Ecos del Evangelio

7 julio, 2016 / Carmelitas
EL AMOR CLAVADO POR AMOR EN CRUZ

“Todo está cumplido”.Si, todo está cumplido por parte de Cristo que llevó su amor hasta el extremo y por parte de los que le tenían ganas y lo crucificaron. El Amor clavado por amor en una cruz Hoy Viernes Santo hace que queden como historia aquellos triunfos y glorias de Jesús mientras estaba con la gente. Hoy Viernes Santo se han quedado mudas las gargantas que gritaban “Hosanna al Hijo de David”. Hoy Viernes Santo echamos una mirada al Cenáculo y está vacío sin comensales, unos desaparecieron tras el prendimiento, otros llorando su deslealtad con Jesús, otro colgado de un árbol tras darse cuenta de la monstruosidad de haber vendido a su Maestro. La jofaina con que Cristo lavó los pies a los discípulos quizá, aun con algunas gotas de agua, junto con la toalla húmeda. Y por encima de todo está la oración de Jesús: “te ruego, Padre, por ellos” “que sean uno”. Quedaron atrás las traiciones y las negaciones, los encuentros y desencuentros, las palabras de más….y las ausencias de aquellos que debieron de haber estado, más que nunca, cerca del amigo. Parece imposible, pero es cierto. Todo se ha consumado. Todo se ha cumplido. El amor clavado por amor en una cruz. Y sus íntimos, por miedo, por cobardía y porque quedaron decepcionados ante el mesianismo de Cristo, cada uno a lo suyo. Aquel dicho del muerto al hoyo y el vivo al bollo se va a producir en pocos minutos, cuando sepulten a Cristo. Lo que los profetas habían anunciado se ha cumplido. El Siervo de Yahvé, humilde y obediente, ha sido elevado en una cruz. Pero no solo los más íntimos desaparecieron, sino también tanta gente a la que Cristo había ayudado y curado, a la que le había devuelto la ilusión y la esperanza. Y es que el corazón humano, muchas veces, es así de miserable. Se podría decir aquí en negativo aquel dicho “de mal nacido es ser desagradecido. -¿Dónde están tantos y tantos enfermos (paralíticos, sordos ciegos, leprosos) a los que Cristo sanó? ¿Dónde los que, siendo sordos, ahora desde lejos escuchan el martilleo sobre los clavos del madero? -¿Dónde están los que fueron rescatados de aquella muerte que dejó fríos sus cuerpos? ¿Dónde están aquellos hambrientos que fueron saciados por la abundancia de pan y de pescado? ¿Dónde? No importa, Cristo no amó para que se lo agradecieran, sino porque el Amor solo puede hacer eso, amar. Y si volviera en carne mortal volvería a hacer lo mismo, aunque le pagaran con la misma moneda. Hoy es un día para conmoverse ante la pasión y muerte de Cristo, no para sentir lastima y cargar contra los que lo traicionaron, lo vendieron o ni siquiera lo acompañaron. Aquel que no hizo otra cosa sino hacer el bien, es incomprendido y alzado en una infame cruz. Aquel que, en el encanto de una noche estrellada, se hizo niño en Belén, cierra los ojos de nuevo con escasas siete palabras de confianza, misericordia, perdón. Aquel que Dios ofreció a la humanidad para que nos amaremos unos a otros expira en la cruz, solo acompañado de su Madre y Juan evangelista con algunas piadosas mujeres.Amigos, Cristo muerto en la cruz nos debe llevar a comprender que está allí y en esa situación, porque entregó su vida por cada uno de nosotros Y esa escena no es ningún teatro ni ninguna simulación, es una cosa demasiado seria como para que tantos cristianos se tomen su fe a la ligera.Sus palabras al ser pronunciadas con y en verdad, dejaron al descubierto (y lo siguen haciendo) las mentiras de tantas gargantas, y las vidas hipócritas y farisaicas de no pocos que se dicen seguidores de Cristo. Hoy es un día para que –como mínimo-muchos sientan sonrojo. La muerte de Jesús es el premio por su fidelidad a Dios. Podía, perfectamente, haber renunciado a ella y haber contemporizado con las autoridades religiosas y políticas de entonces, pero no. La Verdad solo tiene un camino, y Cristo se abrazo a ella y con ella expiró en la cruz. Ahí en la cruz tenéis la prueba de la lealtad y la obediencia a la Verdad .¡Que ejemplo el de Cristo ante tanta mentira, manipulación, apariencia y miseria que siguen pululando por nuestra sociedad! Hoy por tanto al contemplar a Cristo en la cruz hay que dejarse ya de pietismos baratos y de lágrimas de cocodrilo y asumir de una vez y saber el por que y para que murió Cristo. Y lo resumo en 5 puntos: 1. Jesús no murió por confusión de sus enemigos. La acción de Jesús era necesariamente una amenaza contra el orden social y religioso establecido, porque el orden que había era un autentico desorden, pero que querían mantener a toda costa tanto las autoridades civiles y religiosas.2. Jesús no predicó un reino abstracto sino concreto: contra unos poderes que van más allá del corazón del hombre y se convierten en pecado histórico y estructural: unos poderes que anularon y anulan la dignidad de las personas, mientras los que mandan viven opíparamente y les importa un comino en bien de las personas. 3. Jesús fue condenado en juicio justo en cuanto que las acusaciones que se le hicieron eran justas desde el punto de vista legal; y la pena que se le aplicó era la que correspondía a las acusaciones que se le hicieron. Por eso es hora ya de dejarse de antisemitismos injustificados, es hora de dejar de ver a los judíos como “raza maldita”. Tales ideas sobre los judíos son, cuando menos, muestra de no haber entendido nada del proceso a Jesús. ¡Pero si ahora se sigue condenado y crucificando a Cristo diariamente por la incoherencia y traición de muchos que se dicen sus seguidores! 4. La conmemoración de la muerte de Jesús no se puede reducir a una celebración de culto de una hora, ni solo a una vivencia pietista, sino que ha de ser también la celebración creyente de una vida que sigue los pasos de quien fue muerto violentamente por quienes no aceptan los caminos de Dios. ¿Si Cristo murió por amor y sus seguidores no viven y se entregan como Él por amor, a quien siguen? 5. La muerte de Jesús disipa las ideas de falsos mesianismos y de la salvación por el poder. Ningún poder, ni ningún mesias de los que pululan nos llevaran-aun en medio de dificultades-por el camino de la felicidad, sino mas bien-y lo estamos comprobando- hacia el desastre de la persona, la sociedad y los pueblos. Contemplemos la cruz, y veremos que Dios sigue llorando cuando nosotros lloramos. Que, nuestro dolor, a sus ojos es comprensible. También Él vio como su Hijo perdía la vida en plena juventud. Besemos la cruz, y tomemos conciencia del amor gigantesco que yace en el madero. Un amor que, por ser tan grande en el Nazareno, a la fuerza ha de ser del cielo. Postrémonos ante la cruz, y nos impresionaremos ante las estampas sufrientes que se siguen dando en nuestro mundo. Y ante las cuales el mundo desarrollado sigue mirando hacia otro lado. Comprometámonos ante la cruz a mirar de frente, y no darles la espalda, a esas otras cruces que se alzan en tantos montes calvario y con miles de hermanos nuestros. ¿Nos damos cuenta que, mirar a la cruz de Cristo, conlleva abrir nuestros ojos al Cristo sufriente que padece, sufre y muere en nuestro tiempo? ¡Cuantas cosas nos revela hoy la cruz, si tú que me escuchas, estas dispuesto a tomarte en serio a Cristo que murió por ti! Porque de la cruz pende la inocencia declarada culpable. El amor más inmenso declarado como blasfemo. El justo, odiosamente maltratado y ejecutado. La gloria humillada sin límites. La voz del Padre acallada por la miseria humana. La Verdad triturada, porque dio voz a los silenciados, acallados y apartados por un mundo arrogante Hoy, en este Viernes también se debe someter a juicio nuestra fe, hace falta que muchos tiren al suelo y destruyan esa careta hipócrita que llevan, para que delante de Cristo crucificado en la hora de la Verdad, opten por Él o contra Él; pero que dejen de usarlo. Este «Dios crucificado» no permite una fe ingenua y egoísta en cualquier dios poderoso puesto al servicio de nuestros propios intereses. Este Dios nos pone mirando hacia el sufrimiento, el abandono y los gritos de tantas víctimas de la injusticia. A este Dios nos acercamos, cuando sabemos acercarnos al sufrimiento de cualquier abandonado. Los cristianos seguimos dando muchos rodeos para no encontrarnos con el «Dios crucificado». La Semana Santa nos recuerda que la originalidad del cristiano está en «permanecer con Dios en la pasión» de los que sufren. Sin esto, no hay fe en el Dios verdadero, sino manipulación. Si, el Viernes Santo es también la hora de nuestra verdad, y si somos sinceros, la hora que nos tendríamos que imponer la sentencia justa a nuestra manera de vivir el cristianismo.

 

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