Ecos del Evangelio

14 noviembre, 2020 / Carmelitas
DOMINGO XXXIII T.O. CICLO A 2020

 

Como si fuera un símil del final de la vida, el evangelio de hoy nos habla sobre la vigilancia. Insiste en la tarea que cada uno recibimos en este tiempo de espera de la venida del Señor, que es nuestra vida. Una espera que debe ser activa y responsable: los dones que cada uno hemos recibido no pueden estar ociosos, tenemos que hacerlos fructificar al máximo.

 

Se nos habla hoy de negociar, de producir y de inutilidad. Un lenguaje mercantil, de negocios, que puede parecer muy poco religioso. Pero la intención de la parábola está bien clara: hay que hacer rendir a los talentos que Dios nos ha dado. Dios nos confía sus dones de acuerdo con la capacidad de cada uno de nosotros, puesto que nos conoce en profundidad. Todos venimos a la vida con unas cualidades, unos dones que hemos de desarrollar durante el tiempo que dure nuestra vida. Y Dios, que sabe lo que ha dado a cada uno, nos pedirá cuentas según lo que hayamos recibido.

 

El amo de la parábola, se ausentó el tiempo suficiente, para que los bienes que había repartido fructificasen. , es decir el tiempo que abarca nuestra vida terrena. Pero volverá a pedirnos cuentas, es decir, el momento de nuestra muerte.

 

Y el evangelio nos narra, que los dos primeros fueron «fieles en lo poco». ¿Qué significa esto? Pues que lo que debían y podían hacer lo hicieron. Que el trabajo realizado no fue un acto extraordinario de heroísmo…, porque cuando un hombre crece como hombre, simplemente hace lo que debe hacer. Lo que se nos ha dado gratuitamente, tenemos que desarrollarlo con nuestro trabajo, porque no nacemos plenamente nacidos, tenemos que nacer constantemente. Y eso significa, hacer fructificar los talentos personales y colectivos, esa es la gran tarea de toda la vida, la gran oportunidad ofrecida al hombre. ¡Y hay que ver, cómo muchos se lo toman a broma, como si no fuera con ellos!

 

Pues ahí tenemos la respuesta, para quien se lo toma a broma La parábola centra su atención en el «empleado negligente y holgazán».Es reprobado aunque se excuse, porque se quedó con los brazos cruzados; porque no desarrolló los dones que había recibido con la vida. No ha creció ni en el amor, ni en la justicia…, solo creció en las excusas y en el no tengo tiempo.

 

Es la postura de los que tienen un concepto estático del cristianismo y de la vida: se limitan a conservar las tradiciones, defender unos esquemas, repetir de memoria unas palabras…Pues esos están echando perder los talentos. El evangelio de Cristo no es para los comodones ni los holgazanes. No se dan cuenta los que son así, que se están haciendo en harakiri.

 

El cristianismo no es un concepto estático de la vida; ni la justificación de una perezosa resignación; ni el miedo a asumir las propias responsabilidades; ni la lista de una serie de jaculatorias. El reino de Dios crece a través de nuestro propio crecimiento. Por eso el Señor le responde duramente al empleado holgazán. Ha defraudado las esperanzas que había puesto en él. Su holgazanería es la única causa de haber dejado improductivo el talento que se le había confiado.

 

La parábola es clara y dura para quien todo lo calcula. Echa en cara el no hacer nada ni dejar que los demás lo hagan. El evangelio es una llamada de atención contra los inactivos; los que huyen de las propias responsabilidades; los que no quieren saber nada de nada; los que jamás se equivocan porque nunca se comprometen a hacer algo en serio; los que buscan su seguridad personal en la observancia de unas leyes; los que buscan hacer de su vocación un status de vida; es un aviso contra los de la ley del mínimo esfuerzo; contra los que no tienen nunca tiempo para Cristo, pero si para lo que les apetece.

 

Amigos, se nos da la vida por hacer, y estamos invitados a realizarla, a llevarla a plenitud. La meta es llegar a ser como Dios manda: imagen y semejanza suya. Se trata de vivir de tal forma, que seamos un referente suyo en este mundo. La vida crece arriesgándola, lo cual supone que valoramos más lo que esperamos conseguir que lo que tenemos. Y el que quiera seguir a Jesucristo o arriesga o está perdiendo el tiempo y la vida.

 

Hoy pues, se nos invita al examen de conciencia. Y el examen versa sobre la pereza y la desidia..Tres puntos a destacar.

 

1º Punto: Las cosas hay que hacerlas con seriedad; la vida hay que planteársela con seriedad.
No basta, con tener como único horizonte en la vida mirar la televisión horas y más horas y tener una vida cómoda.
No basta, con estudiar simplemente para aprobar los exámenes con un suficiente.
No basta tener hijos y luego no educarles en el respeto, compromiso, educación etc.
No basta con ponerse un escudo que diga: «yo no sirvo para esto» para así ahorrarse responsabilidades.
No basta con creer que ser cristiano consiste SÓLO y simplemente en unos rezos e ir a misa el domingo.
No basta ser consagrado para vivir en el ir haciendo, en la complacencia y en el no cansarse demasiado, no sea que me estrese.

 

 

2º Punto: ¿Hacia dónde encamino mi trabajo?

¿Qué objetivos tiene mi esfuerzo?
¿Simplemente vivir mejor y estar mejor considerado?
¿Tener éxito y basta? El examen consiste en ver cómo utilizamos nuestras riquezas («talentos») de conocimientos, de tiempo y de dinero. Todos tenemos la obligación de examinarnos en este sentido. La advertencia final de Jesús es digna de tenerse en cuenta: «Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene…»

 

 

3º Punto: Ojo con los seguidores de Pilatos. Porque el que, como Pilato, se lava las manos, es un irresponsable. Y no podrá presentarse con las manos limpias en el juicio de Dios aunque se las haya lavado. SÓLO TIENE LAS MANOS LIMPIAS, EL QUE DESPUÉS DE UTILIZARLAS SE LAS LAVA, NO, EL QUE POR NO ENSUCIÁRSELAS NO LAS UTILIZA.

 

Como dice el sabio refrán castellano: «a Dios rogando y con el mazo dando». Pero no pocos, como el criado perezoso, se olvidan más del mazo que del ruego. Como siempre: «la virtud está en el medio». O dicho de otra manera: el Evangelio es un camino y no una madriguera. Y mucho menos, un hoyo para enterrar, los talentos, es decir, la vida.

 

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