Ecos del Evangelio

9 septiembre, 2017 / Carmelitas
Dónde dos o más están reunidos

DOMINGO XXIII T.O. CICLO A 2017 Ahora que nos disponemos a iniciar un nuevo curso, en lo personal y en las comunidades cristianas, el evangelio nos puede ayudar a realizar algún paso adelante, algún paso de mejora personal y comunitaria. Y para eso tengamos claro algunas cosas. 1- Somos responsables los unos de los otros A veces decimos “yo no me meto con nadie”. Y quizá lo decimos como si fuera algo bueno. Es una frase que corresponde a un comportamiento que tiene como norma suprema el vivir para uno mismo y preocuparse de los demás sólo en aquello que nos interesa. Pero más allá de esto, que cada uno haga lo que quiera. Sin embargo hay una práctica peor. Es la de meterse en la vida de los demás con mala intención, perjudicando, haciendo mal. Un ejemplo muy frecuente en ciertos ambientes nuestros (entre vecinos, en el trabajo, en la compra…) es el de meterse para criticar. Algo que parece a veces intrascendente, pero que a menudo causa mucho daño. En el evangelio de hoy hemos escuchado la opinión de Jesucristo sobre este tema.: todos somos responsables los unos de los otros. Y por ello, porque somos responsables mutuamente de nuestra vida, es necesario que “nos metamos en la vida del otro” cuando sea oportuno, pero para ayudar y siempre con amor. Ni es cristiano despreocuparse, ni lo es atacar sin amor para criticar y perjudicar. Seguramente todos lo haríamos mejor si entendiéramos qué significa que somos hermanos, hijos de un mismo Padre. El evangelio de hoy comenzaba diciendo: “Si tu hermano…”. Aquí está la clave de cómo hemos de actuar con los demás: ni indiferentes, ni superiores, sino como hermanos. 2- Corresponsabilidad en la Iglesia Las palabras de Jesucristo también van dirigidas hacia las comunidades cristianas Este referirse a la relación entre cristianos, no significa que sea lícito despreocuparse de los que no son de la Iglesia. Sino que por el hecho de formar parte de una comunidad cristiana, nos debe llevar a caminar juntos, íntimamente responsables unos de otros. 3- Caminamos juntos. Por tanto, el pecado o el error o la tibieza de uno u otro, afecta a todos. Por eso, aunque en la Iglesia hay unos responsables con autoridad pero para servir, nadie puede desentenderse de esta preocupación común, de este interés por el camino de todos. Tenemos derecho y deber de preocuparnos por el conjunto de la comunidad y por cada uno de sus miembros. Pero siempre -no lo olvidemos- fraternalmente. Una comunidad que se pelea, que se debate entre celos, envidias, que está dividida, que vive continuas tensiones o susceptibilidades, no es una comunidad cristiana. Como tampoco lo es una comunidad callada, en la que -por lo que sea- se deja la responsabilidad en manos de un pequeño grupo o quizá de una sola persona. “Uno que ama a su prójimo -dice Pablo- no le hace daño”. 4- Corregir no es castigar, sino conducir a la conversión En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano». Pecado es toda acción u omisión que te separa de ti mismo, de Dios o del prójimo. Que te aleja del proyecto de llegar a ser como Dios manda. Ocurre cuando el hombre, llevado de su capacidad de contradicción, no vive en armonía consigo mismo, no tiene coherencia entre lo que piensa, siente, profesa y aquello realiza. Cuando lo veas vivir así, corrígelo. El otro, es parte consustancial de ti mismo y tú eres su responsable ante el Padre. Porque si te confiesas cristiano no puedes dar razón de ti mismo, no puedes explicarte a ti mismo sin contar con los que te rodean, con los que la providencia ha puesto en tu mismo plan de salvación, plenitud o felicidad. Cuando lo corrijas que reine en ti la caridad. Corrígelo, pero no utilices la verdad, o las verdades, como un dardo para herirle. Corregir no es castigar, es conducir a la conversión. Corregir es ayudar a recuperar la orientación fundamental de la vida del otro. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano». Lamentablemente constato que este mandamiento se realiza, perfectamente y con mucha frecuencia, pero al revés: primero se publica y denuncia el asunto a los cuatro vientos y cuando ya todo está de boca de todos, se llama al afectado, que es el último en enterarse, y en presencia de dos o tres se le da la reprimenda que no sirve para nada, a lo sumo para escarnio y vergüenza, y aquí paz y allá gloria y que cada palo aguante su vela. Desgraciadamente eso pasa en no pocas comunidades. 5- Un hombre, por muy en pecado que esté, nunca es un blanco a derribar. Si uno se empeña en vivir en contradicción consigo mismo ayudémosle a salir de la situación, si no le conseguimos ayudar o no se deja ayudar, es él el que se aparta de la comunidad, pero no le demos por muerto, esperémosle, – recordemos al “padre” de la parábola del “Hijo Pródigo” -. Tu hermano no es malo de raíz, no es radicalmente malo, está enfermo o simplemente equivocado. No podemos condenar a nadie, ni somos Dios, ni hoy es el día del Juicio final. Cada persona es como un puzzle compuesto de capacidades, méritos y defectos, capaz de bondad y de maldad, de justicia y de pecado. Tú no desesperes, -recuerda al «padre»-, no le taches de la lista de tu esperanza. 6- “Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo”. Lo que tú no perdones en esta vida, nadie lo va a perdonar en tu lugar. Y sólo perdonarás de corazón, sin el más mínimo rencor, si has sido capaz de ternura. La ternura no es blandura de corazón, la ternura es fruto de una participación consciente en la vida y en las necesidades del otro, (como una madre participa de las necesidades en la vida del hijo recién nacido). La ternura surge cuando uno tiene la convicción profunda de que es «alguien» importante, no sé si necesario, en la vida del «otro», (como ocurre con la madre y el hijo), ya que sin el «otro» no se encuentra razón de ser. La ternura supone acogida cálida del «otro» aceptándolo tal y como es, e incluso a pesar de ser como es. El «otro» es el mío y no tengo más. La ternura también requiere un trato basado en la confianza y en la fiabilidad mutua. Confianza y fiabilidad nacidas de la esperanza. Confianza y fiabilidad que les llevarán a mantener en continuidad temporal el compromiso de relación adquirido. 7-«Os aseguro además que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». La comunidad soñada por Jesús es una familia de hermanos que tienen como padre a Dios; nunca será la suma de personas yuxtapuestas, ni un club o asociación para conseguir unos fines concretos. La comunidad soñada por Jesús encuentra en sí misma su propio fin. La comunidad es fin y medio en sí misma, es un grupo compacto, una persona de personas unidas por el corazón y por la voluntad de vivir, ahora y aquí, el reino o reinado de Dios. Y para conseguirlo mantienen unas relaciones basadas en la autoestima y en la estima de la persona del otro. Pidamos, desde la fuerza que nos da la oración, que seamos capaces de discernir nuestra propia vida, de fomentar comunidades cristianas más auténticas y de que, nuestra maduración en la fe vaya creciendo de tal manera, que gustemos y acojamos la corrección fraterna como un camino hacia la perfección humana, comunitaria y personal. HAZLO TODO CON AMOR Si tengo defectos y dificultan mi camino, ayúdame a superarlos….pero con amor. Si avanzo en la dirección equivocada, indícame el camino verdadero….pero con amor. Si hay algo que de mí no te gusta y te hiere, házmelo saber….pero con amor. Si mi vida se dispara hacia un túnel sin salida, adviértemelo….pero con amor. Si soy egoísta o vanidoso, si la envidia no me deja ser feliz, si tengo mil vicios o caídas dímelo….pero con amor. Si no soy como no tengo que ser, no pretendas que sea como tú, pero si tú vives en la verdad y yo en la mentira dime cómo se sale de ella….pero con amor. Si me falta corazón y caridad, reza por mí……pero hazlo con amor. Si estoy mal conmigo mismo y con los demás, si me encuentro agarrotado por la soberbia, si hace tiempo que perdí el norte de mi existir, mírame a los ojos….pero hazlo con amor. Si pensamos de forma diferente, si crees que podemos caminar juntos, si todavía confías en mí, intentémoslo de nuevo……pero con amor. Pero una cosa te digo: Si piensas que, sólo soy yo, el que fallo. Si crees que, soy sólo yo, el falto de caridad. Si crees que tú eres el santo, el bueno y el sabio, no me digas entonces nada, porque es cuando me daré cuenta que tú tampoco dejas actuar a Dios. Dime lo que quieras… pero eso sí…hazlo con amor. AMEN

 

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