Ecos del Evangelio

17 octubre, 2020 / Carmelitas
DOMINGO XXIX TIEMPO ORDINARIO CICLO A

<<Pagadle al César lo que es del César

y a Dios lo que es del Dios>>.

 

 

Hecho de vida. Con relativa frecuencia los Medios de Comunicación Social, nos muestran las dificultosas relaciones entre la Conferencia Episcopal Española y el Gobierno en campos como el de la enseñanza de religión en las escuelas, el aborto, la eutanasia, etc. Esta falta de entendimiento suele afectar a la convivencia y dadas las confusiones terminológicas que se suelen dar cuando usamos los términos: laicidad, laicismo, aconfesionalidad… no suele ser nada fácil, para la mayoría de nosotros, encontrar un poco de luz.

 

I.- El evangelio de este domingo trae a nuestra consideración el famoso consejo de Jesús cuando los fariseos y herodianos intentaron comprometerle con la pregunta: << ¿Es lícito pagar impuesto al César o no?>> y Jesús les responde. <<Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es del Dios>>.

 

A la hora de hacer esta reflexión dominical, dos pensamientos se han cruzado en mi mente. Por una parte, he sido consciente de que este texto evangélico tiene aplicaciones al hecho que os comentaba al principio, y, por otra, me ha parecido que abordar un comentario a la repuesta de Jesús en marco de una breve reflexión me resulta muy dificultoso. Al final he optado por una vía intermedia: ofreceros unas breves pistas y aplicaciones que nos puedan acercar al problema presentado.

 

a) Jesús reconoce que hay dos campos de competencias: El del César (poder) y la de Dios (religión). Hay un terreno donde la autoridad humana puede y debe llegar porque tiene que buscar el bien común. Ahora bien, el César (el poder) no es Dios, no puede ni debe controlar todas las dimensiones de la persona humana. Por eso, las autoridades políticas no deben intervenir en las cuestiones religiosas, a no ser que afecten a los derechos humanos o afecten a terceros. Tampoco ninguna iglesia o religión debe servirse del César, para ser monopolizadora de los comportamientos morales de la sociedad.

 

b) Decidir qué sentido queremos dar a nuestra vida, qué religión creemos adecuada para responder a las “preguntas últimas”…, lo debemos decidir cada persona. Ni el poder, ni ninguna religión debe presionar y menos imponer una determinada ideología.

 

c) Puestas así las cosas parece que no debieran surgir tantos conflictos ni malentendidos. Pero de hecho los hay. ¿Por qué?

  • En primer lugar, porque el laicismo, que se ha puesto de moda entre muchos dirigentes políticos, piensa que la religión por su propia esencia es irracional, perjudica a la persona y a la sociedad y, por lo tanto, hay que ser beligerantes con el hecho religioso.

 

  • En segundo lugar, porque bastantes sacerdotes y obispos viven anclados en añoranzas pasadas y no terminan de situarse en medio de una sociedad democrática y pluralista.

 

  • En tercer lugar, porque tanto dentro como fuera de la Iglesia no está suficientemente aclarado si la fe es asunto privado o cómo ha de hacerse presente en la vida pública. Es frecuente que ante determinadas tomas de postura de la Iglesia los de fuera digan: “Los curas a rezar” y los de dentro afirmen: “no voy a la Iglesia a que me hablen de política”.

 

II.- A fin de que no pensemos que el evangelio de este domingo es sólo para los obispos y gobernantes, acabo esta reflexión haciendo dos aplicaciones prácticas para nuestra vida cristiana:

 

a) Si queremos aprender a vivir en una sociedad pluralista y secularizada, en la que los usos y las costumbres cada vez nos ayudan menos para ser cristianos, debemos basar nuestra seguimiento a Jesús: en la experiencia de Dios y en una fe formada y adulta. Dos batallas en las que metemos escasas horas.

 

b) Otro déficit de nuestro catolicismo es el pensar que la fe es un asunto privado, es decir, algo que se ventila entre Dios y cada uno de nosotros dentro de las paredes del templo. Sin embargo, la fe tiene una dimensión pública que debe hacernos salir a la plaza del pueblo, a los medios de comunicación social, etc. Los cristianos como cualquier colectivo tenemos derecho a afirmar que, a nuestro parecer, ciertas leyes,… son beneficiosas o nocivas para la sociedad, la convivencia o la persona humana y para denunciar las injusticias y atropellos que puedan hacer los que gobiernan. Pero eso lo tenemos que hacer con argumentos y propuestas racionales y con tolerancia.

 

 

PARA ORAR Y MEDITAR

 

Señor, tú eres el Rey de la historia y todo lo que haces es para bien de los que te aman: 
incluso en las pruebas más difíciles.

 

Te pedimos que con la ayuda del Espíritu veamos con la luz de la fe
los complejos acontecimientos de la historia
y contemplemos la mano amorosa
que dirige el proyecto de salvación de toda la humanidad.

 

Te damos gracias porque nos llamas a colaborar en tus designios
y nos pides que asumamos responsabilidades civiles y políticas.

 

La Palabra de tu Hijo nos enseña a tomar conciencia
de que el poder humano no puede ser ni demonizado ni divinizado,
sino que en él se debe manifestar la orientación de nuestra libertad.

 

Te damos gracias porque podemos responderte
con pequeñas y grandes cosas en la vida cotidiana,
en el trabajo, en la política, en el voluntariado,
en asuntos sociales y mundanos
sin evadirnos del compromiso, la fatiga, ni las pruebas del tiempo.

 

Con tu ayuda podremos vivir todo esto,
dándole al César lo suyo y a ti, nuestro Dios, cuanto es tuyo: nuestras vidas.

 

 

Hna. Gabriela Serna Gonzalo CSJ

 

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