Ecos del Evangelio

10 diciembre, 2016 / Carmelitas
¿Eres Tú el que has de venir?

Lecturas del Domingo 3º de Adviento – Ciclo A

ENTONCES, ¿A QUÉ SALISTEIS?

Domingo, 11 de diciembre de 2016

“El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría”. Las realidades marginadas -despreciadas-, aquellas que ofrecen poco o nada en la vida, volverán a tener vida, serán portadoras de vida y de esperanza. Estas situaciones, realidades o personas, verán la belleza de nuestro Dios. Donde nadie se percibe vida, donde nadie alcanza a ver esperanza, donde no se espera nada… Dios las habita y las embellece con su PRESENCIA.

“Decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis. Pena y aflicción se alejarán”. O lo que es lo mismo: dad testimonio de lo que Dios ha obrado en vosotros. En el corazón se anidan las aspiraciones más sublimes y las más deplorables. Es necesario guardar bien el corazón para que en él sólo anide lo bello y sublime. Es verdad que el trigo y la cizaña crecen juntos, pero igualmente verdadero es ambos nunca están en igualdad de condiciones ni de cantidad; sería como, inclinar la balanza y, dar más importancia a una limitación o defecto de una persona y no ser capaces de descubrir todas las cualidades que posee. Hoy se nos invita a cultivar la “Fortaleza de corazón”; quien más, quien menos en determinado momento, necesita una palabra de aliento, una sonrisa amiga, una palmadita junto con una mirada sincera. Donde hay alegría no cabe la pena ni la tristeza. Donde hay aflicción no se goza de lo que la vida y Dios mismo ofrecen.

“Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca”. La paciencia es una característica de quien espera enamorado, de quien espera creyendo, de quien espera sabiendo que lo esperado vale la pena, y Dios no sólo vale la pena, sino que vale ¡LA VIDA!

¿Quieres medir tu paciencia? Tus termómetros: Las personas que viven y conviven contigo. Tu paciencia llega hasta dónde eres capaz de tolerar a quienes se relacionan contigo. Hay personas que dicen “yo soy buena pero ella o el me hace desesperar”. En algunas ocasiones se busca en la otra persona la causa de mi malestar.

“El genio es paciencia eterna”.-Miguel Ángel.

“Quien no tiene paciencia no tiene posesión de su alma”.-Francis Bacon.

“Todos debemos soportar pacientemente los resultados de nuestra propia conducta”.-Fedro.

“La esperanza es la paciencia con la lámpara encendida”.

“No os quejéis, hermanos, unos de otros, para no ser condenados”. Que dura es esta sentencia. Que gran mensaje nos deja, y pasamos de ella como si nada nos importara. Estamos tan acostumbrados a quejarnos de nuestr@s herman@s, que pocas veces llevamos a la confesión ese tipo de pecados que nos llevan a la condenación. Vivimos aletargados en nuestra vida, en nuestros esquemas, en nuestras costumbres que matan todo lo que tocan. Te invito a reflexionar sobre el hecho de quejarte de tus hn@s. ¿Eres consciente de que el hecho de quejarse unos de otros entre los hermanos y hermanas es motivo de condenación?

« ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Seguimos haciendo al Señor, la misma pregunta que hace más de dos mil años le hicieron. Seguimos dudando de que sea real la existencia de Dios. Seguimos dudando de que Dios se interese por nosotros y estamos como aquellos muertos que Cristo Resucitó, o como aquellos pobres a los que se les anuncia el Evangelio, esa siempre nueva y Buena Noticia, constante noticia, grata noticia; estamos dudando de que Dios se interese por nosotros, que estamos como aquellos leprosos que se ven marginados por la sociedad, excluidos de la sociedad, de sus familias y del mismo culto a Dios.

«Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo» ¿Qué estás viendo? ¿Qué estás oyendo? En estos tiempos ¿Qué voces escuchas? ¿Qué voces dejas que entren y resuenen en tu interior? ¿A quién ves? En estos tiempos y en tu realidad concreta ¿Quién es Juan al que tienes que llevarle el mensaje de Jesús? ¿Quién es esa persona que anhela saber algo de Jesús y está prisionera? Le tiene prisionero quizá la droga, el alcohol, el juego, la tecnología, el activismo, los complejos y tantas y tantas otras cosas.

« ¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento?… Entonces, ¿a qué salisteis?» Es la pregunta que ha de seguir resonando en nuestro interior entonces, ¿a qué salisteis?Hna. Leonarda Peñaloza Estrada csj.

 

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