y EL ÚLTIMO? ¿El primero en cerrar la mano, y el último en abrirla? ¿El primero en anhelar grandezas, y el último en ser sencillo? ¿El primero en humillar, y el último en ser humillado? ¿El primero en mirar a otro lado, y el último en salir al paso? ¿El primero en mandar, y el último en obedecer? Pues no soy de Cristo.

¿SOY EL PRIMERO y EL ÚLTIMO? ¿Soy el primero en ser recomendado, y el último en recomendar? ¿Soy el primero en vanidad, y el último en humildad? ¿Soy el primero en silenciar, y el último en anunciar? ¿Soy el primero en quejarme, y el último en sufrir? ¿Soy el primero en el miedo, y el último en valentía? .Pues no soy de Cristo

 

Como, los Zebedeos, también nosotros estamos llenos de defectos y de aspiraciones. Pero lo malo, no es eso, sino la falta de conciencia y de voluntad, para examinarse y decidirse a poner los puntos sobre las ies, y poder seguir a Jesús con coherencia.

 

 

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