Ecos del Evangelio

5 mayo, 2017 / Carmelitas
El Buen Pastor cuida de nosotros

JESUS EL BUEN PASTOR

El evangelio del día de hoy nos presenta la figura de Jesús el Buen Pastor, una figura que se nos viene revelando ya, desde el Antiguo Testamento, con algunos personajes como Moisés, que fue elegido por el Señor como pastor del rebaño (Israel) (Is 11); también David, siendo pastor de ovejas fue designado para ser pastor y guía de su pueblo (2 Sam 7,7-8), ya que Dios había manifestado que no quería que su Pueblo fuese como un rebaño disperso -al que le faltara el pastor-; el pastor es aquel que acompaña, guía, conduce e instruye; ahora esta figura es retomada en el evangelio de Juan por el mismo Jesús, que viendo la mala conducta de los fariseos ante el ciego de nacimiento (Juan 9,34) los llama a juicio y posteriormente los condena por su mal ejemplo como guías espirituales del pueblo de Dios.

Aquí, la figura del Pastor, define al enviado por Dios como “Revelador Divino”, anunciado desde antiguo para el futuro de su pueblo y que ahora se cumple en Jesús. Él, es la puerta por la cual todos estamos llamados a entrar, Él es el que camina delante de nosotros para guiarnos por el buen camino, ahora gran parte depende de nosotros, de nuestra respuesta: si queremos escuchar su voz o preferimos ir tras otras voces que nos llevarán a la perdición.

Jesús dice: “Yo soy la puerta… Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundancia” Él, es el enviado Divino por Dios para que todo el que crea en Él obtenga la salvación, esto supone, de nuestra parte, una adhesión y relación activa y dinámica con Él, así como es la suya con la del Padre. Es en la relación de amor mutuo, puro, transparente donde se manifiesta la obediencia a los planes salvíficos de Dios en nuestra vida. Necesitamos tener, al mismo tiempo, confianza y abandono en sus manos, porque sólo en Él tenemos vida eterna, plenitud y gozo.

Por otro lado, tomando el ejemplo de Jesús -nuestro Buen Pastor-, sería bueno aprender de Él y poner por obra todo cuanto nos ha revelado, es decir: dedicar pequeños espacios de encuentro personal con Él, nutriéndonos de su amor, de su misericordia, de su bondad, para que luego con humildad y sencillez seamos capaces de irradiar la misma compasión de Dios y de no tratar a los que tenemos a nuestro alrededor como “caballos y mulos cuyo brío hay que domar”, sino, por el contrario, tratarlos como personas, a las que con espíritu alegre deseamos acompañar en su crecimiento humano-espiritual, buscando un encuentro personal con el buen Jesús, nuestro buen Pastor.

Hermanas sintámonos comprometidas con Aquel a quien hemos consagrado nuestra vida, que como consagradas seamos pastoras en nuestros apostolados con nuestro testimonio –creyente y creíble-, no dejemos perder ni una sola alma de las que el Señor ha puesto en nuestras manos. Dejémonos y dejemos que otros experimenten la frescura de la hierba que apacienta, de las aguas que conducen y confortan nuestra alma; dejémonos guiar por senderos de justicia y gracia para que con Jesús nada nos falte.

Hna. Yina Marcela Rubiano Cabiedes CdSJ

 

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