Ecos del Evangelio

27 noviembre, 2019 / Carmelitas
Estar despiertos

DOMINGO I DE ADVIENTO CICLO A 2019

Comenzamos el tiempo de Adviento, un nuevo Adviento en nuestra vida. Adviento significa espera. Y de entrada tenemos que preguntarnos a quien esperamos: ¿A quién esperamos?¿De verdad esperamos a Cristo que venga a nuestra vidas?  ¿Nos preparamos para celebrar el mayor acontecimiento de la historia humana?

Tristemente, el interés para muchos suele radicar en que el Adviento es un tiempo de activismo desbocado para tener a punto todo, para que llegue SU Navidad, NO LA DE CRISTO .Porque entienden la Navidad como unos días repletos de evasión y desenfreno. Días  en los que se hecha la casa por la ventana, el cuerpo se vende a cualquier exceso que satisfaga el instinto, y el alma se entrega sin escrúpulos  a la adoración de los numerosos dioses de nuestra sociedad. ¿El resultado cual es? Pues que llegados a la NAVIDAD, ésta se ha convertido para muchos en una autentica VANIDAD.

¿Tiene todavía algún sentido que llamemos a estas semanas tiempo de preparación para recibir a Cristo que quiere cambiar nuestras vidas? Si algo necesitamos en este tiempo histórico, es un poco de esperanza verdadera, pero claro el único que nos la trae es Cristo y si se le deja arrinconado, ¿Qué significa la Navidad?

Se ha llegado a la situación de que para muchos la Navidad es todo menos la Navidad de Cristo , porque se ha arrinconado el verdadero motivo de la Navidad: el nacimiento de Cristo. Y cuando se arrincona a Cristo se llega a tener no solamente un alma sin ningún horizonte, sino además, a la cruda realidad de unos bolsillos vacíos, y de una mente embotada ¿Tiene sentido una cesta de la compra llena a rebosar y un corazón vacío de Dios?

El Adviento es un tiempo para prepararnos al acontecimiento del amor de Dios más importante de la historia y que comenzó en Belén.  Y los encargados de celebrar con verdadero sentido la Navidad somos nosotros, los cristianos.

Hoy, como en los tiempos de Jesús, la fe  necesita de gente audaz y despierta, valiente y sin complejos, con la verdad por delante ante tanto materialismo que engorda el cuerpo pero mata el espíritu. Hay una gran muchedumbre atontada por el cloroformo de lo inmediato; por la anestesia de la apariencia.¿Dónde se sitúa el cristianismo?

Hay que despertar de esta pesadilla edulcorada y engañosa:

Estar despiertos significa estar espabilados, no dor­mirse en los laureles cuando nos dicen y se empeñan en hacer­nos creer que todo va bien  y que no hace falta que pensemos, que ya lo harán por nosotros.

Estar despiertos equivale a no poner límite al amor; a no dejar que nos distraigan de nuestro objetivo como cristianos; a estar siempre atentos para descubrir y luchar contra lo que impide la fraternidad y apoyar con todas nuestras fuerzas lo que la favorece.

Estar despiertos es jugarse el tipo por cualquier cosa que pueda contribuir a la felicidad de los hombres, especialmente de aquellos que viven más lejos de la alegría, por aquellos que les han robado la dignidad de personas y sus derechos más elementales.

Estar despiertos, estar espabilados, es moverse, mante­nerse ocupados en realizar el bien común, aunque por mover­nos no salgamos en la foto o nos pongan en la diana.

Estar despiertos es ponerse a trabajar sin descanso para que el viejo ideal de Isaías se vaya haciendo realidad :» será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas»

Esto es Adviento: darnos cuenta de que la historia de los hombres tiene aún delante de sí un largo recorrido. Que lo logrado por cada generación es sólo un escalón hacia el siguiente. Que el hombre puede y debe seguir siendo cada vez mas humano, es decir, porque solo así es mas divino.

El gran pecado del cristianismo contra la historia, pecado contra el Adviento, es haberse encerrado entre cuatro paredes al refugio de unos ritos y normas y en cambio  desoír el propio corazón y el clamor de muchos corazones desorientados y engañados y que necesitan esperanza como agua de mayo. Pero antes tenemos que recuperar la esperanza nosotros. Porque un cristiano sin esperanza es como una habitación sin luz; como un paisaje sin horizonte; como un cielo sin estrellas; como una Navidad, con mucha luz, pero artificial. Y, esto, no es poesía. ¡Es que es verdad!

El presente que vivimos necesita de rostros iluminados por la alegría de creer. ¡Más vale un cristiano contento, que mil indicaciones para que la gente se acerque al Señor! ¡Más vale un cristiano aventurero, entusiasta y buscador de Dios, que un cúmulo de preceptos, normas y reglas que, de entrada, son un obstáculo para conocer el mensaje y el corazón de Cristo!  Por tanto es importante una vigilancia esperanzada, porque en medio de la oscuridad no se puede distinguir al amigo del enemigo. De noche no se pueden distinguir los metales preciosos de las meras piedras. Y en eso estamos, en medio de una sociedad que camina de noche, aunque este iluminada y embelesada por tantas luces falsas.

¡Dios viene! Y, eso, es lo sustancial. Pongamos en la mesilla de nuestra casa el “despertador”. Que cuando venga, nos encuentre preparados. ¡Dios viene! Que nos encuentre, por lo menos, esperándole, evocándole y –sobre todo- dando testimonio de su presencia.

¡Ah! y hagamos ambiente cristiano allá donde estemos. Que, me parece a mí, que hay demasiados dormidos para las cosas de Dios, pero muy espabilados para con las cosas del mundo.

Me gusta el Adviento, entre otras cosas, porque Dios se hace tremendamente cómplice, libertador y cercano a nosotros. Y sigue esperando, haber si a partir de esta Navidad nos decidimos a que no solo sea el Dios con nosotros, sino también nosotros con Dios. Depende de si se abre el corazón de cada uno y se va dejando de lado tanto materialismo y poesía barata para enmascarar y disimular lo importante: que Dios se hace hombre para que el hombre sea un día como Dios.

Qué bueno sería que, así como estamos ya pensando en lista de Navidad, también nos apuntásemos en nuestra agenda aquello en lo que podemos ser más aplicados y mejores vigilantes para que, el Nacimiento de Cristo, lejos de dejarnos indiferentes o que solo sea una excusa, produzca en nosotros una riada de felicidad, de fe y de esperanza. ¿O en la lista, no hemos pensado poner a Jesús que es el que da sentido a la Navidad?

Si no se está dispuesto a cambiar lo que sea necesario material y espiritualmente, por mucho Adviento que sea, el Señor no nacerá en el pesebre de nuestro corazón esta Navidad. Y si la Navidad no se hace Navidad de Dios EN  nosotros, no será Navidad aunque lo diga el calendario. Y eso está mas claro que el agua.

 

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