Ecos del Evangelio

20 octubre, 2018 / Carmelitas
Evangelio Mc 10, 35-45 Domingo 29º del Tiempo Ordinario

“ESTOY ENTRE VOSOTROS COMO EL QUE SIRVE”

 

 

El Evangelio de Marcos nos presenta, en este texto, el tercer anuncio de la pasión de Jesús, Él, no pierde la oportunidad para catequizar a sus discípulos, les proporciona enseñanzas para su vida, las cuales les permitirá conocer la exigencia y radicalidad, que conlleva seguirle. Con las instrucciones que Jesús da a sus discípulos quiere eliminar de ellos el deseo de dominio, de poder y establece la disposición para servir.

 

La petición que realizan los hijos de Zebedeo, refleja su apego a lo terreno -a lo que perece-, desean a asegurar su bienestar, por eso hacen esta petición a Jesús “concédenos que estemos sentados en tu gloria”, lo cual indica que ellos esperaban que el reinado fuera en la tierra, Jesús no queda indiferente ante la petición, sino que les responde “no sabéis lo que pedís”, (esta frase me trae a la mente la primera lectura del domingo pasado pues nos invitaba a pedir la sabiduría para poder pedir a Dios) lo cual, hace desenmascarar su deseo de reinar, a pesar que ellos están dispuestos a tomar la copa y ser bautizados, su motivación es ser merecedores de la soberanía del Señor, Jesús, con todo el amor del que es capaz, les dice: que no han comprendido aún, que necesitan dejarse conducir por Él, pues el domino y el poder les estorba para seguirle.

 

Jesús, siendo el Hijo de Dios no fue un dominador sino que durante su vida mostró que era un servidor, en especial de aquellos que eran los desfavorecidos de la sociedad. En la última cena Jesús muestra a sus discípulos que Él ha venido no a ser servido sino a servir, dicho servicio nos lo demuestra con su vida, cuando se entrega por amor.

 

Nosotras, por medio del legado de la Venerable madre Rosa, tenemos la oportunidad de poner nuestra vida al servicio de los demás, así lo hemos prometido en la profesión de votos, nos hemos comprometido con Dios en el apostolado que realizamos y en la vivencia de nuestra comunidad.

 

Avivemos en nosotras el fuego del amor de Dios en nuestras comunidades, pues sólo así es que podremos realizar la tarea que nos dejó madre Rosa “Ustedes han venido a servir a Dios en la persona de los enfermos, ancianos y niños”. Que la presencia de Dios en nuestra vida nos impulse hacer instrumentos de servicio y presencia del Reino de Dios aquí y ahora.

 

 

Hna. Josefina Campos Hernández CSJ

 

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Carmelitas de San José

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