Ecos del Evangelio

17 noviembre, 2018 / Carmelitas
DOMINGO XXXIII T.O CICLO B 2018

Verán venir al Hijo del hombre

 

Cada mañana, puntualmente, el sol consigue abrirse paso desde el otro lado de los montes; y el mundo se da cuenta de que, una vez más, la noche ha sido vencida. Cada otoño la vida se adormece, sí, pero para despertar más adelante, pasado ya el invierno, en ese ciclo nuevo que nos trae la primavera.

 

Es el empuje de la vida. Es el milagro diario del día que renace, de la hierba que brota, del hombre que pone pie en tierra firme -cada mañana- a la otra orilla del sueño. Lo malo es que nos hemos llegado a acostumbrar. La rutina nos ha hecho perder la capacidad del asombro. Y, para volver a descubrir -y agradecer- tantas maravillas, hay que pararse, pensar.

 

Y a pensar nos invita hoy la Palabra de Dios, al decirnos que llegará un día en que no habrá más leña que echar en la hoguera del tiempo. “El sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, ni las estrellas tampoco”. Será el último atardecer. No habrá ya más amanecer, ni más cosechas, ni más reverdecer de primaveras. Todo habrá acabado. ¿Todo?

 

Eso parecía. Pero, de entre tanta destrucción y tanta muerte, como brotando de las entrañas mismas de tanto dolor, emergerá una figura para muchos inesperada “Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y majestad’. No serán pues dolores de muerte, sino de parto, que darán paso a una nueva vida. Esa noche, que seguirá al último atardecer, no quedará instalada para siempre como señora universal de la historia; será la ultima noche que dará paso a un nuevo Día, diferente y definitivo, gracias a la Resurrección de Cristo.

 

Este telón de fondo nos debe hacer ver la vida, y sus avatares, bajo una luz nueva, y preguntamos. ¿Qué cosas – de todo lo que vemos, de todo lo que existe- permanecerán ese último día, y cuáles serán, por el contrario, arrastradas por el tiempo en su caída? ¿Qué habrá sido, ese día, de los poderosos que crucificaron a Jesús? ¿Dónde estará, esa tarde, el poder del dinero que hoy parece llevar las riendas del mundo? ¿Donde esa pandilla hipócritas y fariseos que van aparentando lo que no son? ¿Dónde el ejército de los violentos que hoy dominan, imponen y esclavizan? No quedará de ellos -dice el Señor- ni rama, ni raíz. En cambio, aquel Hijo del hombre que no tenía dónde reclinar la cabeza, indefenso ante quienes lo mataron, partidario a ultranza del amor y del perdón… “que está sentado a la derecha de Dios”, volverá para acoger a todos los que han gastado su vida en el proyecto de amor que el nos dejó. Porque los que lo hayan rechazado, ellos mismos se excluirán, muy a pesar de Cristo.

 

Todo esto debe hacernos pensar que lugar ocupa en nuestra vida el proyecto limpio de Dios creador. Es importante que nos dejemos bañar por esa luz. Es importante que nos paremos a pensar dónde estamos amarrando nuestra esperanza. Es importante que miremos en qué punto de apoyo estamos haciendo descansar nuestro corazón. Es importante que pesemos en esa balanza los esfuerzos que hacemos, las preocupaciones que nos asaltan, la amargura que, tantas veces, nos frena en seco.

 

Sería triste que, el día menos pensado -ése- “que sólo lo sabe el Padre”-, nos encontráramos con que hemos vivido aferrados a cosas que se van a ir también, corriente abajo, en ese último atardecer. “El cielo y la tierra pasarán; mis palabras no pasarán”. Quien avisa,…. amigo es,…amigo
Hoy la palabra de Dios es un llamamiento a la lacra mas extendida del comportamiento religioso de nuestro tiempo, que no es el ateísmo, sino la incoherente indiferencia religiosa. La indiferencia religiosa no niega a Dios, e incluso en ocasiones acude a Él, pero vive como si no existiera.

 

Vivir en la indiferencia religiosa es vivir en la mentira permanente, en la apariencia, en la rutina, vivir una doble vida y un sentimiento dual que nos divide y, a la postre, nos destruye. Sólo da consistencia y unidad a nuestra vida la coherencia: vivir en la verdad de lo que creemos.

 

Sí: a los creyentes coherentes; a los que viven como si no fueran cristianos; y a los que no creen, a todos, la Palabra de Dios no nos habla hoy de un «fin», definitivo, sino de un definitivo «principio».

 

Ya lo dijiste, Señor: «Si el grano de trigo muere, entonces da mucho fruto». De eso se trata. La vida del hombre tiene sentido, profundo sentido, trascendental sentido. Porque, si el hombre ha ido construyendo la ciudad de la tierra sabiendo que estaba poniendo los pilares de la eternidad, lo que hacía era preparar la definitiva implantaci6n del Reino. Por eso, las parábolas que contaste al respecto, Señor, NO invitaban a la desesperación y al fatalismo, sino a la activa esperanza: a «llenar nuevas lámparas de aceite», a «esperar, como criados diligentes, la llegada del amo», a «hacer fructificar nuestros talentos».

 

Por tanto, no viniste a «aguarnos la fiesta» sino, más bien, a «prepararnos para la gran Fiesta». Aquella, en la que «no habrá ya ni llanto, ni luto, ni dolor». Anunciabas, en definitiva, la llegada de la primavera. Y lo hacías, no con ese margen de posible error que se reservan los meteorólogos, sino con toda rotundidad y contundencia: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».

 

Así que, a los que van como pájaros de mal agüero, (con miedos y castigos constantemente) pongámoslos en los museos que allí están mejor predicando el evangelio que se han inventado, porque el de Cristo no lo están predicando.

 

 

Hay que prepararse, amigos, para la Gran Fiesta, y si de verdad quieres prepararte para ella…

 

*Ten una visión una elevada de Cristo, y eso lo lograrás cuando te tomes el evangelio en serio.

*Prepárate aquí en la tierra con seriedad en tu manera de vivir y así estarás listo para el cielo.

*No dudes nunca de la voluntad de Dios, aunque no la entiendas, porque Él nunca te llevará donde su gracia no te pueda sostener.

*Piensa que tu alejamiento y tu desinterés de amar a Dios en el prójimo puede ser la causa de tu demora para alcanzar la felicidad que Dios quiere darte.

*Te equivocas si piensas que Dios es duro, Dios es exigente porque te ama, y el amor es lo mas exigente.

*Si de verdad deseas ese nuevo y definitivo nacimiento tienes que aligerar tu equipaje de tanta mundanidad.

*No busques tantas respuestas a la vida, pierdes el tiempo, porque la respuesta se llama Cristo, pregúntale a Él.

*Busca y trabaja por la paz de Cristo, la única que es verdadera, las mundanas todas son fruto de las conveniencias.

*Si quieres pregustar ya en este mundo la felicidad que te espera, se misericordioso con los demás como Cristo lo es contigo, infinitamente.

*Déjate ya de pietismos y que te dirijan como si fueras una marioneta, esas son las mayores dificultades para encontrarte con Cristo. A Cristo solo se le encuentra cuando decides ponerte al servicio de los demás.

*Si de verdad quieres entender el evangelio, hay una manera muy sencilla de conseguirlo: entrégate a los demás con alegría y sin condiciones.

*¿Que no tienes pecado? Claro que sí. Cada vez que no consigues de Dios lo que tu crees que mereces, estas pecando.

*¡Uy, yo no sirvo para ser santo! Te equivocas. Si te decides a pertenecer completamente a Dios, sirviendo a los demás, ya eres santo antes de morir.

*Si quieres ver las dificultades, y pruebas de la vida y afrontarlas de otra manera, sigue a Cristo y te darás cuenta de como cambia el panorama.

*No te engañes: dar sin pedir nada a cambio, es el único antídoto para el materialismo.

*¿Tu que crees que Dios te salvará por tus méritos? ¡Que equivocado que vas! .Dios te salva porque Él es Amor y como tal no puede hacer otra cosa.

*No tengas miedo de ser esclavo de Cristo, porque resulta que solo así serás verdaderamente libre.

*No, no te parezca duro lo que te voy a decir: si no deseas la santidad no tienes ningún derecho a pensar que eres cristiano.

*Por mucho que sufras, ninguno de tus sufrimientos se asemejará a lo que Cristo sufrió por ti.

*Ten por seguro que Cristo no puede estar en tu corazón, si al mismo tiempo hospedas al diablo en el sótano de tus pensamientos.

*Es que cuando se entiende quien es Cristo y lo que ha hecho por nosotros, no vas a necesitar otra motivación para seguirle ¡Cristo es suficiente!

*¿Quieres ser valiente? Pues ten intimidad con Cristo y no tendrás miedo de nada ni de nadie.

*Aprende a dejar de fingir y aparentar. La piedad fingida es una doble iniquidad.

*Si quieres seguir a Cristo de verdad, no suavices el evangelio. Si la verdad del evangelio te escuece, es porque sabes que algo te esta diciendo que corrijas, pero el evangelio no se debe rebajar.

*Comprueba que puedes tener muchas cosas y las puedes perder. Pero si las pones en las manos de Cristo, ni una se perderá.

*¿No te es suficiente saber que Dios sabe todo de ti y a pesar de eso te ama mas que tu a ti mismo?

*Quizás no eres lo que debes ser, tampoco lo que quieres ser, pero por la Gracia de Dios, no serás lo que solías ser.

*Si, seguir a Cristo cuesta, pero te va a costar aún más si no lo sigues, porque te costará tu alma.

*Date cuenta como pasa el tiempo. Pues aprende a vivirlo a la luz de la eternidad, que es lo que importa.

*La gran fiesta Dios nos la tiene preparada para cuando llegue la hora, de cada uno depende el querer participar.

 

Poniendo en tu vida las actitudes que he citado, tienes asegurada tu participación en ella. Ojalá que así sea.

 

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