Ecos del Evangelio

13 noviembre, 2021 / Carmelitas
DOMINGO XXXIII T. O. CICLO B 2021

Primera lectura: Daniel 12, 1-3
Salmo: 15
Segunda lectura: Hebreos 10, 11-14,18
Evangelio de San Marcos 13, 24-32

 

 

REFLEXIÓN:

 

Estamos en la recta final para terminar el año litúrgico. La liturgia nos invita a los fieles a meditar sobre el tiempo que coincidirá con la parusía, el retorno glorioso de Cristo. El gran acontecimiento escatológico es ilustrado por las lecturas del profeta Daniel y el evangelio de San Marcos, que se consideran como paralelos. Ambos anuncian una época de grandes sufrimientos que señalan el mundo actual.

 

Al leer el evangelio hoy, muchos caeremos en cuenta de que se está hablando de los últimos tiempos, pero también de que habrá paso a un nuevo tiempo lleno de claridad y esperanza.

 

En nuestro mundo nada es eterno, todo es perecedero. Jesús quiere que tengamos conciencia de ello, pero que no seamos alarmistas, pues nadie sabe la fecha, ni cómo será. Pero es seguro que llegará; para ello pone el símil de la luna y el sol que se apagarán y todo quedará en la oscuridad. Pero todo volverá a resurgir, porque el hijo de Dios, Cristo Resucitado, llenará de luz viva y resucitada a toda la humanidad.

 

Quizás nos cueste creer lo que en este Evangelio se nos dice, pero Cristo ya lo sabía y por ello nos sigue animando para que no nos dejemos vencer por falsas ilusiones, para que sigamos trabajando como hasta ahora por un mundo más justo, más solidario, más lleno de amor, donde todos nos sintamos como hermanos.

 

Para terminar les comparto estas exclamaciones de Santa Teresa de Jesús 14,2:

“Ya sabéis, Señor mío, que muchas veces me hacía a mi más temor acordarme de si había de ver vuestro divino rostro airado contra mí en este espantoso día del juicio final que todas las penas y furias del infierno que se representaban; y os suplicaba me valiese vuestra misericordia de cosa tan lastimosa para mí, y así os lo suplico ahora. Señor ¿Qué me puede venir en la tierra que llegue a todo esto? Todo junto lo quiero, mi Dios, y libradme de tan grande aflicción. No deje yo, mi Dios, no deje de gozar de tanta hermosura en paz. Vuestro Padre nos dio a vos: no pierda yo, Señor mío, joya tan preciosa. Confieso, Padre eterno que la he guardado mal; más aún remedio hay Señor, remedio hay, mientras vivimos en este destierro”.

 

 

Bibliografía:
Revista de Ecos de la Palabra.
Intimidad divina, P. Gabriel de Sta. María Magdalena. O.C.D.

 

Hna. Carmen Rey CSJ

 

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