Ecos del Evangelio

20 noviembre, 2021 / Carmelitas
DOMINGO XXXIV T.O. CICLO B 2021 JESUCRISTO REL DEL UNIVERSO

 

Con la conmemoración de Jesucristo Rey del Universo, coronamos el Año Litúrgico. Y la gran pregunta es ¿Si todo lo que ha acontecido en nuestras iglesias, en nuestras comunidades, en nuestras parroquias, en nuestra vida personal (cristianamente hablando), lo hemos centrado en Jesús? Si lo hemos vivido desde Cristo y con Cristo, tanto lo agradable como lo triste. Si es así, NO resultará difícil entender, celebrar, ni asimilar que Cristo es Rey.

El Año litúrgico, es un inmenso arco que hemos recorrido (adviento, navidad, cuaresma, pascua y la cadencia semanal) y en ese arco, Jesús es la piedra angular: la clave que sostiene todo.

El Año litúrgico, es el recorrido por nuestra propia vida. Si en el transcurrir de nuestra vida hemos contado con Cristo como nuestro Guía y Maestro, entonces se tienen que haber producido cambios e importantes en nuestra manera de pensar y de actuar.

El Reino que Jesús nos propone no conoce fronteras.

 

El reino de Jesús, es un racimo incontable de hermanos, en el que estamos llamados a entendernos y a promover la justicia, la paz, el perdón, etc.

El reino de Jesús, es un racimo de seres humanos, en el que todos nos regimos por una sola ley: el amor.

El Reino que Jesús nos ofrece, pretende transformarnos en hombres nuevos, a imagen y semejanza de Cristo.

El Reino de Jesús, no son grandes hectáreas o palacios espléndidamente decorados con cortinajes y oropeles, son multitud de corazones latiendo al ritmo de Cristo.

Es en el corazón, donde Dios quiere reinar de verdad. Y es en el corazón del hombre, donde Dios también encuentra más resistencias y más obstáculos.

Qué nos respondería hoy Jesús, si le hiciéramos la misma pregunta que le hizo Pilatos: ¿Tú eres rey, Señor? Tal vez, Él nos contestaría: depende de lo que entiendas por “rey”. ¡Es un rey tan atípico! ¡Es un reinado tan original! ¡Es un reino tan fuera de los parámetros mundanos!, que quizás también muchos, seguirían hoy día, -y así sucede- lavándose las manos.

 

No, nosotros, mal que nos pese, no somos el centro del mundo ni, por supuesto, el eje alrededor del que gira todo lo demás. Y como no lo somos, aunque nos lo creamos, luego viene lo que viene y pasa lo que pasa: el tinglado que nos habíamos montado (la sociedad del bienestar) se nos viene abajo; los vasallos que pensábamos tener a nuestro servicio (los amigos) nos dan la espalda y nos quedamos con lo que en realidad somos: simple pretensión de ser y de aparentar lo que nunca fuimos.

 

El Reino del Señor es muy distinto de cualquier reino de este mundo.

*Su defensa es el amor

*Su poder es el servicio

*Su corona es la verdad

*Su trono es una cruz

*Su castillo es la vida interior

*Su pregón es Dios amor

*Su ejército, es el convencimiento de aquellos que seguimos esperando y creyendo en Él.

 

 

Después de 33 domingos, en los que hemos ido entrado en comunión con Cristo, por la oración, por su mensaje y por la Eucaristía ¿Aún tenemos dudas de que Él es el único Rey al que merece la pena seguir?

 

 

Después de 33 domingos, en los que Cristo nos ha mostrado y demostrado su amor inmenso en el Calvario; sus horas de gloria en la mañana de Resurrección; en los que hemos asistido a encuentros y desencuentros con los escribas y con los fariseos; en los que hemos visto como, Jesús, es un Dios que salva al hombre y sana a enfermos, ciegos, cojos, lisiados y que es capaz de ofrecer alimento allá donde exista la escasez. ¿Aún tenemos dudas de que Él es el único Rey al que merece la pena seguir?

 

 

¿O es que ha podido más el continuar lavándose las manos, y la indiferencia, porque hemos ido detrás de otros reinos, que aunque no lo reconozcamos, nos han dejado vacíos?

¿Dónde hemos visto a alguien que, como Jesús, se desviva hasta exprimir su sangre en la cruz?

¿En quién hemos visto, sino en Jesús, un interés por el pobre hasta defenderlo y ponerlo en el lugar que le corresponde?

¿Dónde encontrar a otro, que no sea Jesús, apostando por el hombre, animándole a seguir adelante y a levantarse tras los tropiezos de cada día?

 

 

En el mundo, en el arte, en la cultura, en la música parece escucharse hoy más que nunca, ¡no queremos que Jesús reine sobre nosotros! Estorban imágenes sagradas en lugares públicos; la inspiración de las canciones no es precisamente la persona de Jesús; la arquitectura y la ornamentación navideña, por ejemplo, se ha sustituido por otros motivos que, no pocas veces congenian con la zafiedad, la chabacanería, la vulgaridad y el mal gusto.

 

Naturalmente no hay por qué volver a las confusiones del nacional catolicismo. Pero no se puede seguir en el equívoco de un pretendido laicismo, que está destruyendo el patrimonio cultural por el mero hecho de creerlo religioso. Hay sensibilidad para conservar catedrales y arte religioso, pero con la mayor insensibilidad se suprimen fiestas que son parte de la cultura religiosa.

 

¡Qué razón tenía Jesús! ¡Mi Reino no es de este mundo! ¡Ni falta que hace, Señor! Entre otras cosas porque, los hombres, tenemos una capacidad extraordinaria para destruir lo bueno, lo santo o las raíces de un árbol (como el cristianismo) que ha sido la vena de poetas, artistas, labriegos, sacerdotes, arquitectos o de pintores, hasta no hace mucho tiempo.

 

Pero, precisamente, Señor, porque tu Reino no es de este mundo, necesitamos personas, servidores tuyos que naden contracorriente; que digan al pan, pan y al vino, vino. Hombres y mujeres que, ante el intento de un diseño de la sociedad, la educación, la familia….al margen de tu Reino, sean capaces de anunciarlo de nuevo, desde abajo, desde el principio, sin temor, con convencimiento. Y, entonces, Señor…tu reino volverá, de nuevo, a hacerse hueco en este destrozado imperio, que el hombre se ha construido sin contar contigo y con el asentimiento o el silencio cómplice de no pocos cristianos.

 

 

Mal que le pese a muchos, TU, SEÑOR, ERES…EL CENTRO.

 

*En el centro de la rueda, Tú Señor, eres el eje.

*En el centro de la historia, Tú Señor, eres la página central.

*En el centro de la humanidad, Tú Señor, eres el corazón.

*En el centro de la Iglesia, Tú Señor, eres su cabeza.

*En el centro de la vida cristiana, Tú Señor, eres su motor.

*En el centro de la caridad, Tú Señor, eres su empuje.

*En el centro del amor, Tú Señor, eres la razón para regalarlo.

*En el centro de la alegría, Tú Señor, eres la fuente de donde mana

*En el centro de la fortaleza, Tú Señor, eres el secreto que la produce

*En el centro de la fe, Tú Señor, eres su razón

*En el centro de la Eucaristía, Tu Señor, eres quien la hace real.

*En el centro de la oración, Tú Señor, eres quien la hace verdadera

*En el centro de la verdad, Tú Señor, eres quien la fundamenta.

*En el centro de la humildad, Tú Señor, eres quien NO la hace falsa.

*En el centro de la fraternidad, Tú Señor, eres nuestro hermano mayor.

 

 

Ni el poder convencional (el imperio). Ni la religión convencional (la sinagoga). Ni la sabiduría convencional (las academias griegas), comprendieron el mensaje de este Rey. Para Pilatos fue un «INRI». Para la sinagoga un escándalo. Para los griegos una necedad. Pero para los que creyeron en Jesús, los más pobres y sencillos, fue la misma fuerza y sabiduría de Dios.

 

Se suele decir, que ni son del Reino todos los que están en la Iglesia, ni están en la Iglesia, todos los que son del Reino.
¿En qué situación estamos nosotros?

 

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