Ecos del Evangelio

15 noviembre, 2019 / Carmelitas
DOMINGO XXXIII T.O.CICLO C 2019

 

El evangelio no es para satisfacer curiosidades, sino la manera de ir por la vida para llegar a la salvación. Unos le preguntan a Jesús cuándo llegará el final de los tiempos y cuál será la señal de que ha llegado. La respuesta de Jesús: «que nadie os engañe», esa es la cuestión importante. De lo que hay que preocuparse es del periodo de tiempo antes de ese momento final. Es decir de nuestra vida .Esto como se traduce a hoy día:

 

-Ante los engaños de nuestro tiempo. Hoy también debemos escuchar esa advertencia de Jesús: «Cuidado de que nadie os engañe; vendrán muchos diciendo «Yo soy»; no vayáis tras ellos». Porque hoy también son muchos los que se llevan al hombre tras de sí y lo hacen su ESCLAVO con el pretexto de darle todo lo que le apetece.

 

– Porque esclavizar lo pretende la publicidad: convertir al hombre en un «ser-para-consumir». Trabajar cuanto más mejor, para tener cuantos mas ingresos mejor, con los cuales comprarse cada día más trastos.

 

-Porque esclavizar: lo pretenden no pocos representantes sociales, para quienes el pueblo no es más que un voto cada X tiempo, y el hombre sólo un resignado consumidor de esperanzas no cumplidas, de palabras engañosas, de ofertas embusteras, de soluciones que nada arreglan salvo el poder y el bolsillo de muchos de los que mandan y sus amiguetes.

 

-Porque esclavizar lo pretende ese «consenso « que entre muchos se ha hecho, asegurándonos que la ciencia y la técnica lo van a resolver todo o casi todo, y a muy breve plazo; y se vive y se sueña para el ultimo grito, gastando hasta lo que no se tiene para tener el ultimo adelanto, porque de lo que se trata es de aparentar.

 

-Porque esclavizar lo pretenden la mayoría de los medios de comunicación, tan frecuentemente parciales, vendidos al mejor postor, o incluso-¿por qué negarlo?- incompetentes, incultos, analfabetos y vulgares, propagando falsedades nacidas unas veces de mala voluntad, otras del interés partidista y otras de la ignorancia; y lo que pretenden al final es decirnos qué y cómo debemos pensar, razonar, valorar, buscar, entender y hacer. Es decir, que el cerebro que Dios nos ha dado lo dejemos de vacaciones.

 

-Porque esclavizar lo pretenden los mil sucedáneos que, ante la insatisfacción que muchos van encontrando, han surgido como alternativa a algunos de los esquemas de vida en alza en nuestra sociedad.

 

-Y esclavizar es lo que pretenden muchas más cosas en concreto, que cada uno descubriría analizando la realidad que cada vive.

 

 

Pues bien ante esto, las palabras de Jesús son claras: «Que nada de todo esto os engañe, porque nada de lo anterior es la salvación del hombre, ni el sentido de su vida, ni su última realidad, ni su primordial preocupación». Entonces, ¿qué es lo importante? Lo importante es ganar la vida y no perder el tiempo (el «salvad vuestras almas» que dice el evangélico).

 

Porque hay dos engaños muy frecuentes:

1-Engaño:«Creer que» uno está ganando la vida porque gana dinero, fama, poder, prestigio, comodidad, placer, un status… (Un viejo profesor me decía que el infierno está lleno de «los que creían que » y » los que pensaban que»)

2-Engaño: Contentarse con ganar una parte de la vida (normalmente sólo la parte que «se ve, «lo material, olvidando lo espiritual) ¿Qué haremos con ganar todo lo material si no nos vamos a llevar nada? ¿Qué haremos si lo espiritual es lo que cuenta al final y lo hemos dejado de lado?

 

 

Amigos para ganar de verdad la vida hay que hacer lo que hizo Cristo : -No pretender huir ni escaquearse de la vida; hay que asumir la vida y la historia en toda su crudeza; el ejemplo de Jesús es más que claro: Él lo asumió todo: el dolor, la injusticia, la incomprensión, la persecución y la muerte; y sólo asumiéndolo le dio sentido y lo salvó. Pero este camino no es fácil; exige muchas cosas que se nos hacen cuesta arriba:

 

-Hay que renunciar a lo más fácil, a lo más cómodo o a lo más brillante, a lo aparente, a lo rutinario, a lo placentero, a lo instantáneo, al conformismo, todo ello tan de moda en nuestra civilización.

 

-Hay que renunciar a enseñarle a Dios lo que debe hacer, en vez de aprender de lo que Él ha hecho por nosotros, y lo que quiere hacer.

 

-Hay que renunciar a nuestras falsas imágenes de Dios, especialmente la de ese Dios todopoderoso que debería hacer bajar fuego del cielo para castigar a los malos, en vez de seguir obstinándose en hacer salir el sol sobre todos sin distinción.

 

A Dios tenemos que acercarnos tal cual Él se nos muestra, no como a nosotros nos gustaría; Dios no es ningún comerciante ni vendedor de parcelas celestiales a cambio de un contrato de méritos. Lo que nos pide es una fe perseverante, madura y comprometida.

 

Jesús y Pablo nos hablan hoy de la perseverancia, pero activa: no es estar esperando sentados, a que otros hagan las tareas. Aunque irónica, es clara la recomendación de Pablo a los cristianos de Tesalónica: Pablo los define como los que «viven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada», gente que vive sin hacer nada, aunque haya tareas que hacer. Ellos se dedican a dar consejos y a criticar, pero con las manos en los bolsillos.

Resumiendo el anuncio de Jesús: deberemos luchar siempre. No se trata de una lucha contra nadie sino entre el bien y el mal. Entre la verdad y la mentira. Entre el amor y egoísmo .Entre la justicia e injusticia. Esta lucha está también dentro de nosotros, porque todos tenemos bien y mal, amor y egoísmo… Mal vamos a colaborar en la transformación del mundo si no empezamos por nosotros mismos.

Hay algo más peligroso para la fe que la persecución cruenta. Y es cuando la fe se alía con los poderes mundanos y el boato. Mala señal cuando el evangelio que se predica no hace pensar a la gente, ni pone nervioso a nadie.

 

Llegamos entonces a convertirnos en el absurdo de «ser carteros para llevar nuestras propias cartas», Acabamos discutiendo cuantas genuflexiones hay que hacer, o que todo haga juego y este en conjunto. Y entonces la atención se centra en las arrugas que tiene la túnica de una imagen, o del color del terciopelo de la misma .Algo ridículo e hiriente desde el evangelio. Porque el evangelio y el seguimiento de Cristo no es nada de eso.

 

No, no vale distraerse con lo anterior. Y en cambio dejar de lado lo esencial, que es por ejemplo la Eucaristía, y que sin ningún rubor se saltan no pocos.
Como tampoco hay espacio para la evasión o para dormirse en los laureles esperando que Dios lo haga todo.

 

No hay ninguna razón para que cada uno se encargue solo de lo suyo, creyendo insensatamente que Dios se encargará de todos.

 

Pero tampoco hay motivo para la prisa y la chapuza, sino para la paciencia y la responsabilidad inteligente y solidaria.

El peligro que corren no pocos cristianos es que: viven una fe conformista, sin compromiso alguno que les pueda acarrear algún tipo de persecución. Sus vidas cristianas no tienen ningún relieve… Son cristianos sin esperanza. Y un cristiano sin esperanza no es cristiano.

 

 

Amigos, cuando la esperanza se pone a trabajar se reviste de paciencia, se hace realista y comprometida. Se sitúa al margen del pesimismo y del triunfalismo. Y entonces es capaz de superar tanto la tentación de no hacer nada, como la pretensión de hacerlo todo. Por eso para el que tiene esa esperanza, la paciencia no conoce el absentismo de los «pasotas», ni el fanatismo de quienes les han lavado el cerebro.

 

¿Quieres llegar a la vida eterna y no quieres caminar? «Quien rehúsa la fatiga del camino, ¿cómo puede reclamar el gozo de la posesión?». «Fue el orgullo lo que cambió a los ángeles en demonios; es la humildad lo que hace a los hombres ángeles». «Porque no hay santo sin pasado, no hay pecador sin futuro». Ahí tenéis la conclusión de San Agustín.

 

Por avisarnos que no quede, porque el Señor un día y otro también no para de hacerlo, y no para asustarnos, sino porque nos ama y quiere nuestra salvación.

 

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