Ecos del Evangelio

9 junio, 2017 / Carmelitas
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu

SANTÍSIMA TRINIDAD Evangelio de san Juan 3,16-18

El Evangelio de este domingo, fiesta de la Santísima Trinidad, escuchamos al evangelista Juan que nos dice: “tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único para que quien crea en Él no se pierda sino que tenga la vida eterna”.

Ese es el deseo de Dios Padre para sus hijos e hijas “que tengan vida eterna”, la vida que el Padre sueña para cada uno de nosotros es el resultado de ese amor de Dios para con todos indistintamente, pues todos somos imagen de ese Dios Trino cuya Unidad creadora, proyectó el plan salvífico para la humanidad entera; de esta manera, el Padre envió a su Hijo al mundo para la redención del género humano y lo hizo encarnándose en el seno de la María Virgen, por obra y gracia del Espíritu Santo.

Ese Amor Divino de la Trinidad, que todos los bautizados estamos llamados a encarnar en nuestra vida, puesto que para tal fin hemos sido convocados en nuestra misión eclesial.

Manifestar desde nosotras, hermanas, que el Reino de Dios está operando en la humanidad. ¿Cuál Reino? El Reino que Jesús vino a enseñarnos no sólo de palabra sino de obra; ese Reino que es caridad con el pobre, con el necesitado, con el marginado.

¡Cuántas veces! nosotras que estamos llamadas a la misión del servicio, como bautizadas y consagradas, la descuidamos aún en el seno de nuestras comunidades olvidando el mandato de Jesús de amarnos como Él nos amó

Demostrar ese amor con nuestros actos, en el disculpar las equivocaciones de nuestras Hermanas, haciendo caso omiso de su debilidad, pobreza y pedir a Dios por ella y sus necesidades; de lo contrario ¿Cómo se entendería que estamos haciendo presente el Reino de Dios que predicó Jesús?

La Palabra de Dios, de este domingo, nos invita a tener los oídos y el corazón abiertos de par en par para que penetre de verdad su mensaje salvador, que quiere que todos sus hijos tengan vida, y vida en abundancia a través del amor incondicional y desinteresado que podemos brindar a nuestros hermanos.

Tenemos como garantía para seguir el camino del Reino la Gracia que viene de Dios, que es rico en Misericordia, que mira el corazón y no las apariencias.

Sostenidas por su gracia, vivamos con alegría amándonos unas a otras demostrando de esta manera la presencia de Dios en medio de nosotras acogiéndonos y viviendo fraternalmente en una comunidad que está enriquecida por la diversidad. Hagamos realidad el deseo de nuestra venerable Madre Rosa Ojeda Creus “Mirad como se aman”. Hna. Enar. Ruth Rodríguez Rodríguez. HCdSJ

 

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