Ecos del Evangelio

30 octubre, 2021 / Carmelitas
DOMINGO XXXI T.O. CICLO B 2021

 

¿Qué sentimos en lo más íntimo de nuestra conciencia cuando escuchamos despacio, repetidas veces y con sinceridad estas palabras? «Escucha… El Señor nuestro Dios es el único Señor: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser» ¿Qué espacio ocupa Dios en nuestro corazón, en nuestra alma, en nuestra mente, en todo nuestro ser?

 

Este domingo, es el domingo de las aclaraciones, para que no haya dudas, ni nadie se llame a engaño. Hoy se nos habla de las dos notas de un mismo compás: DIOS Y EL HOMBRE. Amar a Dios es relativamente fácil. Es una realidad tan invisible, nos exige tan poco según nosotros, que -imaginándolo a nuestra manera- lo amamos según nos interesa. ¡Ah No! La respuesta de Cristo al letrado del evangelio, lo aclara todo y definitivamente.

 

 

Mirad, Cristo se hizo hombre para reflejarnos exactamente como es Dios. Él es la clarividencia de Dios. Cristo nos explica -y con la vida-, cómo NOS necesitamos relacionar con Dios. Y sólo lo podemos hacer como Cristo se relacionó. El amó hasta el extremo a los hombres para poder decir que amaba a Dios. Por tanto, la única manera correcta y válida de religarse con Dios, (que eso significa religión) nos la muestra Cristo con su vida.

 

 

Sí, amigos; mirar hacia arriba, pensar en alto o en voz baja en Dios, no es muy comprometido a simple vista. Pero hacerlo a través de la aduana de los hermanos, teniendo al que está en frente de mí como a un hermano (en el trabajo, en la vecindad, en el día a día) es todo un reto. De ahí que amar al prójimo, en muchísimos momentos, se convierta en todo una aventura, en un reto. Y eso es lo que pone a prueba la autenticidad o falsedad de nuestra fe.

 

 

Por tanto, prohibido simplificar el evangelio en cuatro formulas si quieres ser cristiano. Toda simplificación del Evangelio de Jesús es muy peligrosa. Siempre que, se pretende simplificar el mensaje de Cristo con recetas, ideologías y ritos muy bien definidos, comienzan: los puritanismos, los sabihondos de turno y los modelitos espirituales.

 

 

¡No por favor, no simplifiquéis la maravilla de Amor que es el Evangelio!

 

¡No por favor!, porque entonces el Evangelio deja de ser Buena Noticia, para convertirse en un arma de infundir miedo y castigos y tener a la gente controladita bajo ideologías partidistas, sectarias, intolerantes.

 

¡No por favor! el amor que Cristo nos trae no tiene comparación, es lo nunca visto. Llevar a la practica su manera de amar, es la única forma de poder decir que se le sigue.

 

Es un error cristiano el pretender llegar a Dios sin pasar por el prójimo; y otro de igual calibre el entregarse al prójimo sin seguir entregado a Dios. La vida cristiana es el equilibrio sobre una cuerda agarrada por un extremo a Dios y por el otro a los hombres. Desde el momento en que el cristiano se queda solamente con Dios o solamente con los hombres, ha perdido el equilibrio y se precipita en el vacío.

 

 

¡Que pequeñito y estrecho es el casillero del cerebro y del corazón, cuando no caben en él holgadamente la fe y la oración, juntamente con la justicia social y la fraternidad humana! Poco amor demuestra el que no sabe amar a la vez a Dios y a los hombres. O lo que es lo mismo: poco cristiano es, por no decir que no tiene nada de cristiano.

 

 

El Señor nos advierte: el amor de Dios se filtra por el hombre y, el amor al hombre (el auténtico, que no conoce límites, ni tregua, ni descansa como diría San Pablo) tiene su origen y su fuente en Dios. Con el evangelio en la mano, la Palabra de Dios, nos invita a volcarnos con el de arriba y con el de abajo; a sonreír al guapo y al feo; a ayudar al que me cae bien y al que me cae mal; a perdonar al que está lejos y al que tengo cerca; a entregarme con el alegre y con el triste; con el pobre y con el rico…

 

El prójimo es la piedra de toque que demuestra la sinceridad de nuestro amor a Dios: «quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve», lo recalca S. Juan. Y la entrega y el servicio a Dios es necesario para demostrar que nuestra lucha es realmente al servicio del hombre, y no al servicio de otros dioses «vestidos de ideologías».

 

 

Amigos, amar como Cristo nos propone, no es firmar un documento -por importante que sea-, y olvidarlo después en el fondo del arca. Amar no es apuntarse a una idea, ni afiliarse a un club al que se va semanalmente. Ni siquiera es amor esa compasión pasajera que, a lo mejor, es capaz de arrancarnos unas lágrimas. El amor nace más hondo y llega mucho más lejos. Hace que toda la vida tenga una luz diferente. Nos afecta a los ojos, y a la mente, y al bolsillo.

 

 

¡Escucha, nos dice Jesús en el Evangelio de este día! Ya sé que eres sabedor de los Mandamientos de mi Padre; que intentas amarle (aunque a veces lo olvides); que respetas su nombre (aunque algunos lo maldigan y blasfemen); que miras al cielo (aunque andas demasiado pendiente de lo que ganas en la tierra).

 

¡Escucha, nos repite, Jesús! No arrincones ni el amor a Dios, ni tampoco el amor a los hombres. No te justifiques diciendo: ¡No puedo más! ¡Ya he cedido bastante! ¡Ya estoy cansado de ser yo siempre quien perdone, quien se acerque, quien haga borrón y cuenta nueva, quien ponga la segunda mejilla!

 

¡Escucha, nos responde Jesús! Yo también ofrecí la segunda mejilla; compartí la mesa con el que me traicionó y hasta me fié de quien en las horas más amargas de mi vida tres veces me negó. Pero los amé con locura. ¿Sabéis por qué? Porque eran hermanos míos. Hijos de un mismo Padre. Y, por mi Padre y porque sé que le agrada a mi Padre, los amé con la misma fuerza que os amo a vosotros.

 

 

*Señor, que haga, no aquello que el mundo espera, sino aquello que es tu voluntad: construir tu Reino siendo sal y luz del mundo.

*Señor, que con tu fuerza y en tu Palabra, viva con el fervor de tus discípulos y con la sencillez de María.

*Señor, que no viva de espaldas a tu Verdad. Que mi “sí” a tu Voluntad, se manifieste en un compromiso sincero por un mundo mejor. Que mi “si” a tu Palabra, sea luego imagen real de lo que pienso y realizo.

*Señor, que lejos de desafinar en mi existencia cristiana sepa armonizar mi ideas, con mi práctica; mis ilusiones, con mis realidades; mis anhelos, con mis luchas diarias; mi amistad contigo con la fraternidad del día a día.

*Señor, que no divida mi amistad contigo, del servicio a los demás; la oración, del trabajo que me aguarda en la tierra.

*Señor, que no olvide que, aun mirándote con mis ojos, o escuchándote con mis oídos, después me falta por recorrer el camino del recio compromiso; de la vida que se ofrece sin medida; de los gestos de perdón o de confianza.

*Señor, en definitiva, haz que me desviva en intimidad contigo y me deshaga por la salvación de la humanidad.

 

 

Ved qué cosa tan bella escribió Charles. Peguy: «El amor de los hombres a Dios y el amor de los hombres entre sí, son los dos hijos mellizos del amor de Dios a los hombres». ¡Los dos hijos mellizos!

 

 

¡Amigos, el evangelio tiene el gran inconveniente que se entiende perfectamente, por eso a lo mejor no se quiere entender, porque compromete y de qué manera! Pero mi deber es exponerlo tal cual, después cada uno que actúe según su conciencia, para eso Dios lo hizo libre.

 

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