Ecos del Evangelio

18 noviembre, 2017 / Carmelitas
Domingo XXXIII: Señor, aquí tienes lo tuyo…

Domingo 33º del Tiempo Ordinario – Ciclo A.

19 de Noviembre de 2017

Señor, aquí tienes lo tuyo…

 

En este 33º  Domingo  del tiempo ordinario meditaremos el final del libro de los proverbios  es un elogio de la esposa emprendedora,  que sabe proveer de recursos a su familia, que acarrea prestigio a su marido y que no se contenta con quedarse encerrada entre cuatro paredes en su casa, sino que juzga con sabiduría y por eso,  socorre al necesitado. Este poema alfabético es un elogio redondo de la mujer ideal, es una mujer que respeta al Seño.

La Parábola de los Talentos que trata  temas muy importantes y actuales:

  • Los dones que cada persona recibe de Dios y el modo como lo recibe. Toda persona tiene cualidades, talentos, con los cuáles puede y debe servir a los demás. Ninguno es solamente alumno, ninguno es solamente profesor. Aprendemos los unos de los otros. El comportamiento con que las personas se ponen delante de Dios que nos ha dado todos sus dones. En el curso de la lectura, trataremos de estar bien atentos a estos dos puntos: ¿Cuál es la forma de comportarse de los tres empleados con respecto a los dones recibidos y cuál es la imagen de Dios que nos revela esta parábola?

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,14-30):


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: “Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco.” Su señor le dijo: “Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.” Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: “Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos.” Su señor le dijo: “Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.” Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: “Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.” El señor le respondió: “Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.”»

El tercer siervo esconde sus talentos. Tiene miedo. No conoce a su señor. Desconoce que se le ha confiado una misión única y se muestra falto de lealtad y escaso de responsabilidad. Solo piensa en conservar los talentos, sin darse cuenta de que la muerte alcanza a quien se para. Nada arriesga, nada alcanza, nada tiene.

El miedo es enemigo del crecimiento humano y de la felicidad.  Tenemos en nuestras manos los dones que Dios  nos ha regalado para que los hagamos fructificar y seamos felices. Esconderlos por miedo a equivocarnos es errar  el camino. La parábola nos invita a una fidelidad creativa, activa, responsable y arriesgada.

Cuando me llames para comparecer ante ti, Señor, llevaré todos mis dones. Empezaré dándote gracias por la confianza que has depositado en mí, las personas que pusiste a mi lado para que me ayudaran. Luego te mostraré, uno a uno, los dones que me confiaste. Unos apenas germinados, otros en flor, otros con fruto maduro y abúndate.

 

 

 

Hna. Antonia Álvarez csj.

 

 

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