Ecos del Evangelio

4 octubre, 2019 / Carmelitas
DOMINGO XXVII T.O. CICLO C 2019

 

CREER ES FIARSE

 

 

El reto de Cristo a los que decimos tener fe no puede ser hoy más expresivo: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería». Sí, porque el cristiano, si tiene fe, es una especie de morera plantada en el mar, es decir, una «rara avis» en medio de un mundo que no comparte con él muchos planteamientos de vida. Porque, miremos a nuestro alrededor y digamos sinceramente lo que encontramos.

 

Encontramos afán de dinero, culto al cuerpo, deseo de personalismo, afán de triunfo, grandes dosis de egoísmo, de indiferencia hacia los demás, de desprecio a los débiles, de subordinación servil y borreguil a lo fuertes también en el campo religioso.

 

Encontramos no pocos amores tibios, cuya duración depende de un montón de circunstancias entre ellas la frivolidad con la que se dice en qué consiste y qué es el amor.

 

Encontramos una sociedad con muchos derechos pero cuando se habla de deberes eso ya ni hablar.

 

Encontramos un vivir en el instante y el instinto como fin ultimo.

 

Encontramos no pocas familias en las que las relaciones difícilmente se fundan en un diálogo constructivo y operante.

 

Encontramos unos parados que gritan desde la calle la injusticia de un sistema que no sabe por puro egoísmo repartir de verdad los bienes que Dios a dado para todos y que unos cuantos se quedan.

 

Encontramos no pocos políticos que mienten como bellacos y se quedan tan tranquilos, y además corruptos hasta las cejas.

 

Encontramos pueblos ricos insolidarios con los pobres como demostración a lo grande de la insolidaridad que a nivel individual se practica a diario.

 

 

Y en medio de todo eso, se oye la voz eterna y permanente de un Hombre que desde su rincón de Galilea dice cosas como éstas:

 

Yo he venido a servir y no a ser servido. Los que quieran seguirme tendrán que adoptar en la vida esta postura, pero adoptarla de verdad, no en preciosos slogans o lemas de vida que no significan nada en la práctica, sino denunciando toda indignidad que se comete por parte de los poderosos contra los débiles.

 

Yo he venido para dar vida y para que los hombres la tengan en abundancia. Y los que me sigan tendrán que comprometerse a repartir a su alrededor no muerte y condenación sino vida, alegría y entusiasmo, empezando por los que predican.

 

Yo he venido para ocupar el último lugar pudiendo ocupar por derecho propio el primero. Y los que me sigan tendrán que correr a ocupar los últimos puestos en lugar de pegarse como lapas por sentarse en el primero, empezando por los que predican.

 

Yo he venido a decir a los hombres que lo fundamental en la vida es el amor, un amor tan grande que sea capaz de dar la vida por aquél a quien se ama en la vida día a día. Y los que me sigan deberán buscar este amor que, tiene su alimento en Dios que es, por encima de todo, Amor.

 

Yo he venido a conducir a los hombres hacia el Reino y a decirles que el Reino no es seguir al pie de la letra un conjunto de normas, ritos y boatos, sino que el Reino empieza y se va construyendo cuando el hombre, apoyado en Mí, intenta que el mundo en el que se mueve y al que pertenece sea más humano, más visible, más justo, porque solo así el hombre es mas divino.

 

 

 

«Por todo ello, pedirle a Jesús que nos aumente la fe es pedirle algo muy serio y arriesgado, amigos”. No es pedirle capacidad para aceptar unos postulados o unos enunciados para que sepamos decirlos de memoria. Es pedirle capacidad de acción revolucionaria y liberadora que no deje las cosas como están; una acción que tenía entonces como riesgo la cruz, en la que se ajusticiaba como se hizo con Jesús y ahora verte en la diana de los que mandan.

 

Creer no es crear ni inventar nada. Creer es fiarse. Fiarse de Dios y de su palabra. Creer quiere decir simplemente que Dios lo sabe todo, aun cuando yo esté a oscuras, y que me ama, aun cuando yo no lo sienta. Por eso lo opuesto a la fe no es el ateísmo sino la idolatría. Porque todo el mundo tiene sus dioses, en los cuales apoya su vida. Dioses del negocio, del poder, del placer, del deporte, o también dioses en el campo religioso, pero que no son mas que ídolos, con pies de barro. Nada que ver con el Dios que Jesús nos revela.

 

La fe no es como tener un objeto, una cosa más, como cuando decimos que tenemos un piso, un coche. Tener fe es vivir la fe, es vivir de la fe.

 

La fe nos lanza a buscar a Dios -el único Absoluto- sin pararnos a adorar a todos los ídolos-cosas y personas- que pretenden ser nuestros mesías, pero que no son más que fango.

 

La fe es una inmensa fuerza que permite vencerlo todo, superar lo que parece imposible. Es una convicción que nos hace decir: «A pesar de todo seguimos adelante».

 

La fe nos da el convencimiento de que en la lucha por la transformación del mundo el mal puede ser arrancado de raíz.

 

La fe es el poder que vence al mundo. Es tener confianza en la promesa de un Dios que está empeñado en hacer nuevas y de nuevo todas las cosas.

 

La fe es una manera nueva de vivir en el mundo y por el mundo.

 

La fe no es sólo creer que Dios existe, también lo creen los demonios, es mucho más: es fiarse, esperar, caminar por donde Jesús caminó guiados por su palabra y tener su estilo de vida.

 

La fe nos obliga pues a una opción con Jesús y desde Jesús.

 

La fe nos concede la sabiduría de la vida, nos permite mirar la realidad desde su verdadera vertiente: la de Dios.

 

 

¿Es ésta nuestra opción? ¿Son nuestros esquemas de valores los de Cristo? ¿Cuál es la dirección fundamental de nuestras vidas? ¿Cuáles son nuestras preocupaciones? ¿Qué esperamos?… El que tiene esa fe descubre que el cristianismo es gozoso, por que es amor, aunque el amor verdadero siempre comporte dolor.

 

Los doctores de la ley y los fariseos concebían la relación entre Dios y los hombres como una relación mercantil. Si se cumple la ley, si se hace lo que Dios tiene mandado, nos debe una recompensa, esa era y es la actitud de muchos de los que hoy dicen que tienen fe. Piensan que Dios tiene la obligación de premiar nuestras buenas obras. Que tiene sobre nosotros unos derechos por los que nos puede imponer unos mandatos, y que, si los cumplimos, mereceremos recibir la recompensa. Es el mercantilismo espiritual. Te doy si me das. Este cristianismo está a años luz de lo que es el evangelio. Mejor dicho, es antievangélico.

 

Para desterrar esta idea farisaica de los propios méritos y de un Dios obligado a corresponder, Jesús propone la parábola del criado que, obedeciendo al amo, no hacía más que cumplir con su deber. Jesús explica esta parábola como ejemplo para que entendamos como NO han de ser nuestras relaciones con Dios.

 

Por tanto quien reclama a Dios por los méritos que ha hecho, simplemente no ha entendido nada, y mucha culpa de eso es de los que lo han inculcado. La fe, para que nos entendamos es como una verdadera amistad basada en una confianza profunda y auténtica. Amigo es el que ayuda al otro sin hablar de premio o recompensa. El amigo no necesita leyes ni mandatos, sabe qué es lo que agrada al amigo y lo realiza porque cree que merece la pena hacerlo.

 

Esa es la actitud que debemos tener ante Dios: descubrir su voluntad y ponerla en práctica, sin importarnos el premio. Sabemos que Dios no está obligado a nada. Sin embargo, porque es el mejor amigo, sabemos que se preocupa de nosotros y que podemos confiar en su ayuda. Es un amigo que nos quiere mucho más de lo que nosotros podamos imaginar. Por eso estamos seguros en sus manos, que siempre son mucho mejores que las nuestras. Y os aseguro que a esplendidez, a Dios, nadie le gana nadie.
La cuestión es bien simple, y con esto acabo ¿ podemos hacer nuestro, el siguiente soneto, conocidísimo?

 

“No me mueve, mi Dios, para quererte, el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, que aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera. No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera.”

 

¿Podemos hacer nuestras estas palabras? Si es así, me alegro profundamente.

 

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