Ecos del Evangelio

5 mayo, 2017 / Carmelitas
Eres el Buen Pastor

DOMINGO IV DE PASCUA CICLO A 2017

A Jesús le gustaba partir de la realidad y las costumbres y experiencias de sus oyentes para comunicar su mensaje. Este relato del buen Pastor es una de las mejores muestras de ello.

La imagen que Jesús presenta es un redil en el campo, hecho con muros de piedra o madera, en el que se guardaban por la noche las ovejas. Un guardián, que hacía al mismo tiempo el oficio de portero, velaba durante la noche para defender los rebaños de posibles robos, mientras los pastores descansaban en una tienda. Si los pastores tenían que ir al aprisco, entraban por la puerta que les abría el guarda; en cambio, el que iba para robar o para vengarse en las ovejas de su vecino, lo hacía calladamente saltando la cerca.

Los verdaderos pastores espabilaban a sus ovejas con sus llamadas características, y éstas las reconocían. Una vez reunidas en torno suyo, las sacaba fuera y se ponía delante de ellas. De tiempo en tiempo les lanzaba un grito agudo para que ninguna se desvíe.

Pues bien Jesús se presenta como el Buen Pastor. A Jesús le preocupan las personas, vive para su servicio. Por eso es pastor legítimo. Vino a servir al hombre, jamás a servirse de ellos. Entrar por la puerta significa imitar el modo de actuar de Jesús, ser signo en el mundo de su presencia y de sus actitudes a través de un servicio desinteresado a los hombres.

El verdadero pastor de ovejas conoce a todas y a cada una de las suyas. Jesús parte de esta realidad para decirnos cómo es su relación con nosotros. Afirma que nos conoce a cada uno por el nombre, y tiene de nosotros un conocimiento amoroso.

Nos conoce a cada uno de nosotros mejor que cada uno de nosotros se conoce a sí mismo. Un conocimiento amoroso que implica un profundo respeto hacia todos y cada uno de los hombres. “Conocer por el nombre” significa invitarnos a cada uno a desarrollar las propias capacidades y a ponerlas libremente al servicio de los demás.

La Iglesia, la comunidad cristiana no debe ser una masa de gente anónima manejada por un “líder” lejano. Sino una familia. En ella, las relaciones con Jesús y de unos con los otros tienen que ser personales para que sean verdaderas… Una relación personal que debe hacernos personas responsables.

La sociedad tiende a convertirse y a convertirnos en una masa cada vez más anónima, dejándonos profundamente insatisfechos: somos una simple cifra en el trabajo, en las instituciones, etc… No existe la relación de la verdadera amistad, esa que va de corazón a corazón.

Jesús nos valora, nos ama y nos libera a cada uno de nuestra soledad y de nuestro individualismo. La Iglesia debe tender a convertirse en una comunidad de comunidades personales y personificadoras, en una familia de familias, si quiere ser fiel a su Maestro.

-“Y las saca fuera”. Jesús quiere que salgamos de nuestra inmadurez y de todo lo que nos impide ser nosotros mismos. Por ello, su misión de pastor enviado por Dios consistirá en sacar de la institución judía a los que respondan a su llamada, para crear con ellos su nueva comunidad. Y como buen pastor camina delante, abriendo horizontes a los suyos, dando ejemplo. Es el primero en enfrentarse con el peligro, el primero en dar la vida cuando se trata del bien de los demás.

De lo dicho podemos deducir que ser cristiano no es creer en Dios a secas, sino en el Dios que se nos ha manifestado en JC. Lo que define al cristiano es el creer que la puerta -el camino- es Jesús de Nazaret. Es decir, creer en su determinada manera de vivir esta vida, este reino, a Dios.

En nuestro país -católico de toda la vida- hay un gran confusionismo cuando se trata de saber qué es ser cristiano. Parece que todos lo sabemos, pero de hecho se tienen imágenes desfiguradas, equívocas, no cristianas. En estos tiempos, en que crece el pluralismo de creencias y de ideologías, es especialmente importante tener muy claro que aquello que define al cristianismo es únicamente JC.

Jesús es “la puerta” de las ilusiones, esperanzas, alegrías… de los hombres. “Quien entre por Él se salvará”, al quedar liberado de sus opresiones, pecados y vacíos; “y podrá entrar y salir, y encontrará pastos”, es decir: tendrá libertad de movimientos, pues Jesús hace andar a los inválidos y ver a los ciegos, oír a los sordos y hablar a los mudos; será libre porque habrá entrado en la esfera del amor, y nada hay más libre que el amor cuando es verdadero

Si para todos los cristianos es importante esta afirmación, lo es mucho más para los católicos, al darle más importancia al carácter jerárquico de la iglesia con el riesgo evidente de exagerar la función de quienes detentan el oficio pastoral, en menoscabo de las comunidades.

Es importante observar la poca importancia que dan los evangelios y demás escritos del N.T. a la forma concreta de gobierno dentro de la Iglesia. Las diversas comunidades cristianas se fueron organizando conforme a las

-“Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante”. Jesús nos ha traído una esperanza de vida en plenitud, de vida para siempre. Cuando tantas cosas a nuestro alrededor nos hablan de muerte, Jesús nos ofrece la vida, inseparable de la libertad, del amor y de la justicia. Es una lástima reducirlo todo a comer, dormir, trabajar y divertirse superficialmente; es una lástima no aspirar más que a ” consumir y tener”.

El modo de vida que llevan muchas personas esconde dentro de sí la muerte: egoísmo, incomunicación, placer… Jesús quiere que orientemos nuestra vida en otra dirección; que reflexionemos y nos demos cuenta de que merece la pena vivir en el amor y luchando por una vida más humana para todos; que es necesario morir a todo lo que nos destruye como seres solidarios para que nazca lo nuevo: la vida que Él vino a comunicarnos.

En la iglesia de Dios hemos de ser conscientes de lo qué somos y de a quién seguimos. Si el Señor viniese en este momento y nos preguntase sobre ciertas prescripciones evangélicas. ¿Podríamos responderle con exactitud sobre ellas? ¿Se percataría, Jesús, de nuestra ignorancia en algunos aspectos? ¿Podríamos demostrarle que somos conocedores de la gran lección evangélica?

Si no escucháis nunca llegaréis a ser nada (decía un profesor a sus alumnos). Jesús, como Buen Pastor, siempre tiene una palabra oportuna y mágica para aquellos que confían y se deciden seguirle. Ciertamente que, con tanto ruido ensordecedor de los “modernos pastores” que nos presenta la sociedad, es fácil confundir el bien con el mal, la verdad con la mentira, la moral auténtica con las ideas dominantes, las ovejas con los borregos o, incluso, al auténtico pastor con el perverso lobo revestido de poder.

Precisamente por eso, todos los domingos, la Eucaristía es un buen altavoz por el que escuchamos el latir del corazón de Cristo. Una buena mesa, donde el Señor, nos va reconociendo y conociendo uno a uno con nuestras grandezas y miserias. Una puerta, por la que ya desde ahora, empezamos a contemplar la gran fiesta de la vida que nos espera allá en el cielo.

*Tú, Señor, eres Buen Pastor tu mano me indica los caminos a seguir, tus ojos se fijan en los míos cuando me siento débil y enfermo.

*Si me lanzo hacia el abismo, me socorres.

*Si me equivoco de senda, reconduces mis pasos.

*Tu presencia, es báculo que me da seguridad.

*Tu Palabra, es aliento y consejo certero que empuja mi pensamiento y mi decisión.

*Tu huella, de Buen Pastor, es guía que me compromete a vivir unido a Ti y a trabajar por tu Reino.

*Tu cayado, siempre firme y eterno, es apoyo que necesito cada día que avanzo.

*En la falsedad, me haces optar por la verdad.

*En la incredulidad, me sumerges en la fe.

*En la tibieza, me aportas fortaleza.

*En la oscuridad, me arrojas hacia la luz.

¡Ábreme tu puerta, Señor, que voy contigo, porque eres mi Pastor!

*Pastor que amas y te entregas por amor.

*Pastor que conoces, y llamas con amor.

*Pastor que alimentas, y lo haces por amor.

*Pastor que aguardas, y esperas con amor.

*Pastor que eres el único que da sentido a mi vida y al mundo, no dejes a tu rebaño a su suerte, porque sin Tí nada vale la pena, ni siquiera el vivir.

 

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