Ecos del Evangelio

1 octubre, 2019 / Carmelitas
FIESTA DE SANTA TERESITA ( 01 -10-2019)

Pequeñez evangélica

 

 

La fiesta de Santa Teresita del niño Jesús es una fiesta entrañable para toda la Iglesia y por supuesto, de modo particular para el Carmelo. Sin duda alguna, los escritos de Teresita nos ofrecen muchos aspectos de su espiritualidad, sin embargo, vamos a aludir solo a un aspecto sencillo, pero no fácil de vivir como es la “Pequeñez evangélica”. Este camino nuevo lo descubre hacia finales de 1894 y principios de 1895.

 

 

“[…] Siempre he deseado ser santa. Pero, ¡ay!, cuando me comparo con los santos, siempre constato que entre ellos y yo existe la misma diferencia que entre una montaña cuya cumbre se pierde en el cielo y el oscuro grano que los caminantes pisan al andar. Pero en vez de desanimarme, me he dicho a mí misma: Dios no puede inspirar deseos irrealizables, por lo tanto, a pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad. Agrandarme es imposible; tendré que soportarme tal cual soy, con todas mis imperfecciones. Pero quiero buscar la forma de ir al cielo por un caminito muy recto y muy corto, por un caminito totalmente nuevo. Estamos en un siglo de inventos. Ahora no hay que tomarse ya el trabajo de subir los peldaños de una escalera: en las casas de los ricos, un ascensor la suple ventajosamente. Yo quisiera también encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, pues soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección. Entonces busqué en los libros sagrados algún indicio del ascensor, objeto de mi deseo, y leí estas palabras salidas de la boca de la Sabiduría eterna: el que sea pequeñito, que venga a mí. Y entonces fui adivinando que había encontrado lo que buscaba. Y queriendo saber, Dios mío, lo que harías con el pequeñito que responda a tu llamada, continué mi búsqueda, y he aquí lo que encontré: Como una madre acaricia a su hijo, así os consolaré yo; os llevaré en mis brazos y sobre mis rodillas os meceré. Nunca palabras más tiernas ni más melodiosas alegraron mi alma. ¡El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! Y para eso, no necesito crecer; al contrario, tengo que seguir siendo pequeña, tengo que empequeñecerme más y más […]” (Ms C, 2v-3r).

 

Cuando Teresa se compara con los grandes santos, como Pablo, Agustín y Teresa de Ávila, ella siente el abismo profundo que de ellos la separa, siente que son gigantes, montañas inaccesibles. Mientras que ella no es más que un oscuro grano de arena. Sin embargo, no se desanima, la audacia la impulsa a seguir buscando. De San Juan de la cruz ha aprendido que Dios nunca inspira deseos irrealizables. Por tanto, ella piensa para sí:

“A pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad”.

 

En los apuntes de Celina, un día se encuentra con un texto de la Sagrada Escritura: “Si alguno es pequeño, que venga a mí” (Pr 9,4). Este pasaje le da luz. Ese pequeñito es ella. Ya no tiene dudas. Intuyendo que está a punto de encontrar la solución al problema vital que la atormenta, se pregunta qué hará Dios con el pequeñito que va hacia él confiado. Un pasaje de Isaías le ofrece la respuesta: “Como una madre acaricia a su hijo, así os consolaré yo, os llevaré en mi regazo y os meceré sobre mis rodillas”: (Is 66, 13.12).

 

Teresa se siente transportada de alegría. ¡Este es el ascensor que buscaba! Los brazos de Jesús son quienes la llevarán a las cumbres de la santidad.

 

Para ser llevada en los brazos de Dios, es preciso no solo permanecer pequeño, ¡sino serlo cada vez más!. Y de su corazón brota una profunda acción de gracias: “Tu, Dios mío haz rebasado mi esperanza, y yo quiero cantar tus misericordias” (Ms C 3r).

 

La pequeñez de Teresa, su impotencia, se convierten en la razón misma de su alegría, pues son el lugar donde se ejerce el amor misericordioso. “Lo que le agrada -a Dios- es verme amar mi pequeñez y mi pobreza, la esperanza ciega que tengo en su misericordia…” (Cta. 197).

 

Lo que es imposible para el hombre no lo es para Dios: basta con abandonarse por completo a su misericordia de padre. Teresa del Niño Jesús experimentará, cada vez con mayor fuerza, la verdad de este camino de infancia y de amor en su vida cotidiana.

 

 

Hna. Teresa Botello Martínez CSJ

 

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