Ecos del Evangelio

7 julio, 2016 / Carmelitas
El Buen Pastor

DOMINGO IV DE PASCUA CICLO C 2016

En una sociedad rural, como era la que escuchaba a Jesús, la imagen del buen Pastor al frente de su rebaño, conociendo a todas y cada una de sus ovejas, guiándolas a los mejores pastos e incluso dando su vida por ellas, era una imagen próxima, conocida y perfectamente asimilable. Por eso la usó Jesucristo que era, entre otras cosas, un espléndido conocedor de la realidad que le rodeaba y de sus oyentes.

Hoy, la figura del pastor queda lejana y desdibujada. Apenas se cruza con nosotros alguna vez un pastor con sus ovejas y casi nos parece un vestigio de un pasado superado. A pesar de eso, todavía despierta ternura y añoranza esa unión entrañable con lo más puro de la naturaleza.

Quizás hoy más que hablar de pastores habría que hablar de líderes, porque lo que hoy tenemos son líderes (o mejor dicho lo que escasea). El hombre siempre ha necesitado mirarse en otro hombre, siempre va buscando modelos de comportamientos, siempre ha tenido delante la imagen de algún hombre al que admirar y al que- aunque sea inconscientemente- pretende parecerse o está dispuesto a seguir. El líder se destaca de los demás, por sus especiales cualidadesy, para ser auténtico, debería ser imitable sin miedo a equivocarnos.

¿Cuales son hoy los líderes que acaparan nuestra atención y nos marcan el camino?Fundamentalmente, los mandatarios sociales. Querámoslo o no, aceptémoslo o no, sus decisiones tienen una importancia decisiva en la vida de la humanidad. Es evidente que no se puede vivir en sociedad sin organizarse y que la máxima y más importante de las organizaciones sociales, es, sin duda, el Estado a cuyo frente se encuentran los mandatarios

De los mandatarios depende que una sociedad sea de una u otra forma, porque de las leyes que dicten se derivará la justicia social o injusticia; el respeto a la vida o su desprecio; el respeto a los llamados derechos humanos o el saltárselos a la torera; la posibilidad de una solidaridad entre los hombres o el fomento de la individualidad y la ambición que pasan por encima del bien común. Individualidad, ambición y egoísmo que los propios líderes cultivan con pasión: el dinero, la influencia, la autosatisfacción, la apariencia y la mentira.

Hay otros líderes: los triunfadores apresurados en el mundo de los negocios. Aquellos que dominan y son realmente uno de los llamados poderes fácticos, los que ocupan las portadas y los artículos de las revistas especializadas.

Los que imponen las leyes del mercado quizá con la fría distancia que supone dictar resoluciones desde los Consejos de Administración de potentes multinacionales que no están cerca precisamente de las “ovejas” y que, por supuesto, ni las conocen.

Podríamos hablar de otros líderes, todos ellos triunfadores, arrogantes, subidos al podio del éxito, unos líderes que son auténticos ídolos con los pies de barro, que mientras duran, aunque sea fugazmente, dejan embobados a sus seguidores que se visten como ellos, actúan como ellos y quieren ser como ellos.

En tiempos de Jesús también habría líderes de esta clase. Ninguno de ellos, posiblemente como los que hoy tenemos, conocía a las “ovejas”, ninguno vivía con ellas ni como ellas, ninguno estaba dispuesto a arriesgar su vida para salvar a nadie.

Pero, de pronto, surgió un verdadero líder, que dejó y deja a la altura del zapato a cualquier otro lider. Un líder poderoso en el amor, auténtico, veraz, valiente. Un líder capaz de utilizar dos palabras mágicas en su momento justo: Si y No; lo que en román paladino decimos llamar al pan, pan y al vino. De pronto en aquella pequeñísima e insignificante parte del mundo entonces conocido, lejos de la opulenta Roma, se oyó la voz estruendosa de un líder. Un lider que decía cosas rarísimas: tales como llamar bienaventurados a los que lloraban, a los que sufrían y a los que nadie quería porque eran pobres y desgraciados.

Y no solamente hablaba sino que hacía: liberaba a los paralíticos de su parálisis, a los mudos de su mudez, a los ciegos de su ceguera y abría el oído a los sordos y hasta a los muertos devolvía la vida para que pudiesen certificar de su poder y de su bondad por los caminos de Galilea o de Judea.

De repente surgió un líder que no tenía dónde reclinar su cabeza pero al que no le importaba acudir a los convites de algún amigo “pudiente”, que también los tuvo, para llenar de gracia y de sentido común su casa.

De repente surgió un líder que habló del Reino de Dios no como una realidad espiritual a conseguir cuando el hombre abandonara esta tierra en la que está tan arraigado, sino precisamente antes de que la abandone.

De repente surgió un líder cuya voz no se ha callado, cuyo eco sigue retumbando en el aire y golpeando la conciencia de los hombres, creyentes o no. Porque cuando alguien se acerca al hombre por el hombre está siendo, lo sepa o no, lo quiera o no, una pequeña resonancia de aquella gigantesca voz que gritó hace dos mil años. Y que en nada se parecía a los actuales líderes

Los líderes actuales apenas merecen la pena. La mayoría, no son líderes, sino lastres, liantes, laderas que despeñan a la sociedad al abismo. Nos falta la figura gigantesca que viva lo que dice, que esté cerca de los hombres, que se adentre con ellos por los difíciles y a veces angustiosos caminos de la vida y que esté dispuesto a recorrerlos palmo a palmo sin desfallecer.

Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano. Aquí está la definición de pastor, de lider autentico que nos da Jesucristo y que se aplica a si mismo. De sus palabras se desprende también como se debe ejercer el pastoreo. Y como siempre, parece mentira, que estén escritas hace 2000años y todavía no se quieran entender y poner en práctica. Lo diré con definiciones cortas para expresarlo:

SE TRATA DE:

-Ser menos jefes y más pastores de la Iglesia .Pedir a DIOS que necesitamos más pastores en su Iglesia.

-No poner excesivo peso en los hombros de los demás y cargar, cuando haga falta, con aquel que –tal vez- está cansado de todo.

-No conformarnos con aquellos que están alrededor, sino salir de nuestro círculo con valentía, para recuperar a los que hace tiempo se perdieron, los perdimos o los dejamos escapar.

-No ser funcionarios eclesiales y sí personas que quieren ser felices llevando el mensaje de Jesús.

-Mirar a los ojos a los que, tal vez, hemos olvidado o marginado porque nos resultaban incómodos o proféticos (es decir, molestos) para nuestra vida.

-Realizar un esfuerzo mayor en el conocimiento, y menos en los juicios, sobre aquellos a los que desde nuestra posición privilegiada castigamos con el látigo de la indiferencia.

-Preguntar por aquellos que, tal vez, se encuentran inmersos en mil soledades, al borde del “crac” personal o de una “ruptura existencial”.

-Interesarnos por aquel al que le pusimos veto en nuestro redil.

-Curar las heridas producidas por la excesiva dureza del cayado con unos o…por la blandura y el consentimiento del mismo cayado con otros.

-Salvar a personas, con nombres y apellidos concretos, que viven circunstancias de orfandad y de decepción, de pasotismo o indiferencia.

-Comprender y liberar (no indagar) en las historias personales de aquellos que viven bajo el peso de ellas. Si Dios perdona… ¿nosotros por qué no?

-Dar la vida (en gestos y palabras, en decisiones y cercanía) no a los pocos que tal vez eclipsan la realidad donde vivo sino, por aquellos otros que han visto algunas puertas, que nosotros les podemos ayudar a abrir.

-Poner menos empeño en actividades, reuniones y delegaciones…. y burocracia e interesarnos más por lo concreto de las personas que se encuentran al borde de muchos precipicios.

-Cerrar el paraguas de tantas ideas que gastan a las personas y que se quedan sobre la mesa, y en cambio, recorrer caminos que nos lleven a esas personas, a sus circunstancias y a su realidad concreta.

-Construir una Iglesia donde, de verdad, sintamos la presencia del Pastor (Jesús) por el testimonio, la palabra, el interés, la cercanía, la comprensión, etc., a través de aquellos pastores que hablan y actúan en su nombre.

¡SI… ASI ES CRISTO, EL BUEN PASTOR!

El que en sus hombros recoge lo bueno y lo mezquino de mi vida.

El que carga sobre si la grandeza que le prometí y no cumplí y la pobreza en la que me hundí.

El Pastor bueno y prudente que en los mil caminos de mi vida me hizo esquivar aquellos que me conducían al abismo.

El que me presentó a otros que ponían delante de mis ojos: la alegría y la vida, el encanto y el ensueño, la fe y la esperanza.

¿Y NOSOTROS OVEJAS DE SU REBAÑO?

¡Ay nosotros!

Siguiéndole a horas y por momentos, cuando no tenemos algún compromiso.

Perdiéndonos cuando Él más empeñado está en seguir sosteniéndonos con su mano.

Teniéndole como el compañero que nunca falla aunque nosotros fallemos.

Lo tenemos como el Padre que siempre espera.

Lo tenemos como el Señor que nos tiene preparado al final de nuestra existencia prados donde nunca se hace invierno.

Fuentes que sacian para siempre al sediento.

Pan vivo para nunca bajar del cielo aunque estemos en la tierra…

Que nos conoce uno a uno, con nombre y apellidos.

¿Por qué tantos tienen al Buen Pastor tan relegado u olvidado?. Pues porque son masoquistas o porque su cristianismo es una simple rutina, es decir, falso.

DOMINGO IV DE PASCUA CICLO C 2016

En una sociedad rural, como era la que escuchaba a Jesús, la imagen del buen Pastor al frente de su rebaño, conociendo a todas y cada una de sus ovejas, guiándolas a los mejores pastos e incluso dando su vida por ellas, era una imagen próxima, conocida y perfectamente asimilable. Por eso la usó Jesucristo que era, entre otras cosas, un espléndido conocedor de la realidad que le rodeaba y de sus oyentes.

Hoy, la figura del pastor queda lejana y desdibujada. Apenas se cruza con nosotros alguna vez un pastor con sus ovejas y casi nos parece un vestigio de un pasado superado. A pesar de eso, todavía despierta ternura y añoranza esa unión entrañable con lo más puro de la naturaleza.

Quizás hoy más que hablar de pastores habría que hablar de líderes, porque lo que hoy tenemos son líderes (o mejor dicho lo que escasea). El hombre siempre ha necesitado mirarse en otro hombre, siempre va buscando modelos de comportamientos, siempre ha tenido delante la imagen de algún hombre al que admirar y al que- aunque sea inconscientemente- pretende parecerse o está dispuesto a seguir. El líder se destaca de los demás, por sus especiales cualidadesy, para ser auténtico, debería ser imitable sin miedo a equivocarnos.

¿Cuales son hoy los líderes que acaparan nuestra atención y nos marcan el camino?Fundamentalmente, los mandatarios sociales. Querámoslo o no, aceptémoslo o no, sus decisiones tienen una importancia decisiva en la vida de la humanidad. Es evidente que no se puede vivir en sociedad sin organizarse y que la máxima y más importante de las organizaciones sociales, es, sin duda, el Estado a cuyo frente se encuentran los mandatarios

De los mandatarios depende que una sociedad sea de una u otra forma, porque de las leyes que dicten se derivará la justicia social o injusticia; el respeto a la vida o su desprecio; el respeto a los llamados derechos humanos o el saltárselos a la torera; la posibilidad de una solidaridad entre los hombres o el fomento de la individualidad y la ambición que pasan por encima del bien común. Individualidad, ambición y egoísmo que los propios líderes cultivan con pasión: el dinero, la influencia, la autosatisfacción, la apariencia y la mentira.

Hay otros líderes: los triunfadores apresurados en el mundo de los negocios. Aquellos que dominan y son realmente uno de los llamados poderes fácticos, los que ocupan las portadas y los artículos de las revistas especializadas.

Los que imponen las leyes del mercado quizá con la fría distancia que supone dictar resoluciones desde los Consejos de Administración de potentes multinacionales que no están cerca precisamente de las “ovejas” y que, por supuesto, ni las conocen.

Podríamos hablar de otros líderes, todos ellos triunfadores, arrogantes, subidos al podio del éxito, unos líderes que son auténticos ídolos con los pies de barro, que mientras duran, aunque sea fugazmente, dejan embobados a sus seguidores que se visten como ellos, actúan como ellos y quieren ser como ellos.

En tiempos de Jesús también habría líderes de esta clase. Ninguno de ellos, posiblemente como los que hoy tenemos, conocía a las “ovejas”, ninguno vivía con ellas ni como ellas, ninguno estaba dispuesto a arriesgar su vida para salvar a nadie.

Pero, de pronto, surgió un verdadero líder, que dejó y deja a la altura del zapato a cualquier otro lider. Un líder poderoso en el amor, auténtico, veraz, valiente. Un líder capaz de utilizar dos palabras mágicas en su momento justo: Si y No; lo que en román paladino decimos llamar al pan, pan y al vino. De pronto en aquella pequeñísima e insignificante parte del mundo entonces conocido, lejos de la opulenta Roma, se oyó la voz estruendosa de un líder. Un lider que decía cosas rarísimas: tales como llamar bienaventurados a los que lloraban, a los que sufrían y a los que nadie quería porque eran pobres y desgraciados.

Y no solamente hablaba sino que hacía: liberaba a los paralíticos de su parálisis, a los mudos de su mudez, a los ciegos de su ceguera y abría el oído a los sordos y hasta a los muertos devolvía la vida para que pudiesen certificar de su poder y de su bondad por los caminos de Galilea o de Judea.

De repente surgió un líder que no tenía dónde reclinar su cabeza pero al que no le importaba acudir a los convites de algún amigo “pudiente”, que también los tuvo, para llenar de gracia y de sentido común su casa.

De repente surgió un líder que habló del Reino de Dios no como una realidad espiritual a conseguir cuando el hombre abandonara esta tierra en la que está tan arraigado, sino precisamente antes de que la abandone.

De repente surgió un líder cuya voz no se ha callado, cuyo eco sigue retumbando en el aire y golpeando la conciencia de los hombres, creyentes o no. Porque cuando alguien se acerca al hombre por el hombre está siendo, lo sepa o no, lo quiera o no, una pequeña resonancia de aquella gigantesca voz que gritó hace dos mil años. Y que en nada se parecía a los actuales líderes

Los líderes actuales apenas merecen la pena. La mayoría, no son líderes, sino lastres, liantes, laderas que despeñan a la sociedad al abismo. Nos falta la figura gigantesca que viva lo que dice, que esté cerca de los hombres, que se adentre con ellos por los difíciles y a veces angustiosos caminos de la vida y que esté dispuesto a recorrerlos palmo a palmo sin desfallecer.

Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano. Aquí está la definición de pastor, de lider autentico que nos da Jesucristo y que se aplica a si mismo. De sus palabras se desprende también como se debe ejercer el pastoreo. Y como siempre, parece mentira, que estén escritas hace 2000años y todavía no se quieran entender y poner en práctica. Lo diré con definiciones cortas para expresarlo:

SE TRATA DE:

-Ser menos jefes y más pastores de la Iglesia .Pedir a DIOS que necesitamos más pastores en su Iglesia.

-No poner excesivo peso en los hombros de los demás y cargar, cuando haga falta, con aquel que –tal vez- está cansado de todo.

-No conformarnos con aquellos que están alrededor, sino salir de nuestro círculo con valentía, para recuperar a los que hace tiempo se perdieron, los perdimos o los dejamos escapar.

-No ser funcionarios eclesiales y sí personas que quieren ser felices llevando el mensaje de Jesús.

-Mirar a los ojos a los que, tal vez, hemos olvidado o marginado porque nos resultaban incómodos o proféticos (es decir, molestos) para nuestra vida.

-Realizar un esfuerzo mayor en el conocimiento, y menos en los juicios, sobre aquellos a los que desde nuestra posición privilegiada castigamos con el látigo de la indiferencia.

-Preguntar por aquellos que, tal vez, se encuentran inmersos en mil soledades, al borde del “crac” personal o de una “ruptura existencial”.

-Interesarnos por aquel al que le pusimos veto en nuestro redil.

-Curar las heridas producidas por la excesiva dureza del cayado con unos o…por la blandura y el consentimiento del mismo cayado con otros.

-Salvar a personas, con nombres y apellidos concretos, que viven circunstancias de orfandad y de decepción, de pasotismo o indiferencia.

-Comprender y liberar (no indagar) en las historias personales de aquellos que viven bajo el peso de ellas. Si Dios perdona… ¿nosotros por qué no?

-Dar la vida (en gestos y palabras, en decisiones y cercanía) no a los pocos que tal vez eclipsan la realidad donde vivo sino, por aquellos otros que han visto algunas puertas, que nosotros les podemos ayudar a abrir.

-Poner menos empeño en actividades, reuniones y delegaciones…. y burocracia e interesarnos más por lo concreto de las personas que se encuentran al borde de muchos precipicios.

-Cerrar el paraguas de tantas ideas que gastan a las personas y que se quedan sobre la mesa, y en cambio, recorrer caminos que nos lleven a esas personas, a sus circunstancias y a su realidad concreta.

-Construir una Iglesia donde, de verdad, sintamos la presencia del Pastor (Jesús) por el testimonio, la palabra, el interés, la cercanía, la comprensión, etc., a través de aquellos pastores que hablan y actúan en su nombre.

¡SI… ASI ES CRISTO, EL BUEN PASTOR!

El que en sus hombros recoge lo bueno y lo mezquino de mi vida.

El que carga sobre si la grandeza que le prometí y no cumplí y la pobreza en la que me hundí.

El Pastor bueno y prudente que en los mil caminos de mi vida me hizo esquivar aquellos que me conducían al abismo.

El que me presentó a otros que ponían delante de mis ojos: la alegría y la vida, el encanto y el ensueño, la fe y la esperanza.

¿Y NOSOTROS OVEJAS DE SU REBAÑO?

¡Ay nosotros!

Siguiéndole a horas y por momentos, cuando no tenemos algún compromiso.

Perdiéndonos cuando Él más empeñado está en seguir sosteniéndonos con su mano.

Teniéndole como el compañero que nunca falla aunque nosotros fallemos.

Lo tenemos como el Padre que siempre espera.

Lo tenemos como el Señor que nos tiene preparado al final de nuestra existencia prados donde nunca se hace invierno.

Fuentes que sacian para siempre al sediento.

Pan vivo para nunca bajar del cielo aunque estemos en la tierra…

Que nos conoce uno a uno, con nombre y apellidos.

¿Por qué tantos tienen al Buen Pastor tan relegado u olvidado?. Pues porque son masoquistas o porque su cristianismo es una simple rutina, es decir, falso.

DOMINGO IV DE PASCUA CICLO C 2016

En una sociedad rural, como era la que escuchaba a Jesús, la imagen del buen Pastor al frente de su rebaño, conociendo a todas y cada una de sus ovejas, guiándolas a los mejores pastos e incluso dando su vida por ellas, era una imagen próxima, conocida y perfectamente asimilable. Por eso la usó Jesucristo que era, entre otras cosas, un espléndido conocedor de la realidad que le rodeaba y de sus oyentes.

Hoy, la figura del pastor queda lejana y desdibujada. Apenas se cruza con nosotros alguna vez un pastor con sus ovejas y casi nos parece un vestigio de un pasado superado. A pesar de eso, todavía despierta ternura y añoranza esa unión entrañable con lo más puro de la naturaleza.

Quizás hoy más que hablar de pastores habría que hablar de líderes, porque lo que hoy tenemos son líderes (o mejor dicho lo que escasea). El hombre siempre ha necesitado mirarse en otro hombre, siempre va buscando modelos de comportamientos, siempre ha tenido delante la imagen de algún hombre al que admirar y al que- aunque sea inconscientemente- pretende parecerse o está dispuesto a seguir. El líder se destaca de los demás, por sus especiales cualidadesy, para ser auténtico, debería ser imitable sin miedo a equivocarnos.

¿Cuales son hoy los líderes que acaparan nuestra atención y nos marcan el camino?Fundamentalmente, los mandatarios sociales. Querámoslo o no, aceptémoslo o no, sus decisiones tienen una importancia decisiva en la vida de la humanidad. Es evidente que no se puede vivir en sociedad sin organizarse y que la máxima y más importante de las organizaciones sociales, es, sin duda, el Estado a cuyo frente se encuentran los mandatarios

De los mandatarios depende que una sociedad sea de una u otra forma, porque de las leyes que dicten se derivará la justicia social o injusticia; el respeto a la vida o su desprecio; el respeto a los llamados derechos humanos o el saltárselos a la torera; la posibilidad de una solidaridad entre los hombres o el fomento de la individualidad y la ambición que pasan por encima del bien común. Individualidad, ambición y egoísmo que los propios líderes cultivan con pasión: el dinero, la influencia, la autosatisfacción, la apariencia y la mentira.

Hay otros líderes: los triunfadores apresurados en el mundo de los negocios. Aquellos que dominan y son realmente uno de los llamados poderes fácticos, los que ocupan las portadas y los artículos de las revistas especializadas.

Los que imponen las leyes del mercado quizá con la fría distancia que supone dictar resoluciones desde los Consejos de Administración de potentes multinacionales que no están cerca precisamente de las “ovejas” y que, por supuesto, ni las conocen.

Podríamos hablar de otros líderes, todos ellos triunfadores, arrogantes, subidos al podio del éxito, unos líderes que son auténticos ídolos con los pies de barro, que mientras duran, aunque sea fugazmente, dejan embobados a sus seguidores que se visten como ellos, actúan como ellos y quieren ser como ellos.

En tiempos de Jesús también habría líderes de esta clase. Ninguno de ellos, posiblemente como los que hoy tenemos, conocía a las “ovejas”, ninguno vivía con ellas ni como ellas, ninguno estaba dispuesto a arriesgar su vida para salvar a nadie.

Pero, de pronto, surgió un verdadero líder, que dejó y deja a la altura del zapato a cualquier otro lider. Un líder poderoso en el amor, auténtico, veraz, valiente. Un líder capaz de utilizar dos palabras mágicas en su momento justo: Si y No; lo que en román paladino decimos llamar al pan, pan y al vino. De pronto en aquella pequeñísima e insignificante parte del mundo entonces conocido, lejos de la opulenta Roma, se oyó la voz estruendosa de un líder. Un lider que decía cosas rarísimas: tales como llamar bienaventurados a los que lloraban, a los que sufrían y a los que nadie quería porque eran pobres y desgraciados.

Y no solamente hablaba sino que hacía: liberaba a los paralíticos de su parálisis, a los mudos de su mudez, a los ciegos de su ceguera y abría el oído a los sordos y hasta a los muertos devolvía la vida para que pudiesen certificar de su poder y de su bondad por los caminos de Galilea o de Judea.

De repente surgió un líder que no tenía dónde reclinar su cabeza pero al que no le importaba acudir a los convites de algún amigo “pudiente”, que también los tuvo, para llenar de gracia y de sentido común su casa.

De repente surgió un líder que habló del Reino de Dios no como una realidad espiritual a conseguir cuando el hombre abandonara esta tierra en la que está tan arraigado, sino precisamente antes de que la abandone.

De repente surgió un líder cuya voz no se ha callado, cuyo eco sigue retumbando en el aire y golpeando la conciencia de los hombres, creyentes o no. Porque cuando alguien se acerca al hombre por el hombre está siendo, lo sepa o no, lo quiera o no, una pequeña resonancia de aquella gigantesca voz que gritó hace dos mil años. Y que en nada se parecía a los actuales líderes

Los líderes actuales apenas merecen la pena. La mayoría, no son líderes, sino lastres, liantes, laderas que despeñan a la sociedad al abismo. Nos falta la figura gigantesca que viva lo que dice, que esté cerca de los hombres, que se adentre con ellos por los difíciles y a veces angustiosos caminos de la vida y que esté dispuesto a recorrerlos palmo a palmo sin desfallecer.

Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano. Aquí está la definición de pastor, de lider autentico que nos da Jesucristo y que se aplica a si mismo. De sus palabras se desprende también como se debe ejercer el pastoreo. Y como siempre, parece mentira, que estén escritas hace 2000años y todavía no se quieran entender y poner en práctica. Lo diré con definiciones cortas para expresarlo:

SE TRATA DE:

-Ser menos jefes y más pastores de la Iglesia .Pedir a DIOS que necesitamos más pastores en su Iglesia.

-No poner excesivo peso en los hombros de los demás y cargar, cuando haga falta, con aquel que –tal vez- está cansado de todo.

-No conformarnos con aquellos que están alrededor, sino salir de nuestro círculo con valentía, para recuperar a los que hace tiempo se perdieron, los perdimos o los dejamos escapar.

-No ser funcionarios eclesiales y sí personas que quieren ser felices llevando el mensaje de Jesús.

-Mirar a los ojos a los que, tal vez, hemos olvidado o marginado porque nos resultaban incómodos o proféticos (es decir, molestos) para nuestra vida.

-Realizar un esfuerzo mayor en el conocimiento, y menos en los juicios, sobre aquellos a los que desde nuestra posición privilegiada castigamos con el látigo de la indiferencia.

-Preguntar por aquellos que, tal vez, se encuentran inmersos en mil soledades, al borde del “crac” personal o de una “ruptura existencial”.

-Interesarnos por aquel al que le pusimos veto en nuestro redil.

-Curar las heridas producidas por la excesiva dureza del cayado con unos o…por la blandura y el consentimiento del mismo cayado con otros.

-Salvar a personas, con nombres y apellidos concretos, que viven circunstancias de orfandad y de decepción, de pasotismo o indiferencia.

-Comprender y liberar (no indagar) en las historias personales de aquellos que viven bajo el peso de ellas. Si Dios perdona… ¿nosotros por qué no?

-Dar la vida (en gestos y palabras, en decisiones y cercanía) no a los pocos que tal vez eclipsan la realidad donde vivo sino, por aquellos otros que han visto algunas puertas, que nosotros les podemos ayudar a abrir.

-Poner menos empeño en actividades, reuniones y delegaciones…. y burocracia e interesarnos más por lo concreto de las personas que se encuentran al borde de muchos precipicios.

-Cerrar el paraguas de tantas ideas que gastan a las personas y que se quedan sobre la mesa, y en cambio, recorrer caminos que nos lleven a esas personas, a sus circunstancias y a su realidad concreta.

-Construir una Iglesia donde, de verdad, sintamos la presencia del Pastor (Jesús) por el testimonio, la palabra, el interés, la cercanía, la comprensión, etc., a través de aquellos pastores que hablan y actúan en su nombre.

¡SI… ASI ES CRISTO, EL BUEN PASTOR!

El que en sus hombros recoge lo bueno y lo mezquino de mi vida.

El que carga sobre si la grandeza que le prometí y no cumplí y la pobreza en la que me hundí.

El Pastor bueno y prudente que en los mil caminos de mi vida me hizo esquivar aquellos que me conducían al abismo.

El que me presentó a otros que ponían delante de mis ojos: la alegría y la vida, el encanto y el ensueño, la fe y la esperanza.

¿Y NOSOTROS OVEJAS DE SU REBAÑO?

¡Ay nosotros!

Siguiéndole a horas y por momentos, cuando no tenemos algún compromiso.

Perdiéndonos cuando Él más empeñado está en seguir sosteniéndonos con su mano.

Teniéndole como el compañero que nunca falla aunque nosotros fallemos.

Lo tenemos como el Padre que siempre espera.

Lo tenemos como el Señor que nos tiene preparado al final de nuestra existencia prados donde nunca se hace invierno.

Fuentes que sacian para siempre al sediento.

Pan vivo para nunca bajar del cielo aunque estemos en la tierra…

Que nos conoce uno a uno, con nombre y apellidos.

¿Por qué tantos tienen al Buen Pastor tan relegado u olvidado?. Pues porque son masoquistas o porque su cristianismo es una simple rutina, es decir, falso.

 

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