Ecos del Evangelio

30 octubre, 2021 / Carmelitas
DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO

«NO ESTÁS LEJOS DEL REINO»
(Mc 12, 34)

 

Discusiones que provocan inquietud, inquietud que lleva a un reconocimiento, reconocimiento que acerca a Dios. Ese es el escenario en el que hoy Jesús nos presenta su mensaje.

 

Si nos vamos un poco atrás, antes de que el escriba exprese su pregunta, encontramos una discusión entre los saduceos y Jesús, la cual termina con una afirmación contundente pero llena de vida y sentido, “No es un Dios de muertos sino de vivos”. El escriba escuchaba esta conversación y al VER que les había respondido bien se ACERCÓ. Algo le dice que este Hombre, Jesús, no habla sólo con conocimiento sino con verdad y vida.

 

Por un momento imaginemos el interior de aquel escriba que, muchas veces puede ser como el nuestro. Se esfuerza por el bien, sabe que los mandatos que conoce conducen a Dios, pero dentro de todo busca certezas que los preceptos en sí mismos no dan, puesto que son solo un medio. Busca alguien que confirme lo que si interior intuye y que siente como verdadero en su corazón, ¿Qué certezas busco y le presento hoy a Dios?

 

Jesús responde a su pregunta sobre el primero de todos los mandamientos; mandamiento que tiene de base el Amor. Amor que levanta y sostiene en las fatigas, amor que nace desde lo sencillo y que conduce hasta lo más grande, que te a libertad y te hace feliz. Amar a Dios toda nuestra persona, con nuestras luces y sombras, con nuestras idas y venidas, con la gracia y el pecado; al dar nuestro ser en amor al Amor, Él es el que nos hará amar a nuestros hermanos con amor puro, porque Dios ama en nosotros. Lo cual implica una permanencia en Dios como Dios permanece en nosotros.

 

Es escriba vuelve a RECONOCER la razón que tiene Jesús haciendo una declaración: amar vale más que todos los sacrificios y holocaustos. Es entonces cuando el Maestro también le reconoce con sensatez que no está lejos del Reino de Dios, pero no le dice que el Reino es suyo. El reconocimiento va acompañado de compromiso y acción. El Maestro le anima a que acreciente esa sed, a que siga el camino porque puede llegar a ese Presencia del Padre. Isabel en su escrito El cielo en la fe deja claro que en lo más hondo adviene el encuentro y que solo así es posible el “permaneced en mí, permaneced en el amor”. El encuentro con Jesús nos conduce a nuestro centro porque “el Reino de Dios ya está entre vosotros” (Lc 17,21).

 

 

Es evidente que el corazón ha de pertenecer única y exclusivamente a quien se ha convertido y constituido en el Amor de su vida, porque cuando reconocemos pero además colocamos a Dios en el centro de nuestra existencia, cuando dejamos el Él reine en nosotros, dejamos que el Reino de los cielos llegue a nosotros. Nuestras vidas se hacen ese reino que Dios reina.

 

Amemos con nuestro ser, comprometámonos con el amor…acerquémonos al Reino de Dios.

 

“Si en medio de las adversidades persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, esto es amor”
(Sta. Teresa de Jesús)

 

 

Hna. Dayana Yaraim Carrillo Rea CSJ

 

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