Ecos del Evangelio

13 diciembre, 2019 / Carmelitas
III Domingo de Adviento

 

Que la alegría de la espera despierte tu mirada y tu corazón.

 

 

Las lecturas de este tercer domingo de adviento, nos orientan hacia una ESPERA ALEGRE del Señor.

 

Podemos orar y reflexionar sobre diferentes temas que nos sugiere la liturgia de hoy, pero nos centraremos en uno que nos presenta hoy el apóstol Santiago y que, en muchas ocasiones, nos priva de la ALEGRÍA tanto a nivel personal como comunitario.

 

Hermanos, no os quejéis los unos de los otros, para que no seáis condenados; mirad: el juez está ya a las puertas (Santiago 5, 9).

 

Un reto que nos podemos proponer para trabajar y conseguir este adviento es este, evitar la murmuración y la crítica.

 

Es una invitación para cada una de nosotras, una invitación personal.

 

Podemos cambiar y mejorar todo aquello que no nos permite crecer a nivel humano y espiritual, cambiar esas actitudes que dañan nuestras relaciones personales y enrarecen el clima de nuestras comunidades.

 

Para poder realizar este cambio en tu vida, lo primero que necesitas hacer es orientar tu mirada hacia tu propia persona. Identificar cuál es la causa que te genera esos pensamientos o sentimientos negativos hacia esa persona concreta. Cuestiónate con sinceridad el por qué te sientes así. Posiblemente encontrarás una justificación, pero lo importante es que dirijas tu mirada hacia tu interior y te respondas con honestidad sobre lo que sientes, que identifiques la fuente que genera en ti ese malestar y te empuja a la crítica y la murmuración como vía de desahogo.

 

No se trata de generarte culpas o reproches, sino de situarte en una manera nueva de ser y de actuar. Esta toma de consciencia sobre tus motivaciones más profundas ha de tener como fin ser lo que Dios ha pensado para ti, que seas tú misma pero de una manera auténtica.

 

Seamos conscientes que los cambios no se dan de la noche a la mañana, y más si en nuestra vida hemos hecho costumbre la murmuración y la queja hacia los demás como forma normal de comunicación.

 

Por tanto, toca preparar el terreno a una nueva manera de mirar a los demás y una nueva manera de relacionarme con ellos.

 

Abre tu mente y tu corazón a la posibilidad de ser mejor persona. No se trata de forzar nada, sino de cultivar diariamente aquellas actitudes que enriquecen tu existencia y la vida comunitaria.

 

Sólo sabiendo quiénes somos podremos empezar a ser mejores para nosotros mismos y para los demás.
(Jorge Bucay)

 

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Carmelitas de San José

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