Ecos del Evangelio

7 julio, 2016 / Carmelitas
El Señor me conoce y me sostiene

DOMINGO III PASCUA

El domingo pasado, veíamos como Jesús penetraba en nuestra vida -en nuestra casa-, aún cuando, por miedo teníamos las puertas cerradas. No olvidemos que Tú Jesús, nos buscas siempre. ¡Qué felicidad, qué suerte tenemos cuando nos encuentras o cuando nos dejamos encontrar!

Hoy, en este domingo III de Pascua, al proclamar en la celebración de la Eucaristía, la 1ª lectura -Hechos 27-, vemos a los apóstoles intrépidos y valientes, desafiando a sus enemigos: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”rdquo;, cuando Tú Señor, llamas y llamas ¿qué se responde?. El Señor sigue llamando de muchas maneras. Hay que seguir la llamada, puesta la confianza en Dios, en este Dios que no conocemos muy bien, ni sabemos, muchas veces, a qué nos llama… continúa buscándonos. Él se vale de personas y acontecimientos para ayudarnos, y así puede hacer eco en nuestro interior una conocida canción: “que detalle Señor has tenido conmigo…. han pasado los años…”. Hoy, como ayer, hay personas convencidas, que continúan diciendo sí. (Yo soy una de ellas). Hay que obedecer a Dios, antes que a nada ni a nadie. A pesar de pasar el tiempo, y mirando hacia atrás hay muchas personas que continúan, continuamos diciéndole a Dios: ¡GRACIAS!, gracias por lo que hace en cada ser humano.

De nuevo en el evangelio de este día Jesús de nuevo busca de sus apóstoles. Un día pasó por la orilla del lago y les llamó, hoy vuelve al lago, porque ellos, quizás un tanto decepcionados, han vueltos a su trabajo -a su vida de antes-, pero Jesús lo cambia todo: ¡Ha Resucitado! y les sigue buscando, sabe que son buenos, que le quieren, pero no han comprendido los acontecimientos, también se da cuenta de que solos pueden hacer muy poco, y la confianza en ellos les da seguridad: “No tenemos pescado, pues nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada”.

Nuestras solas fuerzas no bastan para dar frutos,. Los apóstoles, fieles a la palabra de Jesús, vuelven a echar las redes y su obediente confianza se ve recompensada con esa pesca abundante, de la cual, tomarán algunos peces para almorzar juntos con Jesús.

¡Qué hermoso pensar y ver que El ya ha preparado lo necesario! Ven unos brazos preparados”. Esos brazos son el amor y el cariño de Jesús hacia aquellos hombres sencillo, pobres que escoge como amigos, y los harás pecadores de hombres. Unidos a los apóstoles y a los ministros sagrados decimos juntos: ¡Vamos a pescar contigo, Señor!

Hna. Pilar Fuentes (comunidad de Alcora – Castellón)

 

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